Gemma había planificado la excursión a Milford Sound en autocar porque en coche son demasiadas horas conduciendo (4 de ida y 4 de vuelta) y para aprovechar el día no podríamos hacer muchas paradas por el camino. Decidió con buen criterio que mejor dejarnos trasportar y no desgastarnos tanto en el coche en carreteras complicadas.
Fue todo un acierto porque en verdad el camino es largo y habríamos acabado hechos polvo, en cambio en el autocar nos pudimos relajar y disfrutar del paisaje sin tener que estar controlando la carretera todo el rato. Además era un autocar ciertamente muy cómodo, con amplios ventanales incluso en el techo, que nos dejaban gozar de las vistas de las cascadas y montañas que rodeaban la carretera.
Salimos a las 7 de la mañana de Queenstown y en Te Anau almorzamos fuerte. Hasta entonces habíamos encontrado nubes bajas y algo de niebla, el lago Te Anau era una mancha gris oscuro entre la bruma.
Fue todo un acierto porque en verdad el camino es largo y habríamos acabado hechos polvo, en cambio en el autocar nos pudimos relajar y disfrutar del paisaje sin tener que estar controlando la carretera todo el rato. Además era un autocar ciertamente muy cómodo, con amplios ventanales incluso en el techo, que nos dejaban gozar de las vistas de las cascadas y montañas que rodeaban la carretera.
Salimos a las 7 de la mañana de Queenstown y en Te Anau almorzamos fuerte. Hasta entonces habíamos encontrado nubes bajas y algo de niebla, el lago Te Anau era una mancha gris oscuro entre la bruma.

Te Anau con nubes bajas
Poco a poco el tiempo fue mejorando pero en ningún momento tuvimos un buen sol, más bien eran rayos sueltos que se colaban entre nubes cada vez menos espesas. El autocar hizo 3 o 4 paradas para estirar las piernas y que viésemos el lago espejo, unas cascadas horadadas en la roca o las cascadas que rodeaban el famoso túnel Homer. Me impresionó el túnel, excavado a pico y pala por cientos de hombres durante muchos meses, el techo muy bajo e irregular y solo un carril para circular. Es el único acceso terrestre al Milford Sound.
Otra cosa que me dejó boquiabierto fue una zona de bosque arrasada por un “tornado”. Lo entrecomillo porque no fue un tornado como tal, sino que una cantidad inmensa de nieve cayó a la vez en una ladera situada a varios kilómetros y el aire que empujó en su caída formo un tremendo golpe de viento que astilló los árboles y esparció sus restos en varias hectáreas.
Otra cosa que me dejó boquiabierto fue una zona de bosque arrasada por un “tornado”. Lo entrecomillo porque no fue un tornado como tal, sino que una cantidad inmensa de nieve cayó a la vez en una ladera situada a varios kilómetros y el aire que empujó en su caída formo un tremendo golpe de viento que astilló los árboles y esparció sus restos en varias hectáreas.

Pared de roca junto al túnel Homer
Todo esto nos lo iba explicando el guía en un inglés kiwi que costaba mucho comprender pero Gemma escuchaba una cosa, yo otra y luego lo comentábamos entre nosotros para aclarar que narices había dicho el hombrecillo.
Al llegar a Milford nos subimos en un barco que recorría todo el fiordo. Otro día de mucho trabajo para la cámara, vimos pingüinos, focas, delfines, aves, cuevas, montañas que surgían del agua, cascadas impresionantes… Comimos en el barco, un menú que no estaba mal y que venía incluido en el pack de la excursión.
Al llegar a Milford nos subimos en un barco que recorría todo el fiordo. Otro día de mucho trabajo para la cámara, vimos pingüinos, focas, delfines, aves, cuevas, montañas que surgían del agua, cascadas impresionantes… Comimos en el barco, un menú que no estaba mal y que venía incluido en el pack de la excursión.

La catarata más grande del fiordo, fijaos en el barquito de abajo, se ve pequeño pero lleva mas de 300 personas

El recorrido por el fiordo duró unas 4 horas y fue alucinante, el día aguanto sin lluvia y tampoco nos quemó el sol, lo único que molestó un poco fue el viento, fuerte en algunos momentos. Solo nos mojamos cuando el timonel puso la proa del barco bajo una cascada de 200 metros, la más espectacular del fiordo, quedaron muy buenas fotos con el ojo de pez pero casi acabamos empapados.

A la vuelta en el autocar dormimos la mitad del trayecto, agotados. Aprovechamos la parada en Te Anau para hacer compras en el súper para poder cenar en el hotel y cuando llegamos a Queenstown una breve ruta de suvenirs antes de llegar rendidos a nuestra habitación.