.
¡¡¡No imagináis las ganas que teníamos de que llegara este día!!!
Habíamos pasado el verano viendo como el resto de amigos se marchaban (y volvían) de vacaciones, pero por fin, era nuestro turno.
La noche anterior al viaje fue muy corta. Además somos de los que nos gusta facturar rápido el equipaje para luego tomar un café tranquilamente, así que poco antes de las 04:00h salimos de casa hacia Loiu (población donde se encuentra el aeropuerto de Bilbao). A pesar de llegar con bastante tiempo, ya había algunas personas en el mostrador de facturación. Cuando llegó nuestro turno facturamos el equipaje sin problemas y asegurándonos de que iría directamente hasta Seattle. Aunque parezca una tontería, en cuanto cumplimos este primer trámite es cuando nos dimos cuenta de que realmente empezaba la aventura.
La noche anterior al viaje fue muy corta. Además somos de los que nos gusta facturar rápido el equipaje para luego tomar un café tranquilamente, así que poco antes de las 04:00h salimos de casa hacia Loiu (población donde se encuentra el aeropuerto de Bilbao). A pesar de llegar con bastante tiempo, ya había algunas personas en el mostrador de facturación. Cuando llegó nuestro turno facturamos el equipaje sin problemas y asegurándonos de que iría directamente hasta Seattle. Aunque parezca una tontería, en cuanto cumplimos este primer trámite es cuando nos dimos cuenta de que realmente empezaba la aventura.


A la hora prevista, el Embraer E-190 de KLM enfiló la pista de despegue y nos puso rumbo a Ámsterdam. A los pocos minutos ya nos estaban dando de desayunar.

El vuelo se transcurrió sin problemas y poco antes de las 09:00h estábamos aterrizando en el aeropuerto internacional Schiphol de Ámsterdam.


Teníamos una hora y media hasta la salida de nuestro vuelo de Seattle y el equipaje facturado así que a priori no debíamos tener problemas con el tiempo asignado entre vuelo y vuelo. La sorpresa fue que, nos volvieron a sacar a la zona común del aeropuerto y tuvimos que volver a pasar el control de embarque y pasaporte, que conlleva tiempo. Pasado de nuevo el trámite, llegamos a nuestra puerta de embarque. Para nuestra sorpresa, y es la primera vez que nos lo hacen, nos fueron sacando de la fila y en una especie de mesa alta de bar con taburetes, nos hicieron una pequeña entrevista con media docena de preguntas relacionadas con el motivo de nuestro viaje a USA. Y los equipajes de mano, volvieron a pasar por las máquinas de rayos X. Pasamos sin problema, viendo desde los ventanales que ya nos esperaba el Airbus A330-200 de Delta Airlines.

El avión estaba bastante bien por dentro con la típica configuración de asientos 2-4-2 y con pantallas individuales para cada asiento. Como la reserva la hicimos con tiempo pudimos elegir la zona de ventanilla que además de permitirte sacar fotos durante el viaje (¡¡¡lo reconocemos, somos unos frikis de la fotografía y no podemos dejarla en la bolsa!!!) hace que no tengas que molestar (ni te molesten) cuando quieres levantarte para, por ejemplo, estirar las piernas.

Una cosa que nos hizo mucha gracia es que las instrucciones sobre las normas de seguridad en vez de darlas personalmente los asistentes de vuelo, la dieron mediante un vídeo muy gracioso en las propias pantallas. Podéis verlo completo en el siguiente vídeo:
Mientras perdíamos de vista la costa holandesa, pudimos ver esta bonita imagen. Un campo de generadores eólicos en la mitad del mar. No todos los días se tiene oportunidad de ver algo así.

Y cuando nos dimos cuenta, ya nos estaban trayendo la comida. Al contrario de lo que suele opinar la gente de la comida de avión, a nosotros no nos pareció que estuviera mal. Pollo en salsa con patatas y ensalada y un bollo dulce de postre.¡¡Será que somos de fácil conformar!!! jejejeje

Una de las cosas que nos sigue impresionando cada vez que cruzamos el ‘charco’ es la increíble estampa helada cuando se sobrevuela Groenlandia. Un par de fotos, pueden valer más que mil palabras.


Sobre las 11h30 (hora del pacífico), 20h30 hora de España, y tras unas 10 horas de vuelo estábamos aproximándonos a nuestro destino. La vista del Mt. Rainier por encima de las nubes nos hizo olvidar por un momento la paliza de avión que nos estábamos metiendo!!!!

