Día de mucha ruta. Nuestro destino final es el pequeño pueblo de Frank Joseph, en mitad de la costa oeste. Un largo camino pero amenizado por muchas paradas obligatorias para admirar algunas maravillas naturales de la isla.
Antes de tal recorrido almorzamos debidamente, en la hamburguesería más famosa de Queenstown: Fergburguer. Gemma escogió bien y se comió una buena hamburguesa de ternera. Yo decidí probar algo nuevo y acabé comiendo un trozo de pescado empanado metido entre un pan redondo, error!!
Un último paseo por la ciudad para bajar la comida y hacer alguna foto y nos metimos en el coche. 350 kms nos aguardaban.
Hicimos un buen trecho del tirón porque ya habíamos pasado por allí antes pero al pasar Wanaka ya todo era nuevo para nosotros y empezaron las paradas. La primera en un área de picnic a la orilla del lago Hawea. De aguas azules de lejos, trasparentes al acercarte y heladas al tocarlas, precioso de veras.
Antes de tal recorrido almorzamos debidamente, en la hamburguesería más famosa de Queenstown: Fergburguer. Gemma escogió bien y se comió una buena hamburguesa de ternera. Yo decidí probar algo nuevo y acabé comiendo un trozo de pescado empanado metido entre un pan redondo, error!!
Un último paseo por la ciudad para bajar la comida y hacer alguna foto y nos metimos en el coche. 350 kms nos aguardaban.
Hicimos un buen trecho del tirón porque ya habíamos pasado por allí antes pero al pasar Wanaka ya todo era nuevo para nosotros y empezaron las paradas. La primera en un área de picnic a la orilla del lago Hawea. De aguas azules de lejos, trasparentes al acercarte y heladas al tocarlas, precioso de veras.

Lago Hawea
La carretera discurre entre bosques frondosos y prados verdes, con multitud de flores. Llegamos a sacar la Gopro para grabar la ruta desde el salpicadero del coche porque pocas carreteras he conocido tan fotogénicas. Llegamos a una zona donde hay amplios aparcamientos en el arcén y donde hay varios coches, campervans y un autocar parados. Según la guía estamos cerca de las Blue Pools y decidimos parar.
Efectivamente las Blue Pools están correctamente señaladas en paneles informativos, según dice hay 15 minutos de paseo hasta ellas, pillamos la cámara y allá vamos. Atravesamos un bosque que se ve antiguo y frondoso, el camino es una pasarela de madera que sobresale del suelo y lo hace apto para sillas de ruedas: gravilla prensada delimitada por listones de madera, con sus zonas de drenaje y sus pasarelas elevadas si el terreno era irregular. Hay también un par de puentes colgantes hechos de cables de acero y maderos, con sus carteles informativos que indican cuanta gente puede atravesarlos a la vez con seguridad.
Efectivamente las Blue Pools están correctamente señaladas en paneles informativos, según dice hay 15 minutos de paseo hasta ellas, pillamos la cámara y allá vamos. Atravesamos un bosque que se ve antiguo y frondoso, el camino es una pasarela de madera que sobresale del suelo y lo hace apto para sillas de ruedas: gravilla prensada delimitada por listones de madera, con sus zonas de drenaje y sus pasarelas elevadas si el terreno era irregular. Hay también un par de puentes colgantes hechos de cables de acero y maderos, con sus carteles informativos que indican cuanta gente puede atravesarlos a la vez con seguridad.

Pasarela y las Blue Pools
Y después de cruzar 2 ríos de aguas limpísimas… las Blue Pools. Unas piscinas naturales que el agua ha excavado en la roca. De un azul intenso, no muy profundas pero daban unas ganas de saltar dentro… Esas ganas de fueron cuando vimos a 2 bañistas, con la piel casi tan azul como el agua, tiritando como locos… Está claro que son bonitas, pero frías de cojones… (perdón)
Volvimos al coche y a seguir la ruta, pocos kms mas adelante habían unas cascadas no muy altas ni copiosas pero si muy fotogénicas. Me estuve un buen rato haciendo fotos artísticas combinando la visión del agua con la de las piedras planas que los turistas apilan con gran destreza para crear estructuras impresionantes (fites se llaman en catalán).
Volvimos al coche y a seguir la ruta, pocos kms mas adelante habían unas cascadas no muy altas ni copiosas pero si muy fotogénicas. Me estuve un buen rato haciendo fotos artísticas combinando la visión del agua con la de las piedras planas que los turistas apilan con gran destreza para crear estructuras impresionantes (fites se llaman en catalán).

