-- El día amaneció tal y como lo dejamos la noche anterior, lluvioso y cubierto, ya estábamos en
dirección al Este y los vientos y la influencia del mar en latitudes más elevadas, se hacía notar. Temíamos no poder cumplir el objetivo fijado, visitar
Svartifoss y acceder a una de las lenguas del inmenso
glaciar Vatnajoküll.
-- Un buen aliciente nos esperaba antes de iniciar la ruta, el
desayuno de mano de la regente del Glacier View Ghest House,
Elin.
-- Como no podía ser de otro modo, 4 tipos de pan hechos por ella, 3 tipos de mermelada y entre otras tantas ofertas de desayuno, leche, huevo cocido, miel, zumo, etc. Cargamos pilas y tras despedirnos de Elin, arrancamos de nuevo el "housemóvil".
-- Durante el trayecto nos impactó en gran medida la inmensidad de campos de lava
a ambos costados de la carretera N1, capricho de la naturaleza,
lava escupida por el volcán Laki en el año 1783 hasta el 1784 (durante ocho meses) , que moldearon y dieron forma a un paisaje digno de apreciar; donde el musgo recubre el magma solidificado.
-- A medida que avanzábamos, y dejando atrás a
Laki, comenzó a realizar acto de presencia un paisaje desolado y vasto, teñido de negro cual alquitrán se emplea para asfaltar carreteras. La vista no nos alcanzaba el final de esos campos, si al horizonte ni al frente, campos y campos teñidos de negro, sin vegetación alguna y con la única presencia de los postes de electricidad.
-- A medida que avanzábamos la lluvia y el viento seguían siendo compañeros de viaje; si bien a la llegada a
Skaftafell, tras varias horas de conducción, dejó de llover; y ya enfundados con nuestros impermeables, decidimos quitárnoslos y llevarlos en la mochila por si acaso. Ya se sabe sobre el tiempo en Islandia.
-- De camino a
Svartifoss, una gran pendiente por escalones naturales encofrados con tablas de madera,
pudimos ver 2 cascadas más de las que no recuerdo el nombre, aunque de esas 2, l
a primera era más espectacular.
-- Y tras
casi 45 minutos de trayecto de ida, con sus paradas de rigor, divisamos a lo lejos a
la llamada cascada negra, Svartifoss, flanqueada por multitud de columnas basálticas que realizaban un semicírculo protegiéndola por ambos costados.
-- Desde nuestra posición observamos que a partir de un
puente y escalera de madera, se accede a otras excursiones. Y sin más reparo, y viendo que el tiempo había "mejorado", decidimos caminar los 2km que marcaban hasta el punto.
-- A la llegada, impresionantes vistas de gran parte de
Skaftafell nos recompensaron por el esfuerzo realizado, aunque no estuviera el día despejado, mereció la pena. De repente comenzó de nuevo a lloviznar, y rápidamente bajamos hasta la posición más cercana de Svartifoss para poder captarla con nuestras retinas y objetivos fotográficos, sintiendo como un poder envolvente te encerraba en ese valle sin salida de basalto y agua.
-- Al inicio de la vuelta la llovizna cambio su nombre a lluvia, y ya decidimos enfundarnos los pantalones impermeables. Para entonces ya era algo tarde y estábamos un poco empapados.
-- Durante toda la vuelta la lluvia no hizo más que acrecentar su caudal, y a la llegada al centro de visitantes, nos secamos como pudimos en los baños, “malutilizando” el secador de manos automático (era supervivencia; o eso o un resfriado y no poder seguir el resto de días)
-- Ya con el cuerpo caliente, y viendo que no amainaba,
tuvimos muy a nuestro pesar, que s
uspender la pequeña excursión de 1 hora a una de las lenguas del Vanatjoküll. Aprovechando para ver un cortometraje de unos 15 minutos -muy interesante por cierto- sobre todo este glaciar y sus inmediaciones.
-- Finalizada la reproducción y visitado todo el centro de información, pusimos rumbo a Hofn, pensando en hacer noche antes de la llegada
al glaciar Jökulrsarlon, en una de las decenas de zonas habilitadas al efecto,
-- Al divisar a lo lejos las lenguas del glaciar, pensamos que si nos acercábamos ya al glaciar, adelantaríamos faena. Y posteriormente así fue. A nuestra llegada a
Jökulrsarlon, una espesa y baja niebla impedía apreciar con claridad la inmensa lengua que vomitaban ambos costados de la montaña, parecía como si hubieran sido colocados por el hombre.
-- Allí estaban los pequeños y no tan pequeños icebergs, en absoluto silencio, roto por el peinado del viento al agua, y a su vez éste al hielo, pudiendo percibir auditivamente pequeñas fracturas; tras permanecer en el coche apreciando semejante espectáculo visual, decidimos hacernos de cenar para hacer tiempo y pensar si dormíamos allí para a la mañana siguiente poder hacer el paseo por la zona, o bien dormir en otro sitio y deshacer el camino.
La cena, con nuestro hornillo, fue una delicia;
unas costillas de cordero muy tiernas que compramos ese mismo día, nos dotaron de las energías necesarias para lo que vendría después.
-- Una vez recogido todo el despliegue de la cena, a escasos 5 minutos del aparcamiento del glaciar, regresamos allí y... SORPRESA, no llovía. Sin pensarlo ni una vez más, y siendo las
23:30 horas, comenzamos un plácido paseo por el sendero marcado. Apreciando la calma de todos aquellos icebergs que descansaban sobre la gélida y estanca agua.
A la finalización del paseo, en absoluta soledad, mi esposa y yo, un
espectáculo auditivo nos despidió de la mejor manera que podía ser: eran unas
focas ocultas entre el hielo que nos decían adiós sin dejarse ser vistas.
-- Eso fue la guinda del pastel. Con el plan de la 1ª parte del día siguiente ya realizada ( en Islandia si algo lo puedes hacer cuando hace buen tiempo, no lo dejes para cuando estuviera previsto, puede ser que los dioses no te lo permitan jeje) no nos lo pensamos, y siendo pasadas las 00 h, arrancamos
rumbo a Hofn,
a unos 50 km desde nuestra posición.
-- Durante el camino, y pasados ya los primeros 10 km, el cansancio nos podía, y la parte trasera del vehículo nos llamaba más insistentemente, pero no dábamos con el hueco perfecto. Y gracias a esa indecisión, pasamos por
la otra cara visible (por la N1) de Vatnajokull, una segunda lengua de hielo, más grande aún y diversa que a primera lengua. Esta vez con un río transportando bloques de hielo, que desembocaban en la playa de arena negra a escasos metros del glaciar. No dábamos crédito a lo que veíamos, ¡¡en la playa había bloques de hielo!!
-- Continuando con nuestro objetivo, fuimos haciendo y haciendo kms, hasta que a falta de aproximadamente 10 kms hasta llegar a
Hofn, divisamos un camino en el que 3 hermosos caballos nos aguardaban hasta nuestra llegada, donde definitivamente instauraríamos nuestra morada, porque ¿qué mejor despertar que viendo a 3 jóvenes y vigorosos caballos jugando entre ellos?