Me levanto temprano y sabíamos que era un día de espera, decimos de ir con Flor de nuevo al Complejo de Ghiza, vamos con Ala.dhin y Muhammed en el coche y ellos se quedan fuera, cuando vemos la cola interminable de chicos de escuela por entrar, a lo que desistimos y volvemos a la cafetería. Ala.dhin me pregunta si quiero ir a pasear en camello, le digo que ya lo había hecho dentro del complejo pero insiste que vayamos a otro lugar, llama a otro amigo, Mahmud, y salimos, yo solo en un camello y Flor con Mahmud en otro, bordeamos todo el complejo sin entrar pasando por las escuelas de equitación y las caballerizas, nada de turistas, solo egipcios. Empezamos a entrar al Sahara quedando a espaldas nuestras las pirámides y nos cruzamos con muchos jóvenes egipcios en camello, caballo, camionetas 4 x 4, cuadriciclo, etc.
Después de casi una hora llegamos a una planicie, hacemos STOP y nos montamos un pic-nic, sacamos miles de fotos y entablamos una muy buena conversación con Mahmud, desde el lugar que estábamos con una vistas maravillosas de todo El Cairo y en un silencio absoluto solo roto cuando escucho el Adhan para Zhur (2 oración diaria) en lo que hice uno de los salat con mas emoción en mi vida.
Ya era casi la hora de volver y vuelta a los camellos, camino a ghiza recibo una llamada de España donde me dan una excelente noticia que me tenía más que preocupado. Nos despedimos de Mahmud y ya vamos para casa con Ala.dhin. Nos trae hamburguesas para comer, no era lo que yo esperaba, pero Flor ya estaba una poco cansada de tanta comida árabe. Nos despedimos de Ala.dhin y preparamos las maletas para seguir la travesía. Cerca de las 08 PM viene a recogernos Muhammad para llevarnos a la estación de tren de Ghiza a donde llegamos con tiempo de sobra, en la puerta un policía no lo deja entrar a acompañarnos en lo que intervengo de nuevo, parece mentira pero en Egipto vale más la palabra de un turista que de un egipcio. Nos despedimos y nos quedamos esperando en el andén hasta que aparezca el tren con destino a Aswan, 14 horas de viaje. Ya intuíamos que íbamos a tener problemas, cuando estábamos dentro del tren un guardia nos pide el ticket y dice que no es nuestro tren, yo me hago el que no entiendo árabe, quería pasar de turista nada más para ver la reacción de este tipo. Me empieza a tratar de muy mala manera, levantándome la voz y muy humillante. Otra persona que estaba cerca me explica en español básico que el ticket era para el día anterior y que no tenía validez (me la había jugado el vendedor) pero el guardia muy tozudo no hacía mas que gritarme que pagara nuevamente los dos pasajes, a todo esto sólo hablaba en árabe y yo me hacía que no lo entendía, saco el dinero, le pago de nuevo y me larga un insulto bastante feo. Cuando me da el recibo levanto el dedo (señal de musulmán) y le grito en árabe perfecto:
“Ismi ana Jalil Zamzam, muslim. A UD debería darle vergüenza de tratar a los turistas de esa forma, no todos los egipcios son como UD. Alhamdulilläh”
La cara se le transfiguró en un segundo, solo atinó a bajar la cabeza y no aparecer mas por nuestro camino. A todo esto todo el vagón fue testigo del episodio y un señor que estaba cerca de nosotros me pidió disculpas en nombre de todos los egipcios a lo que digo que no hacía falta. Ya acomodados y sentados en nuestros asientos dos veces pagados se suma otro pasajero e intenta tener conversación conmigo y Flor, como parecía muy simpático le damos charla un largo rato. Ya se había hecho bien tarde cuando nos dormimos y cerca de las 03 AM Flor me despierta muy nerviosa pidiéndome que le cambiara el lugar, yo cuando duermo no tengo muy bien mis reflejos, me pongo de pie y me voy a fumar un cigarrillo fuera, cuando regreso ella estaba mas nerviosa todavía y me dice que el tipo que estaba a su lado le había metido mano de manera muy lasciva y penosa, y seguía sentado como si nada hubiera ocurrido. Reconozco que soy de reaccionar muy arrebatado que termino perdiendo la razón y los buenos modales, pero esta vez dije “NO” este cretino me la va a pagar mucho peor de lo que el se creía. Saco el móvil y busco el Corán recitado, lo pongo en un volumen bastante fuerte, era Viernes día santo para el Islam, y hago que lo escuche. Su cara cambiaba de colores continuamente, era tal la vergüenza que sentía que ni se atrevía a mirarnos, después de largo rato le pido que me acompañe a hacer Fajr (1ª oración diaria) lo que obviamente se niega y créase o no se baja del tren en la siguiente parada. Ya después de este episodio nos quedamos solos en el compartimiento y continuamos viaje hasta Aswan.