Este día lo reservamos para visitar el Mosela, ahora viéndolo en perspectiva fuimos bastante optimistas en cuanto a lo que nos habría gustado visitar para el ritmo que llevamos normalmente.
La idea era salir sobre las 8:00 con idea de llegar de los primeros al Burg Eltz, pero las noticias de Madrid no tardaron de llegar y tras celebrar las buenas nuevas y saber que podíamos continuar con el viaje, desayunamos y emprendimos el camino. Bordeamos el Mosela durante un trayecto de casi hora y media y nos desviamos hasta llegar al maravilloso castillo, sin duda la joya del viaje. Desde el parking hay unos 15-20 minutos andando por un sendero que bordea la montaña hasta el puente del castillo, el entorno es increíble. También se puede coger un pequeño autobús que pasa cuando hay gente suficiente. Lo que no recomiendo en absoluto es ir andando por la carretera por la que circula el bus, tiene muchas subidas y bajadas mientras el sendero que lo bordea apenas tiene desnivel.
A pesar de las muchas guerras que ha habido en la región, el Burg Eltz sobrevivió intacto, no sólo porque la ubicación del castillo se de difícil acceso o escondida sino también porque la familia Eltz siempre mantuvo relaciones políticas y sociales de gran alcance y utilizaba sus influencias para su propia protección. La historia dice que la familia Eltz construyó una morada en este sitio sobre un peñón rodeado por el río Eltz. Esta familia controlaba parte del tráfico del Mosela, una importante ruta comercial desde los tiempos medievales. Con el tiempo las tres ramas de la familia Eltz (Rubenach, Rodendorf y Kempenich) construyeron sus casas en el complejo del castillo: la casa Rubenach, las dos casas Rodendorf y la casa Kempenich.
La visita (8 euros por persona, guiada en inglés con folletos en castellano) es la mejor que hicimos en todos los castillos visitados, y su interior el mejor conservado, no se pueden hacer fotos. Se visitan solo las casas Rubenach y Rodendorf, que todavía cuentan con salas para uso exclusivo de los familiares. El salón superior de la casa Rubenach cuenta con el mobiliario original murales y techo pintados del siglo XV que nos dejaron boquiabiertos.
Tras esta impresionante visita, fuimos a por nuestro segundo objetivo del día, Cochem. Estábamos avisados de que este pueblo tiene un encanto especial, pero aún así nos sorprendió. Paseamos por sus calles, limpias, cuidadas, junto al río, mucho más rural y tranquilo que el Rhin y mucho más verde. Rodeados de viñedos, tomamos algo en el pueblo para esquivar un autobús de estudiantes que acababan de invadir el casco antiguo (ZUM DUDELSACK : cerveza, vino y botella de agua 9,70 euros).
A continuación fuimos a comer en el COCHEMER WEINSTUBE: 1 Flammkuchen clásico, 1 Flammkuchen gorgonzola, Agua y una copa de vino. Precio: 27,60 euros.
Después tomamos el postre en el CAFÉ FLAIR: espresso, café con leche y porción de tarta de yogur por 10,40 euros.
Seguimos paseando un rato más por el pueblo y continuamos bordeando el Mosela por la carretera que discurre por su orilla.
Hicimos una parada en Traben – Trarbach que no nos encandiló en exceso y continuamos hasta Bernkastel- Kues, un pueblo encantador donde vimos la “casita puntiaguda” (Spitzenhauschen), el ayuntamiento renacentista, la fuente e iglesia de San Miguel, más casitas de entramado de madera y la puerta de la muralla (Graacher Tor).
En este punto, se nos habían hecho las 18:30 h por lo que descartamos ir hasta Trier pues lo veríamos anocheciendo y aún nos quedaría volver a Koblenz (1:15 horas por autovía). Regresamos pues a nuestro hotel cansados y fuimos a cenar cerca del hotel, al restaurante KÖNIGSBACHER TREFF: 2 cervezas 0,5 l., carne a la brasa, guiso de verduras (Gemüsepfanne). Precio 33,40 euros. La comida muy buena y una completa selección de cervezas, sólo un “pero”, la carta del restaurante no tiene traducción ni al inglés.