Tras desembarcar, lo primero, el control de entrada en Estados Unidos. Al llegar a la sala donde estaban los policías vimos que había bastante gente (suponemos que por que coincidíamos varios vuelos), así que, nos lo tomamos en calma.
Cuando apenas teníamos media docena de personas delante, un policía que estaba organizando a la gente por los diferentes mostradores, nos comentó que si ya habíamos estado en Estado Unidos, podíamos ir directamente a las máquinas de validación automáticas, así que nos salimos de la cola.
Primero fue Anna y sin problemas. Le escaneó el pasaporte, le tomó las huellas y por último le sacó una foto. Al de unos pocos segundos, salió una especie de ticket con un OK. Mi turno: pasaporte, huellas, foto y… ¡¡error!! El ticket me decía que acceso denegado. Un escalofrío me recorrió el cuerpo… ¡si todavía no habíamos empezado el viaje!
Después de intentarlo por segunda vez y obtener el mismo resultado, buscamos ayuda y nos dijeron que tendríamos que pasar por las cabinas manuales. Al menos no nos hicieron volver a ponernos al final de la cola, porque la sala seguía llena. Tras las típicas preguntas, pudimos pasar. Sólo quedaba localizar nuestro equipaje.
En la sala de equipajes, localizamos la cinta que nos correspondía y ahí estaban nuestras maletas. ¡¡Prueba superada!! ¡¡Es ese miedo que te recorre el cuerpo mientras esperas y ves maletas pasar y pasar…….!!!!
Nos dirigimos a la salida y vimos que había una especie de lanzadera que te sacaba del aeropuerto y te dejaba en la zona donde se cogía el tren que nos llevaría al centro de Seattle. Lo que no sabíamos es que las maletas grandes (solo las de mano) no podían viajar en la lanzadera. Un hombre de color de 2 mts. de alto x 2 mts de ancho nos las quitó literalmente las manos y las puso en una cinta y nos “gritó” que siguiéramos adelante. Nos quedamos un poco descompuestos, pero supusimos que las maletas irían, a través de la cinta, al mismo lugar donde nos dejaría la lanzadera. El viaje apenas duró unos minutos y antes de dejar definitivamente el aeropuerto fuimos a por nuestras maletas (¡¡otra vez!!) Nos sorprendió bastante verlas, junto con muchas otras, en la mitad de una sala enorme con un montón de gente intentando recuperar su equipaje.
Tras escuchar una y otra vez por la megafonía de los aeropuertos, como un runrún, que no nos separáremos de nuestro equipaje, este sistema no nos pareció nada coherente con el mensaje difundido.
Bueno… ya estaba. Como no teníamos que recoger coche de alquiler, fuimos a la terminal del Central Link light rail, el tren que nos llevaría al centro de la ciudad. El tren tiene 12 paradas y el trayecto es de aprox. 40’. El precio del billete (ida): $2,75 por persona.
Cuando apenas teníamos media docena de personas delante, un policía que estaba organizando a la gente por los diferentes mostradores, nos comentó que si ya habíamos estado en Estado Unidos, podíamos ir directamente a las máquinas de validación automáticas, así que nos salimos de la cola.
Primero fue Anna y sin problemas. Le escaneó el pasaporte, le tomó las huellas y por último le sacó una foto. Al de unos pocos segundos, salió una especie de ticket con un OK. Mi turno: pasaporte, huellas, foto y… ¡¡error!! El ticket me decía que acceso denegado. Un escalofrío me recorrió el cuerpo… ¡si todavía no habíamos empezado el viaje!
Después de intentarlo por segunda vez y obtener el mismo resultado, buscamos ayuda y nos dijeron que tendríamos que pasar por las cabinas manuales. Al menos no nos hicieron volver a ponernos al final de la cola, porque la sala seguía llena. Tras las típicas preguntas, pudimos pasar. Sólo quedaba localizar nuestro equipaje.
En la sala de equipajes, localizamos la cinta que nos correspondía y ahí estaban nuestras maletas. ¡¡Prueba superada!! ¡¡Es ese miedo que te recorre el cuerpo mientras esperas y ves maletas pasar y pasar…….!!!!
Nos dirigimos a la salida y vimos que había una especie de lanzadera que te sacaba del aeropuerto y te dejaba en la zona donde se cogía el tren que nos llevaría al centro de Seattle. Lo que no sabíamos es que las maletas grandes (solo las de mano) no podían viajar en la lanzadera. Un hombre de color de 2 mts. de alto x 2 mts de ancho nos las quitó literalmente las manos y las puso en una cinta y nos “gritó” que siguiéramos adelante. Nos quedamos un poco descompuestos, pero supusimos que las maletas irían, a través de la cinta, al mismo lugar donde nos dejaría la lanzadera. El viaje apenas duró unos minutos y antes de dejar definitivamente el aeropuerto fuimos a por nuestras maletas (¡¡otra vez!!) Nos sorprendió bastante verlas, junto con muchas otras, en la mitad de una sala enorme con un montón de gente intentando recuperar su equipaje.
Tras escuchar una y otra vez por la megafonía de los aeropuertos, como un runrún, que no nos separáremos de nuestro equipaje, este sistema no nos pareció nada coherente con el mensaje difundido.
Bueno… ya estaba. Como no teníamos que recoger coche de alquiler, fuimos a la terminal del Central Link light rail, el tren que nos llevaría al centro de la ciudad. El tren tiene 12 paradas y el trayecto es de aprox. 40’. El precio del billete (ida): $2,75 por persona.

