Era nuestro tercer día de viaje, pero el día anterior había sido intenso, así que nos levantamos un poco más tarde y nos tomamos el desayuno en la terraza del hotel con algo más de calma. habíamos comprado la museum kard así que no teníamos que esperar cola en santa Sofía. Además esa noche teníamos reserva en el imbat, con lo cual un plan como el del día anterior no era viable. Fuimos dirección santa Sofía y entramos con la tarjeta directamente. No se muy bien por que, no había demasiada cola, así que de no haber tenido tarjeta tampoco hubiéramos tenido que esperar demasiado. Vimos el interior con calma, intentando disfrutar de un edificio hecho hace más de 1500 años y que durante mucho tiempo fue el templo más grande del mundo. La pena es que tiene un gran andamio en la parte de la izquierda que entorpece un poco la vista, pero aún así, es una auténtica maravilla. Salimos fuera para entrar a la parte de las tumbas. No esta mal, y además la entrada es gratuita, por lo cual no se pierde nada por verse, pero habiendo visto ya el topkapi sarayi... Como hacia muchísimo calor y pegaba resguardarse, fuimos directamente al museo arqueológico, para aprovechar la tarjeta y con el único objetivo de ver el sarcófago de Alejandro magno... Pues bien, después de buscarlo por todo el museo nos dijeron que estaba en restauración y que no podía visitarse. No vi ningún cartel que lo indicara antes de entrar, y tampoco nos importo porque íbamos con tiempo después del sprint del día anterior, aunque sí no sois mucho de museos (y más si no esta el sarcófago) para mi el museo es prescindible si se va con pocos días. Me sorprendió encontrar eso si, un par de mosaicos de ishtar, dignos de ver y fotografiar, que no sabía que estaban allí.
Un poco decepcionados por el tema del sarcófago, buscamos un sitio fresquito donde comer. hacia un calor húmedo insoportable. una vez comidos y descansados un poco, nos acercamos al bazar de las especias, ya que el día anterior habíamos estado por la zona pero no habíamos llegado a entrar al bazar. Nos gusto mucho más que el gran bazar. Se ve el encanto de la ciudad en cada puesto. Aprovechando que estábamos más o menos cerca, subimos hasta la mezquita de suleiman, impresionantemente grande por dentro y por fuera. Después de una nueva vuelta por el bazar de las especias con alguna compra de por medio, volvimos hasta el hotel para descansar un rato y arreglarnos para la cena. Además aprovechamos que el hotel tenía te y pasteles de cortesía cada tarde de 5 a 7 para relajarnos un rato. Como teníamos reserva en el imbat a las 9 bajamos paseando siguiendo la línea del tranvía hasta el hotel orient express. Llegaos puntuales y nos pusieron en una mesa al lado de la terraza. La verdad es que tanto el sitio como la comida son espectaculares, el trato estupendo, el postre genial y el precio también múy bien. Recomendable 100%.
De nuevo con una sonrisa por la maravillosa ciudad que estábamos descubriendo nos fuimos a dormir. Todavía nos quedaba un día y medio para descubrir estambul.