Hoy es un día importante en nuestro viaje, vamos a hacer un salto bungi de 134m jejeje. Nos levantamos temprano, recogimos y desayunamos, Gemma aún está pocha pero al menos no tiene la mala cara de ayer.
Al pasar por Wanaka paramos a la orilla del lago e hicimos unas cuantas fotos, había gente con sus barquitas, mucho runner correteando por la orilla y hasta un par de valientes bañándose. Me empecé a dar cuenta que en NZ a mucha gente le fascina el deporte y están bastante en forma. Aunque con los paisajes que tienen y la naturaleza que les rodea por todas partes entiendo que estén motivados para salir y disfrutar al aire libre.
Al pasar por Wanaka paramos a la orilla del lago e hicimos unas cuantas fotos, había gente con sus barquitas, mucho runner correteando por la orilla y hasta un par de valientes bañándose. Me empecé a dar cuenta que en NZ a mucha gente le fascina el deporte y están bastante en forma. Aunque con los paisajes que tienen y la naturaleza que les rodea por todas partes entiendo que estén motivados para salir y disfrutar al aire libre.

Lago Wanaka a primera hora
Decidimos hacer el camino hasta Queenstown por la ruta escénica que pasa por Cardrona. Es más corta pero con más curvas, con un puerto de montaña que nos permitirá tener buenas vistas de los valles. La elección fue un acierto, hay muchos sitios donde parar el coche y hacer muy buenas fotos. Aquí empieza a haber mucho turista, se nota que nos acercamos a uno de los puntos de más turismo del país. Como vamos bien de tiempo pasamos por el Lago Hayes y por lo que parece ser una zona residencial para gente con dinero. Hay muchas casas grandes con jardines enormes que dan al lago. Un lago que reflejaba en todo su esplendor los verdes de la primavera y los picos salpicados de nieve en el horizonte, de cuento de hadas.

Lago Hayes en primavera
Una vez en Queenstown dejamos equipaje en el hotel que resulta ser el edificio más grande del pueblo, todo el mundo vive en casitas de 1 o 2 plantas, a la orilla del lago o en la colina. Hay mucho turista pero si te alejas del centro es un lugar tranquilo y agradable, mucha gente joven por las calles, algunos caminando descalzos y la mayoría en muy buena forma.
El hotel da al lago, solo teníamos que cruzar la calle para pisar el parque que lo rodea, mesas de picnic, arboles cuidados, gente corriendo… y unas vistas de postal. Hicimos fotos mientras paseamos hacia el centro, teníamos que ir a la oficina del bungy para confirmar la reserva que teníamos. No nos costó nada encontrar el lugar. Una vez pesados y marcados como futuros saltadores hicimos un corto paseo hasta el pie del funicular para enterarnos de horarios y precios, decidimos subir al volver del salto, para ver la puesta de sol desde las alturas.
El hotel da al lago, solo teníamos que cruzar la calle para pisar el parque que lo rodea, mesas de picnic, arboles cuidados, gente corriendo… y unas vistas de postal. Hicimos fotos mientras paseamos hacia el centro, teníamos que ir a la oficina del bungy para confirmar la reserva que teníamos. No nos costó nada encontrar el lugar. Una vez pesados y marcados como futuros saltadores hicimos un corto paseo hasta el pie del funicular para enterarnos de horarios y precios, decidimos subir al volver del salto, para ver la puesta de sol desde las alturas.

Lago Wakatipu, frente al hotel, al fondo se ve el barco a carbón y su humareda
Teníamos tiempo para comer, lo hicimos en un centro comercial donde habían muchos restaurantes de comida rápida. Un corto paseo para bajar la comida y fuimos ya al sitio donde nos recogería el autocar que llevaba al bungy.
Hay que decir que la ruta hasta el salto fue muy amena, la conductora del autocar puso música cañera, el paisaje era muy bonito y cuando ya llegábamos atravesamos unos prados y subimos unas cuestas con unos barrancos que quitaban el hipo.
Hay varios tipos de bungy en NZ, yo escogí el más bestia, un salto de 134 metros. Una vez allí nos volvieron a pesar, esta vez con el arnés puesto y cuando vieron la cara que hacia Gemma (bastante resfriada aun) le recomendaron/ordenaron que no saltara. Ella pidió acompañarme hasta la góndola desde donde saltaría y se lo permitieron..
Hay que decir que la ruta hasta el salto fue muy amena, la conductora del autocar puso música cañera, el paisaje era muy bonito y cuando ya llegábamos atravesamos unos prados y subimos unas cuestas con unos barrancos que quitaban el hipo.
Hay varios tipos de bungy en NZ, yo escogí el más bestia, un salto de 134 metros. Una vez allí nos volvieron a pesar, esta vez con el arnés puesto y cuando vieron la cara que hacia Gemma (bastante resfriada aun) le recomendaron/ordenaron que no saltara. Ella pidió acompañarme hasta la góndola desde donde saltaría y se lo permitieron..

