Comenzaba demasiado pronto uno de los mejores días, quizá por ver acumuladas tantas excelencias en un solo día.
En el hotel teníamos desayuno incluido, así que nos pusimos las botas (por fin probé esos cereales tipo Cheerios de tantos colorines). Salimos demasiado pronto del hotel (qué remedio) y nos dirigimos a Horseshoe Bend, primera parada del día, a 10 minutos en coche del hotel.
Aparcamos y tras subir la colina para luego bajar, ya se intuía la espectacularidad de lo que íbamos a ver. Y al llegar al borde, me quedé sin palabras. A pesar de las fotos que había visto, me dejó anonadado la enormidad y la altura de aquellas paredes, no me lo esperaba para nada. El claro ejemplo de que las fotos (y había visto muchas) no pueden hacer ni la más mínima justicia a un lugar así. Aquí pasamos muchísimo rato, lo admiramos desde todos los ángulos posibles, hasta que fui capaz de despegarme y marchar al coche al siguiente destino.
Y ese destino era Upper Antelope Canyon. Tenía reserva con los navajos a las 11, y recomendaban llegar casi 1 hora antes. Pero eran las 9:30, demasiado pronto… Pagamos los 8 $ por persona por aparcar el coche (cómo se aprovechan estos navajos) y en la caseta nos dijeron que había plazas libres en el tour de las 10. Como estaba cada vez más nublado y no se atisbaban claros, pensamos que en esas condiciones, no iba a suponer una mejor vista nuestra hora de reserva, por lo que decidimos cambiarla. Y acertamos. Pagamos los 40 $ por persona de rigor (estos navajos…) y esperamos 15 minutos hasta que nos llamaron.
Tuvimos suerte, todos los 4 x 4 llevaban 14 personas excepto el nuestro, el último, que éramos 10. Nuestro guía, además, tenía alma de piloto de rallies, por lo que adelantamos al resto de coches y llegamos los primeros al cañón. Entramos y el guía fue muy amable, nos explicó muchísimas cosas, nos recomendó lugares donde hacer fotos e incluso se ofreció a hacernos fotos a nosotros con nuestras cámaras. Cuando salíamos, hora y cuarto después, el siguiente grupo tenía el cielo aun más encapotado y había aun menos luz, lo que confirmó nuestro acierto al adelantar la hora. Una pena no haber podido disfrutar de este cañón con buena luz.
Una vez fuera, nuestro destino era Monument Valley, donde era una hora más (hora de Utah) pero que podíamos permitirnos no ir corriendo con la hora que habíamos ganado al hacer el tour de Antelope una hora antes.
Llegando por la carretera ya se intuía el espectacular paisaje, aunque esperaba algo más. A la entrada al parque, el navajo nos dijo que con nuestro coche no podíamos hacer la ruta, que esos días estaba fatal el camino y que el día anterior tuvieron que rescatar varios coches, y que tendríamos que contratar un tour con los navajos (75 $ por persona). Nos hicimos un poco los despistados de que no entendíamos y nos dijo que le diéramos los 20 $ de la entrada y fiesta, y eso hicimos.
Una vez dentro, aparcamos, nos asomamos a admirar la grandeza del lugar desde el mirador. En ese momento pensé que solo con esa vista, ya había amortizado los 20 $ de entrada, a pesar de que por allí también se había nublado y la imagen no debía ser la más ideal.
Además, tengo que reconocer, el navajo de la entrada me metió un poco el miedo en el cuerpo, y más aun cuando vi en el parking un SUV recién llegado del camino con la plancha delantera de abajo completamente suelta y, asomándome a mirar la ruta, los pocos coches que no eran los 4 x 4 de los indios eran todos SUV. Nos pusimos a comer allí mismo, con vistas a Monument Valley y al poco, vi lo que creí (y posteriormente confirmé) un Chevrolet Aveo de los cortos haciendo el camino de vuelta. Y lo mismo que yo debieron pensar unos cuantos, porque repentinamente se lanzaron al camino varios Honda, Voswagen y Toyota del mismo estilo que el nuestro.
Así que me lancé a la aventura de 27 km. Realmente, solo la primera rampa es problemática. Quizá sea 1 o 2 km nada más, pero se me hicieron eternos. Con mucho cuidado sorteando piedras, baches enormes, montículos y zonas demasiado arenosas fui bajando. Hubo un momento que me paré, pasó el VW Touareg que llevaba detrás y le metió un rascón a los bajos que retumbó todo Monument Valley. Con cautela elegí mejor recorrido y bajé sin problemas. Una vez superado el escollo de la primera rampa, todo coser y cantar. Parada tras parada fuimos haciendo el recorrido, que la verdad no me emocionó tanto como esperaba, yo creo que por la falta de luz y porque muchos puntos no me decían gran cosa. Realmente me gustaron el primer punto, donde se ven los 3 montículos, el John Ford’s Point, con una buena panorámica, el Artist Point Overlook, otra buena panorámica,y el North Window Overlook, con una vista también particular.
A la vuelta, todo pareció más fácil, incluida la subida, salvo un punto con más arena y unos baches enormes. Elegí el lado a priori más sencillo, pero había mucha arena y me quedé sin tracción. Afortunadamente al poner punto muerto, el coche cayó hacia atrás, no me quedé atrapado. Giré un poco a la izquierda y conseguí subir, con una rascada a los bajos incluida. Como esa era zona todo de arena, supongo que el toque se saldó sin mayores consecuencias, un poco removida la duna y fuera.
Y ya llegamos arriba, respiramos, vimos lo guarro que estaba el coche y a fuera del parque. Como aun había luz en vez de ir directamente a Kayenta, donde teníamos el hotel, fuimos al norte a parar en el famoso Forrest Gump Point, donde deja de correr el protagonista de la película. Una interesante vista con la carretera camino a Monument Valley y, sobre todo, una imagen de película.
Con las mismas, rumbo a Kayenta donde se supone que retrasábamos la hora (es decir, a la de Arizona), pero en nuestro hotel, Monument Valley Inn, tenían la hora del susodicho lugar, con lo que no pudimos pensarnos mucho lo de bajar a cenar. Eso sí, antes nos dio tiempo de darnos el baño de rigor en la piscina que, aunque había ya anochecido, la temperatura era buena, sobretodo la del agua. En cuanto a la cena, más carne para el cuerpo que a mí no me gustó demasiado, hubiera sido mejor otro lugar.