Salimos de Barajas a las 10.40, y tras un viaje sin incidentes con Iberia llegamos puntuales a nuestro destino a las 15.50, hora turca (GMT+2). Tras pasar el Control de pasaportes y Visado, que previamente habíamos hecho por internet (15€ por persona) entramos por fin en suelo turco y recogimos la maleta. El hotel incluía en el precio recogida en el aeropuerto y traslado, así que nos pusimos a buscar nuestro nombre en el mar de carteles que había expuestos en la salida. Nos costó un poco porque había muchos y además habían cogido mi segundo apellido en vez del primero (cosas de ser españoles y tener 2...) pero finalmente allí estaban. Nos montamos en una Mercedes Vito muy nueva y nos llevaron al hotel tan rápido como el tráfico permitió (unos 45 minutos)
Antes de seguir, un par de comentarios: me pareció todo un acierto tener contratado el servicio aeropuerto-hotel. Siempre me he buscado la vida para llegar del aeropuerto al hotel y en este caso, de no haber estado incluido lo hubiera hecho también, pero la verdad es que es una comodidad, te ahorras tiempo y fatigas en un sitio que no conoces y no hay complicaciones con taxistas que desconozcan el hotel (algo que por otra parte en un sitio tan enorme como Estambul tampoco es de extrañar) “Mini punto” pues para el hotel y no lo habíamos visto aún.
El segundo comentario va relacionado con el tema del cambio de dinero. Es bastante habitual y lo he leído en más de un diario que acostumbremos a cambiar moneda en el aeropuerto nada más bajar del avión. Está claro que si se piensa coger un taxi no hay más remedio, pero sino es mejor esperar a llegar al centro de la ciudad que hay más competencia y el cambio está mucho mejor. Como dato, nada más salir vi un cajero de ING DIRECT, por sí a alguien le sirve y quiere probar. Nosotros no lo usamos, así que desconozco como es la comisión, pero estar, estaba. En este tema nosotros al final descubrimos que lo mejor era sacar dinero de los Akbank (un banco rojo, hay muchos por el centro) no te avisan de la comisión, lo cual al principio me mosqueó un poco, pero tras comprobarlo después, resulta que ellos no te aplican comisión, así que el cambio era mejor incluso que en el mejor puesto del Gran Bazar ( 1€-2'80 TL sin comisión) Sólo depende de la comisión que le aplique su banco español a cada uno por sacar en el extranjero... La tarjeta de crédito intentábamos usarla siempre, pero la verdad es que salvo en los restaurantes, que nunca nos pusieron problemas, en los demás sitios no solían aceptarla.
Llegamos al hotel, que estaba a unos 100m de la mezquita azul (Segundo mini punto antes de entrar) y nos ofrecieron una bebida de bienvenida mientras nos hacían el check-in y nos daban un mapa con las principales atracciones turísticas. El hotel Seraglio es un hotel pequeñito en la Zona de Sultahamed, se encuentra en una calle en la que sólo hay hoteles y restaurantes que parecen todos del mismo estilo. Éste da para dos calles, en una de ellas tiene la puerta principal con la recepción y por la otra está el bar y la terraza en la que puedes tomar el desayuno o la merienda que dan por las tardes. Después de que el señor de recepción nos hiciera un pequeño planning con lo que podíamos ver cada día, subimos a la habitación a situarnos un poco. Le dimos una “sustanciosa” propina en euros al chico que nos subió las maletas a la habitación (2€) Le dijimos que no habíamos cambiado pero nos dijo que aceptaba euros sin problema. Enseguida nos lanzamos a la calle para no perder ni un minuto en esa ciudad tan increíble.
Nos dio tiempo a entrar en la mezquita azul y a llegar hasta el Gran Bazar, aunque no entramos porque ya estaban recogiendo. Lo que sí hicimos fue entrar a la mezquita que hay a la entrada del Gran Bazar ya que nos la encontramos de camino y por ser Ramadán no cerraba a la hora habitual. Entre unas cosas y otras, se hizo la hora de cenar, así que decidimos buscar el famoso Enjoyer para empezar con buen diente el viaje turco. Lo encontramos a él y a su famoso Antonio. Como había leído que había gente que reservaba mesa , estábamos buscando un plan B por si acaso cuando llegáramos no había sitio. Me sorprendió la poca gente que había. De hecho en la terraza solo estábamos nosotros y otro grupo de españoles. Cenamos muy bien, la comida estaba muy rica y bien de precio acostumbrados a los precios españoles. Para los turcos seguramente les resultará un poco caro. De vuelta al hotel y por casualidad, pasamos por la zona del hipódromo… ¡qué buen ambiente! Es muy curioso ver a todas las familias disfrutando de la comida una vez que se pone el sol, paseando por los kioskos del hipódromo, entrando y saliendo de la mezquita azul. Con mucho ánimo para descubrir la ciudad a fondo al día siguiente, nos fuimos a dormir, que el día había sido largo y el siguiente había que aprovecharlo.