Bungyyyyyyyyy
Dicha góndola está colgada sobre un cañón, sobre el rio. Se accede mediante un pequeño teleférico horizontal donde caben 6 personas. El corto trayecto de poco más de un minuto ya impresiona a medida que el suelo bajo nuestros pies se alejaba más y más. Por mi peso fui el primero en saltar, me aseguraron los pies, me explicaron bien lo poco que tenía que hacer y… abajo
Puedo decir que si os gustan las emociones fuertes deberíais probarlo. A mí me impresiono mucho más que saltar en paracaídas ya que cuando saltas desde 3000 metros el suelo se ve lejano y la sensación es más que estas flotando que cayendo. Y cuando ya te das cuenta de que el suelo se te acerca peligrosamente es cuando abren el paracaídas y pasas de estar cayendo a estar planeando.
Puedo decir que si os gustan las emociones fuertes deberíais probarlo. A mí me impresiono mucho más que saltar en paracaídas ya que cuando saltas desde 3000 metros el suelo se ve lejano y la sensación es más que estas flotando que cayendo. Y cuando ya te das cuenta de que el suelo se te acerca peligrosamente es cuando abren el paracaídas y pasas de estar cayendo a estar planeando.
Con el bungy no es igual. La caída dura solo 3 o 4 segundos, pero la sensación de que te vas a reventar contra las rocas te inunda el cerebro. Después llega la deceleración y vuelves a subir y a bajar en un columpio demencial. Me encantó.
La vuelta a Queenstown en el autobús fue más rápida que la ida, y más frenética puesto que todos los barrancos que subimos lentamente antes ahora los bajábamos a velocidad inquietante y peligrosa, muy divertido.
La vuelta a Queenstown en el autobús fue más rápida que la ida, y más frenética puesto que todos los barrancos que subimos lentamente antes ahora los bajábamos a velocidad inquietante y peligrosa, muy divertido.

Queenstown desde su mirador
Al llegar merendamos y decidimos subir al mirador que domina toda la ciudad y el lago. Con el trípode para poder hacer fotos con poca luz puesto que el teleférico lo cerraban tarde y quisimos apurar al máximo. No recuerdo lo que costo el teleférico, creo que no era caro, pero costase lo que costase valía la pena.
El complejo turístico que hay sobre la ciudad consta de pistas de despegue para los parapentes, un restaurante enorme, mesas de picnic, un circuito inclinado para karts sin motor, variadas rutas para excursiones a pie… Y las vistas, claro. Se ve toda la ciudad, gran parte del lago, las montañas espolvoreadas de nieve… Parecíamos japoneses en la Sagrada Familia, todo el rato con el dedo en el disparador de la cámara.
El complejo turístico que hay sobre la ciudad consta de pistas de despegue para los parapentes, un restaurante enorme, mesas de picnic, un circuito inclinado para karts sin motor, variadas rutas para excursiones a pie… Y las vistas, claro. Se ve toda la ciudad, gran parte del lago, las montañas espolvoreadas de nieve… Parecíamos japoneses en la Sagrada Familia, todo el rato con el dedo en el disparador de la cámara.

Atardece sobre el lago...
La puesta de sol fue preciosa, nos tuvimos que abrigar porque el aire empezó a refrescar y cuando al teleférico le quedaban 20 minutos antes de cerrarse bajamos ya al hotel y cenamos una sopa oriental que nos sentó de muerte. Un apunte, en absolutamente todos los hostales, hoteles y apartamentos de NZ hay calentadores de agua en las habitaciones (para el té, supongo). Van muy bien para las sopitas instantáneas que se compran en el súper y que se preparan en 3 minutos, sobre todo si estás medio resfriado. Con menos de 5 kiwi dólares cenamos 2 personas, una ganga.
Después de charlar con amigos y familia con la wifi del hotel fuimos pronto a dormir porque madrugábamos mucho al día siguiente.
Después de charlar con amigos y familia con la wifi del hotel fuimos pronto a dormir porque madrugábamos mucho al día siguiente.