1er dia: Llegada a BUCAREST
Aterrizamos hacia las 17h30' con algo de retraso, cosa frecuente en las rutas aéreas europeas, bastante saturadas de tráfico. Aún así tenemos que esperar un rato en el aeropuerto a una amiga que se apuntó al viaje más tarde y llega en otro vuelo desde Viena.
El aeropuerto Henri Coanda, más conocido por Otopeni, es pequeño y se encuentra todo fácilmente. Lo primero que hacemos es adelantar el reloj una hora, lo segundo sacar dinero y a continuación buscar la parada de autobuses urbanos. Es fácil, desde el vestíbulo de llegadas sólo hay que bajar una planta, cruzar una sombría sala de espera y salir al exterior; allí mismo está la caseta donde venden los billetes, que cuestan 4,30 RON. ¿Será esta la única ciudad del mundo en la que los transportes públicos no venden billetes para un solo usuario?... Pues no lo sé, pero muy normal tampoco me parece. Aquí los billetes ordinarios llevan la cifra 2 y eso significa que son válidos bien para 2 viajes en el mismo medio (autobús, tranvía o metro) bien para un solo viaje pero de 2 personas. Cuando por fin llega nuestra amiga ya disponemos de 2 billetes dobles, que validamos en la máquina del autobús 783... con lo cual nos sobra un viaje que ya no utilizaremos xD
El otro autobús que sale de Otopeni, el 780, va hasta la estación principal de trenes Gara de Nord; el que hemos elegido nosotros cruza de norte a sur el centro de la capital por las principales avenidas, para finalizar en Piata Unirii; ambos circulan con una cómoda frecuencia de 15 o 20 minutos. Hoy es sábado y no hay mucho tráfico, de modo que en poco más de media hora nos bajamos en el Bulevar Balcescu, cerca de la parada de metro Universitate, donde está el hotel de nuestra amiga. Nosotros nos metemos por la estrecha calle Ion Campineanu y en 5 minutos llegamos a nuestro hotel, a descansar un rato antes de salir a cenar.
Naturalmente vamos a Caru cu bere, como todo turista que se precie. Hemos reservado para las 21h, hora punta sin ninguna duda. Está saturado de gente y por eso ya nos avisaron de que nos tocaba la zona de fumadores. La animación musical de esta noche es tipo "locos años 20": banda de jazz desmelenada y una femme fatale de piernas vertiginosas que saca a bailar a todo hombre que se sostenga en pie. Por suerte a mí me debe ver de lejos la cara de agotamiento (o de susto, por lo torpe que puedo llegar a ser en la pista) y no se me acerca. En cuanto a la comida, casi todo el mundo se pide unas parrilladas de carne brutales, pero nosotros estamos desganados y buscamos algo suave. Tras dudar mucho rato pedimos unas ciorba de fasole o sopa con alubias y carne servida dentro de un bollo de pan (todavía no me explico cómo los hacen tan estancos), los típicos sarmale, una ensalada sin mucha gracia y un filete de carpa, que a los rumanos les gustará mucho pero a nosotros nos sabe tan malo como era de esperar. Otra cosa que tampoco nos gusta es la mamaliga, esa sémola de harina de maíz que acompaña muchos platos; la probaremos alguna vez más durante el viaje y nos parecerá siempre igual de sosa. En cuanto a la cerveza propia del local, más barata que las otras marcas, la encontramos demasiado floja. Por tanto el segundo contacto con la cocina rumana (el primero fue hace tiempo en el restaurante Crama Dracula, de Barcelona) es negativo, pero mejorará considerablemente en días sucesivos.

