-- Con la misma imagen de la noche anterior ( que al final nos dieron las 2 a.m), nos despertamos en torno a las 8 a.m, y fuimos a saludar a nuestros nuevos amigos. A los que dimos también de desayunar; unos trozos de pan incomibles para el ser humano, que los caballos más tarde saborearían con placer.
-- Tras desayunar y obtener energías, tomamos r
umbo a Hofn, donde a la llegada repostaríamos en la
gasolinera N1 (
las hay a lo largo de toda la carretera N1) y continuaríamos nuestro largo camino hasta Breiddaslvik, lugar de paso hasta nuestro destino,
Eskifjordur.
-- Durante el trayecto la vegetación ya fue cambiando, ampliando las zonas verdes, aunque sin vegetación alta. Siempre musgo haciendo de fina y esponjosa cobertura.
--
Es aconsejable, tal y como nosotros seguimos el consejo de otros foreros,
hacer la ruta hacia el Este, por la costa.
-- Disfrutaréis de un paisaje muy variado, con el mar como protagonista obviamente, acompañado de altas montañas desnudas, otras con nieve y otras ya con algo más de vegetación que el simple musgo. Incluso pudimos disfrutar de las maravillosas vistas de unas marismas con arena volcánica, precedidas de un maravilloso campo de algodón.
-- Durante el trayecto, el viento fue el gran galán de la fiesta, un viento que balanceaba el coche de un lado hacia otro, teniendo que sujetar firmemente el volante. Algo que predominó también en este diverso trayecto, fueron los caballos salvajes. Pudiendo presenciar una imagen que valió la pena haber detenido el vehículo frente a ellos para observarlos. Eran 6 nobles equinos arrancando a galopar, a los que justo cuando fotografiaba, pude captar un pequeño vídeo para revivir en cualquier momento esa bella imagen.
-- Antes de nuestra llegada a
Breiddalsvik, tras unas 2 horas de conducción al menos,
con paradas siempre obligatorias para fotografiar y hacer algún tentempié, decidimos comer en un merendero situado a la orilla de la carretera que cruza el pueblo.
-- Allí sacamos nuestro hornillo, y nos hicimos unos woks de los de microondas, pero hirviendo agua y echándosela para hacerlos. Con ese frío y viento que hacía (unos 10 grados de temperatura) , entraban muy bien, acompañados de una buena y auténtica sobrasada mallorquina para completar el menú.
-- Al comer, ya sólo nos quedaría cerca de 1 hora y 40 minutos. Ese día sabíamos que la ruta sería larga, pero la recompensa que vendría a posteriori, te hacía no desfallecer jeje.
-- Continuamos viendo montañas con clapas nevadas o hielo perpetuo, seguidas de ya una hierba más alta, y a continuación el mar. Ya estábamos entrando en l
os fiordos del Este.
-- El mar según le daba o no el sol (cuando quería salir algún tímido rayo), cambiaba de color ofreciéndote un mar bicolor; un azul marino intenso, tirando a gris y un azul más clarito. Continuando bordeando la costa pudimos divisar una pequeña sucesión de viviendas bajas y una pequeña fábrica, todo establecido en el borde de un fiordo, al acerarnos, ya estábamos en el pueblo de
Reydarfjordur, a escasos kilómetros de Eskifjordur. Tras pasar por este pueblo, accedimos a un túnel de unos 5,5 km de longitud, muy bien acondicionado en su interior, con puestos de socorro, buena iluminación y zonas de estacionamiento del vehículo en caso de emergencia; antes de entrar en el túnel, ya vimos el que parecía ser nuestro destino, resultando que finalizado el túnel, ya estábamos al otro lado del fiordo buscando
nuestro alojamiento en el Mjoeyri Guesthouse. Situado en un enclave privilegiado, al final del pueblo costero, en pleno fiordo con unas vistas espectaculares.
-- Llegamos justo al mismo tiempo que su propietaria, la que nos recibió y enseguida nos enseñó nuestro aposentos, pasando por
una original barca adaptada a piscina de agua caliente, situada en el exterior de las cabañas de alojamiento, y con vistas a la salida del fiordo. Al llegar a nuestra habitación, también con unas vistas de portada, fuimos darnos un relajante baño en el barco piscina-jacuzzi, al aire libre pero bien calentitos. Es uno de los placeres de Islandia, sus piscinas de agua caliente.
-- La propietaria del guesthouse nos recomendó acudir a cenar a un
restaurante del mismo pueblo, llamado
Randulff's Sea House; una
antiquísima casa de pescadores, de madera, que mantiene intacta su planta superior, tal y como la dejaron los pescadores que la habitaban, con sus mantas, objetos personales, etc. La planta inferior, también llena de objetos de los sus antiguos habitantes, está acondicionada como restaurante.
-- Tras cenar allí sólo puedo decir que es altamente recomendable si se visita la zona, cenar o comer en este lugar. Cominos por una parte la recomendación del día, es decir, la pesca del día.
Un pescado islandés del que desconozco el nombre, que estaba impresionante, con su cuidada guarnición, y también una deliciosa
carne de reno, también con su medido acompañamiento.
Eso y 2 cervezas de la marca Viking, de 0,5ltrs, nos salió por unos 63 euros creo recordar.
-- Fueron bien pagados, os lo aseguro, el sabor es indescriptible, y el buen trabajo del cocinero ya lo dice mi comentario.
-- Con el cuerpo arreglado, nos fuimos de nuevo al alojamiento, y ya nos fuimos a dormir. -- Durante la noche pasamos del buen tiempo, incluso algún rayo de sol, a una verdadera ventisca, que incluso la regente del guesthouse quedó impresionada con la violencia con la que el viento y el mar golpeaban. Sobre todo se notó porque estábamos prácticamente encima del mar, aunque ese temporal no fue óbice para que no durmiera a pierna suelta, aprovechando ese maravilloso enclave.