.
Nos levantamos sin prisas. El día había amanecido totalmente despejado aunque la temperatura era fresquita, 11°C. Desayunamos sentados en la barra de la cocina junto con nuestros anfitriones, Michelle y Bill. Un poco de charla relajada con ellos mientras iban cocinando. Yo desayuno completo, con huevos, salchichas y patatas. Anna, mucho más comedida, un café con unas tostadas.
Salimos de la casa hacia las 9 de la mañana y volvimos hacia la zona de Heather Meadows, cerca de Picture Lake. En este sitio, además de haber una estación de esquí, hay un montón de rutas de senderismo.


Lo primero que hicimos fue pasar por el centro de visitantes para informarnos del estado de las rutas y pagar el pase de día (necesario para poder aparcar el coche en el parking y poder acceder a la zona de senderos). Aunque no vimos a nadie controlando el acceso, pusimos el pase a la vista, colgado del espejo retrovisor.


El trail que habíamos pensado hacer era Chain Lakes (nº 682) que tiene aprox. 11 km y una dificultad media, suficiente para ocuparnos la mayor parte del día. Por lo que pudimos ver, la mayoría de la gente comenzaba la caminata en Artist Point (a 5 km. del Visitor Center siguiendo la carretera) y lo acababa en el propio Visitor Center. Lo que no nos dimos cuenta (mejor dicho, no me di cuenta) es que después de hacer los 11km de caminata aun nos quedarían otros 5 km.de vuelta hasta llegar al coche, pero bueno eso es otra historia y que tendréis que seguir leyendo un poco más para ver cómo lo hicimos.


Cuando estábamos preparando las cosas Anna me comentó que la cámara pequeña no funcionaba. ¡un pequeño contratiempo porque la utilizamos mucho!
Por fin, empezamos el trail pasadas las 11 de la mañana con un cielo totalmente despejado y al estar a unos 1.500 mts. de altitud, la temperatura era perfecta para caminar.


A pesar de encontrarnos con algún desnivel que otro, fuimos haciendo la ruta sin problema. Además como parábamos cada dos por tres para sacar fotos, se hacía algo menos duro.
Al llegar a la bifurcación hacia Ptarmigan Ridge, nos alcanzó una pareja con una niña pequeña y al pasar junto a nosotros oímos palabras que nos resultaron conocidas como “mamá” o “cariño”. Nos pudo la curiosidad y les saludamos. Charlamos un rato con ellos y nos comentaron que aunque eran de Madrid, llevaban ya varios años viviendo en Seattle.
Después de un rato muy agradable, continuamos camino y al de poco nos encontramos con el primer lago, Mazama Lake. Como no nos pareció gran cosa, seguimos caminando, dejando constancia de nuestro paso con una foto.

El siguiente lago que nos encontramos en la ruta fue Iceberg Lake, mucho más grande que el anterior. Aprovechamos para hacer una parada técnica y reponer fuerzas. En ese momento, fue cuando caímos en la cuenta que no habíamos metido en la mochila comida a excepción de unos frutos secos, ¡un gran fallo!, así que los dosificamos.
Siguiendo por el camino y casi pegado a Iceberg Lake nos encontramos con Hayes Lake: el camino pasaba entre los dos lagos.

A partir de aquí el sendero se puso cuesta arriba y nos tocó lidiar con la parte más difícil de la caminata. No caminábamos solos, de vez en cuando nos íbamos encontrando con otras personas. Entablamos conversación con una pareja (ella también era fotógrafa) y fuimos parte de la subida con ellos, y así, de charla la subida se hizo un poco más llevadera. La vista desde arriba ¡¡espectacular!!.

Descansamos un rato para reponer fuerzas y continuar. Como nosotros, se había parado un grupo grande de senderistas. Por asegurarnos, les preguntamos si íbamos bien para llegar al final de la ruta (¡¡no estaba bien señalizado!!!). Nos dijeron que si, pero nos preguntaron dónde habíamos dejado el coche ya que ese sendero acababa en el parking del Visitor Center. Nos miramos y pensamos ¿cómo vamos a hacer otros 5 km.? ¡¡Dios!!!
Nos explicaron que lo suele hacer la gente es ir en dos coches y dejar un coche en cada parking. Nosotros éramos sólo dos y teníamos sólo un coche. Nuestros compañeros, estaban en la misma tesitura.
Con cara de pardillos empezamos la bajada pensando en cómo lo íbamos a hacer. Se nos ocurrió que si al llegar veíamos a alguien en el parking, siempre le podríamos pedir el favor de que nos acercara al otro. Pero para eso todavía teníamos que bajar e intentar no llegar muy tarde, para que aún tuviésemos posibilidades de encontrar gente.
Para colmo mi pierna empezó a molestarme. Aunque tampoco habíamos andado tanto, supongo que el calor no ayudó. Lo único que nos seguía haciendo disfrutar eran las magníficas vistas. En la foto siguiente el Mt. Shuksan y un trocito de Bagley Lakes.

Según íbamos bajando y se dejaba ver más, las orillas nos recordaron un poco a Yellowstone. ¡Seguro que recordáis esta foto!

Y justo antes de llegar al Visitor Center, una panorámica del valle que recorre el Bagley Creek.

Al llegar al Visitor Center, Anna y la otra chica se fueron para intentar localizar al Ranger para preguntarle si nos podría acercar hasta el parking superior. ¡¡¡Por favor, que diga que sí!!!
Y sí, les dijo que si esperábamos a las cuatro (hora en que cerraba el Visitor Center), nos acercaría sin problema. Menos mal, porque faltaban pocos minutos para esa hora y apenas quedaban coches en el parking.
Mientras esperábamos a nuestro amable “rescatador”, me dio por mirar mi pierna y ¡horror! Además de que los granos seguían teniendo un color morado nada bueno, se me había formado una ampolla gigante. ¡¡¡Creedme cuando digo que era gigante!!! Entre el calor, el roce de la zapatilla y el calcetín… la verdad es que no tenía buena pinta. Y además corría el riesgo de que, al explotarse, se infectara. ¡cagüentó!
Cuando el vino el Ranger, el marido de la fotógrafa y yo fuimos a buscar los coches y regresamos a por las chicas. ¡Un 12 para el Ranger!
Ya con nuestros respectivos coches, nos despedimos de nuestros compañeros de caminata y nos bajamos hasta la zona de Picture Lake. Aunque estábamos cansados y algo preocupados por el tema de mi pierna, no queríamos irnos de la zona sin despedirnos del Mt. Shuksan sin intentar alguna otra foto. Al fin y al cabo, habíamos venido hasta aquí por él, jejeje

Como el cielo estaba sin una nube pensamos que el atardecer sería igual que el día anterior y que no merecería la pena la espera (aún faltaban un par de horas), así que preferimos volver a la casa y descansar.
Para no aburriros con demasiados detalles, sólo os diré que menos mal que nos retiramos porque al llegar a la casa me empezó a subir la fiebre y lo pasé realmente mal.
*** Final del día 5 ***
.