Tal vez Caru cu bere nos hubiera parecido divertido si nos pilla en otras condiciones, pero lo cierto es que los tres estamos cansados por el viaje, y yo en concreto tengo un mareo y un dolor de mandíbula que no se me pasarán hasta la mañana siguiente. Es una desgracia llegar a una edad en la que dos simples vuelos encadenados de 2 horas cada uno te dejan para el arrastre... no sé lo que me puede ocurrir cuando vuelva a volar 12 o 14 horas seguidas
Al salir del local vemos en la puerta el horario especial para los días de la Pascua y ya anticipamos que muchos restaurantes van a estar cerrados entre el sábado y el lunes. De momento estamos en Lipscani, el barrio más marchoso de Bucarest, y los bares con música de todo tipo no escasean... pero estamos tan cansados que nos vamos enseguida a dormir sin tomarnos ni una gaseosa
Alojamiento en Bucarest
A nuestra amiga le hemos buscado un sitio barato y céntrico que se llama Bucharest Comfort Suites. Por las fotos y algunos comentarios en booking se podría llegar a deducir que se trata de un hotel "para parejas efímeras"
Pero para nosotros dos nos hemos reservado algo más especial, que se llama Grand Hotel Continental... FASTUOSO, no se puede definir con otra palabra. Se trata de un monumento histórico que ha conservado perfectamente el espíritu del lujo decimonónico, pero a la vez todo es nuevo y reluciente; no hay una mancha en las paredes, un arañazo en los muebles ni una cortina deshilachada. El baño es de diseño y la cama comodísima, con ropa de gran calidad. De entre los pocos hoteles de lujo en los que nos hemos alojado alguna vez yo diría que este es el más elegante y mejor mantenido. Y gracias a una oferta y también a que Bucarest no es un destino con alta demanda, nos ha costado sólo 80€ (sin desayuno).
2º día: SINAIA
Nos toca madrugar un poco, pero ya estamos descansados y frescos cuando nos reunimos los 3 a las 7h30' en la estación de metro Universitate. El Metro de Bucarest cuenta con 4 líneas que forman dos anillos en torno a la zona centro; para ir a la estación tenemos que hacer un transbordo pero no es nada complicado, las direcciones están bien expuestas. Hay poca gente a estas horas del domingo, de todos modos no dejamos de observar que el Metro está mucho más limpio que los de Madrid o Barcelona y que el material rodante es relativamente nuevo.
Nuestro plan para hoy es pasar el dia en Sinaia para luego coger otro tren que nos deje en Brasov a última hora de la tarde. Al entrar en la Gara de Nord un taxista pirata intenta convencernos de que no hay tren hasta las 10h, pero nosotros sabemos bien que el próximo sale a las 8h30', de modo que compramos los billetes (41 RON cada uno) y aún nos sobra tiempo para desayunar. Gara de Nord es una estación término de las de toda la vida, con todas las vías alineadas y multitud de chiringuitos alrededor. Es la hora en que los vagabundos y marginados que pasan las horas muertas deambulando se empiezan a esfumar, relevados por los viajeros corrientes. Mientras esperamos nuestra salida compramos algunas cosillas en la pastelería y nos sentamos en la terraza de una cervecería de la marca Timisoreana; el café que sirven allí es de una máquina moderna y no está mal.
La Gara de Nord al amanecer
El tren es cómodo y tenemos un viaje relajado; al principio el paisaje es llano y se ve muy bien cultivado, pero pronto llegamos a las magníficas montañas cubiertas de bosques de los Cárpatos. En hora y media hemos llegado a la estación de Sinaia y entramos en el local que lleva el rótulo bagaje de mana. Una chica que está allí de guardia nos ayuda a colocar nuestras maletas en estantes de hierro y nos pide 10 RON por cada una; nos parece algo caro pero aún así es una solución que nos conviene.... no vamos a pasarnos el día arrastrando maletas por una región montañosa xD. Más adelante nos enteraremos de que la consigna de equipajes no es un servicio garantizado por la empresa titular de las estaciones sino que son particulares que alquilan el espacio a la estación para dedicarlo a ese menester y por tanto cada uno establece sus tarifas. Desde la estación hay que subir unas escaleras y cruzar un bonito parque para llegar al bulevar principal; allí encontramos algo abierto y nos tomamos otro café en un elegante salón, frente a unos viejos paisanos que juegan a las cartas.
Sinaia fue residencia de verano de los reyes de Rumanía y eso le ha dado un carácter señorial de antiguo balneario; para subir al famoso castillo de Peles hay un atajo peatonal que pasa primero por el Monasterio de Sinaia. Pagamos una entrada de 5 RON y pasamos a la iglesia nueva, donde se está celebrando una ceremonia por el Domingo de Ramos. Es nuestro primer contacto con los monasterios de Rumanía y podemos apreciar el modelo arquitectónico que se repite en casi todos ellos: un recinto amurallado con una única puerta de entrada con campanario que da paso a un patio rodeado de dependencias; la iglesia o iglesias son también todas de la misma planta, con un pórtico y un nártex que preceden a la nave principal o naos. En esta se puede admirar el iconostasio, con tres aberturas que dan paso (con limitaciones) a la cámara más sagrada y secreta.
A un lado de la iglesia nueva de Sinaia los fieles se encuentran con dos grandes cajas de hierro forjado que contienen muchos pequeños cirios; una de ellas está dedicada a los familiares vivos y la otra a los difuntos. Además de encender velas en ellos, los fieles acostumbran a escribir peticiones específicas en unos papelitos que entregan, por supuesto acompañados de una ofrenda en dinero, a los sacerdotes que imparten bendiciones en el interior del templo. La ceremonia de hoy corresponde a una fecha especial, por eso se permite a los oferentes entrar en la cámara sagrada y depositar sus ofrendas ante imágenes celosamente guardadas. Por lo demás la ceremonia transcurre en medio de cantos interpretados por monjas que ocupan sillas o bancos en un lateral de la nave; el resto de los asistentes permanece de pie el tiempo que considera necesario para sus devociones y después sale al exterior, por eso hay siempre mucho tránsito de gente y los que nos acercamos por simple curiosidad también podemos entrar y salir sin que nadie se moleste.



La iglesia antigua, que data de finales del siglo XVII, es por fuera menos vistosa que la nueva, pero su interior alberga frescos que impresionan, sobre todo en este momento ya que estamos prácticamente solos. Todas las paredes interiores están cubiertas de imágenes del Evangelio, pero llaman la atención sobre todo las que se ven en lo alto de la torre central; en otros monasterios comprobaremos que el modelo se repite: un Pantocrator central atrae hacia lo más alto la vista del observador y a su alrededor se disponen filas de figuras de santos u otras escenas. El museo de iconos y libros antiguos esta cerrado hoy, así que finalizamos la visita y seguimos adelante.