Para hacer algunas de estas fites hay que ser arquitecto como mínimo...
Hubo un par de paradas más, una de ellas para fotografiar unas cascadas de 30 metros que habían a 50 metros de la carretera, en todos estos sitios hay turistas, mayormente asiáticos. Pero van bastante juntos, son muy respetuosos y la verdad es que tampoco son muchos para todo el espacio que hay. No nos sentimos en ningún momento metidos en un rebaño, cosa habitual en otras zonas turísticas del mundo.
Finalmente llegamos a la costa, en la desembocadura del rio Haast. Hay un puente larguísimo de un solo sentido que permite cruzar el rio. Con 2 zonas anchas para permitir el cruce simultaneo de vehículos. A partir de ahí pasamos del paisaje montañoso y bosques espesos a las playas largas, los acantilados y al embravecido mar de Tasmania.
Finalmente llegamos a la costa, en la desembocadura del rio Haast. Hay un puente larguísimo de un solo sentido que permite cruzar el rio. Con 2 zonas anchas para permitir el cruce simultaneo de vehículos. A partir de ahí pasamos del paisaje montañoso y bosques espesos a las playas largas, los acantilados y al embravecido mar de Tasmania.

Vistas desde Knights Point
La carretera bordea la costa y ofrece muy buenas vistas, con jungla frondosa a nuestra derecha y el mar a la izquierda. Hacemos varias paradas para captar con la cámara lo salvaje del territorio. En Knights Point (un mirador) paramos a usar los baños y nos deleitamos con el paisaje.
En Bruce Bay tuve que parar porque la visión de la playa que teníamos delante era casi primigenia. Kilómetros de arena oscura, con restos de troncos y ramas traídos por la marea, arboles retorcidos por el viento y ni una señal de civilización hasta el horizonte. Solo faltaba algún dinosaurio asomando la cabeza. Playa jurásica.
En Bruce Bay tuve que parar porque la visión de la playa que teníamos delante era casi primigenia. Kilómetros de arena oscura, con restos de troncos y ramas traídos por la marea, arboles retorcidos por el viento y ni una señal de civilización hasta el horizonte. Solo faltaba algún dinosaurio asomando la cabeza. Playa jurásica.

Jurassic Beach, me encanta
Y de ahí hasta Frank Joseph casi del tirón, queríamos llegar antes de las 5 para reservar vuelo para el dia siguiente, llegamos a tiempo. Reservamos para las 10 del día siguiente y fuimos a comer a un bar / restaurante. Bueno, para ellos es más cena que comida. Recorremos un poco el pueblo (enano) y descubrimos un súper muy apañao y varias tiendas de suvenirs graciosas.
Resulta que nuestro hotel esta en las afueras, es en plan apartamentos, tranquilísimo y con cocina. Eso no lo esperábamos y como ese día ya no nos apetecía hacer más ruta fuimos al pueblo a comprar cena para ese día y el siguiente, así aprovechábamos la cocina.
Por la noche salimos a ver estrellas pero al poco rato empezó a nublarse y al final acabamos metidos en el coche, gorreando wifi del bar donde habíamos comido jejej.
Resulta que nuestro hotel esta en las afueras, es en plan apartamentos, tranquilísimo y con cocina. Eso no lo esperábamos y como ese día ya no nos apetecía hacer más ruta fuimos al pueblo a comprar cena para ese día y el siguiente, así aprovechábamos la cocina.
Por la noche salimos a ver estrellas pero al poco rato empezó a nublarse y al final acabamos metidos en el coche, gorreando wifi del bar donde habíamos comido jejej.