Cuando llegamos al Castillo de Peles hay ya bastantes grupos de visitantes. Compramos entradas para la visita estandar (20 RON) y esperamos en el vestíbulo, quitándonos los zapatos (hay que ponerse unas chancletas especiales para entrar), hasta que nos abren la puerta. La visita guiada consiste en explicaciones en inglés y dura unos 40 minutos; es un poco esquemática y además los grupos son grandes, pero aún así nos da una idea bastante precisa de la historia del castillo y sus características. Rumanía es un estado joven que se formó en el siglo XIX a partir de la unión de 2 territorrios: Valaquia (donde nos encontramos ahora) y Moldavia. Las potencias de entonces deciden que el trono del nuevo estado recaiga en una dinastía de rancio abolengo germánico: los Hohenzollern-Sigmaringen, que se instalan cómodamente en el Palacio Real ya existente en Bucarest (actualmente Museo Nacional de Arte). Antes incluso de ser coronado rey, el príncipe Carlos I encargó la construcción de una residencia de verano en este paraje encantador, con vistas sobe el valle de Prahova y al pie de los montes Bucegi.
El exterior del palacio presenta buen aspecto, si bien algunas de las balaustradas que adornan las terrazas están hundidas; en cuanto al interior, la verdad es que se trata de uno de los palacios más bonitos que hemos visto. Su estilo se inspira en los refugios de caza de la nobleza alemana; no hay grandes salones pero cada pequeña pieza es suntuosa a su manera. Por tanto no se trataba de un escenario emblemático para grandes recepciones y ceremonias sino más bien de un lugar agradable para vivir. También explican que a la fecha de su inauguración oficial (1883) fue el primer palacio de Europa en contar con su propia central eléctrica. Al salir contemplamos un rato el paisaje circundante desde las terrazas y después nos acercamos hasta Pelisor y Foisorul, unos anexos del palacio que sólo vemos por fuera.




Curioseando un poco en torno al palacio
Volvemos al centro de Sinaia pasando por los barrios residenciales que ocupan sus empinadas colinas, observando el relajado estilo de vida de sus moradores. Nuestra intención es subir en el telecabina hasta las pistas de esquí, pero cuando legamos al cruce principal del bulevar ya tenemos hambre, así que entramos en el primer restaurante que nos tienta. Se llama La Cerdac (no figura en la LP) y es una mezcla de estética tradicional y moderna. Comemos bien y comprobamos que incluso el vino a granel (vinul casei) puede ser más que aceptable.
Por fin llegamos a la telecabina; el horario de funcionamiento es limitado y de todos modos queremos bajar pronto; en realidad sólo tenemos tiempo para subir el primer tramo, hasta la estación llamada Cota 1400, observar el magnífico panorama y dar un breve paseo por caminos que aún conservan bastante nieve. Los billetes de ida y vuelta hasta esa cota nos cuesta 30 RON cada uno.


Subimos a la "Cota 1400" para echar un vistazo rápido
Regresamos tranquilamente a la estación y al llegar vemos que se nos acaba de escapar un tren con destino a Brasov. Hasta el siguiente nos da tiempo para tomar una cerveza Ursus en una terraza, entre el parque y un antiguo balneario. Lo malo es que ese tren llega con más de una hora de retraso, que pasamos esperando en el andén, con nuestras maletas recuperadas y desconcertados por los varios mensajes contradictorios que se difunden por megafonía y teleindicadores. Cuando por fin embarcamos disfrutamos de un trayecto lento a través de un puerto de montaña con magníficos paisajes y nieve en abundancia.

Llegamos a Brasov a las 20h y decidimos coger un taxi para no perder tiempo; por 8 RON nos lleva rápidamente a nuestro hotel y tras instalarnos salimos a cenar. El tiempo es desapacible y apenas se ve gente por el barrio antiguo; elegimos un restaurante cercano que está muy bien recomendado en todas las guías: Sergiana, en la calle Muresenilor. Es una bodega grande y acogedora, con buen servicio y mejor cocina. La camarera nos recomienda un vino excelente y asequible, de las bodegas Samburesti, para acompañar las sabrosas sopas y una carne de calidad. Sentimos curiosidad por probar las mollejas de ternera y nos sorprendemos de lo buenas que están.
Alojamiento en Brasov
Vamos a pasar 2 noches en Casa Wagner, una especie de hotel-boutique situado en Piata Sfatului, o lo que es lo mismo, en el corazón de los barrios históricos de Brasov. Ocupamos una suite sencilla, en forma de dúplex y con un solo baño; a pesar de ser abuhardillados, los espacios para dormir son amplios. Es una casa histórica y, como suele ocurrir en Rumanía, no han pensado en dotarla de ascensor; demasiadas escaleras, además en la entrada no hay espacio para un lobby y los pequeños salones están en la 1ª planta. Nos cuesta 108€ por noche para 3 personas, con desayunos incluidos.