Una vez en el centro de Seattle y tras situarnos un poco con la dirección de las calles nos pusimos en camino a nuestro hotel que se encontraba a unas pocas manzanas, apenas 800 mts.
Hotel Best Western Loyal Inn
. Ubicación: muy céntrico a 10’ andando de la Space Needle
. Estado del hotel: edificación moderna, habitaciones bien cuidadas y amplias.
. Servicios: desayuno continental, wifi y parking gratuitos.
. Precio: $113 (2 personas)
. Trato recibido: correcto. Nos guardaron las maletas el último día mientras fuimos a recoger el coche de alquiler.
. Calificación: 8 sobre 10. Recomendable


Tras instalarnos y refrescarnos un poco, salimos a la calle en busca de una línea de bus que nos acercara hasta Kerry Park, desde donde sabíamos que había unas buenas vistas del skyline de Seattle.
Gracias a la información que nos proporcionaron en el hotel, nos acercamos a la tercera avenida donde cogimos un autobús de la línea D en dirección a Ballard que nos acercó bastante al parque.
Cuando llegamos, aunque todavía era de día comprobamos que era el típico lugar de reunión donde la gente iba a disfrutar del atardecer con el incomparable marco de los rascacielos de la ciudad, la Space Needle y el Mt. Rainier al fondo.
Gracias a la información que nos proporcionaron en el hotel, nos acercamos a la tercera avenida donde cogimos un autobús de la línea D en dirección a Ballard que nos acercó bastante al parque.
Cuando llegamos, aunque todavía era de día comprobamos que era el típico lugar de reunión donde la gente iba a disfrutar del atardecer con el incomparable marco de los rascacielos de la ciudad, la Space Needle y el Mt. Rainier al fondo.


A medida que fue oscureciendo, las vistas fueron cambiando y lo que nos había gustado en un principio, al irse encendiendo las luces de los edificios, nos pareció aún más bonito.

Eran las 20:30h, hora de Seattle, pero para nosotros eran las 5 de la madrugada. Llevábamos 25 horas levantados y ya empezábamos a notarlo.
Volvimos a hotel para que ver si descansábamos algo. ¿Cómo nos trataría nuestro amigo Jetlag?
Volvimos a hotel para que ver si descansábamos algo. ¿Cómo nos trataría nuestro amigo Jetlag?
* * * Final del día 1 * * *
Aunque yo no suelo tener problemas con el tema del cambio horario, Anna sí que lo suele pasar mal durante un par de días, pero esta vez no fue así. Tal vez se deba al uso de antifaz, pero la verdad es que dormimos como campeones hasta las 8 de la mañana. En cuanto nos preparamos, bajamos a desayunar, llevándonos una agradable sorpresa al ver que nos habían dejado el periódico colgado en la manilla de la puerta.
En el comedor habilitado para los desayunos había las típicas máquinas de café y zumo. Además hay fruta variada, bollería y lo que más nos gustó ¡una máquina para hacer gofres!
Tras desayunar tranquilamente, nos acercamos a la zona de la Space Needle. Junto a la famosa torre, se encuentra el EMP Museum, los jardines Chihuly y el Alweg Monorail. Un pequeño tren que va desde el Space Needle Center hasta el centro de la ciudad, La distancia que recorre es de apenas 1 milla (1,6 km) y el precio por viaje $2.25. Quizás un poco caro, pero no deja de ser un reclamo turístico.


Lo siguiente que hicimos fue ir a la zona del puerto donde se encuentra el famoso mercado de Pike Place y el primer Starbucks. Si, si… la primera tienda Starbucks se abrió en Seattle, en el año 1971.

Como no podía ser de otra manera, tomamos un café y compramos unos recuerdos (una mug y unas camisetas).

Seguido nos adentramos en las galerías del mercado. Un montón de puestos de frutas, verduras, flores y sobre todo, pescado. La verdad es que pasamos un buen rato, aunque a veces nos daba la impresión de que había demasiada gente.




El puesto más abarrotado era el famoso puesto de pescado Pike Place Fish Co. donde los “pescateros” se lanzan el pescado de un lado al otro del puesto una vez lo ha elegido el cliente mientras cantan una especie de grito de guerra. No es sólo un puesto de pescado, ¡¡¡¡¡ es todo un espectáculo digno de ver!!!! Aunque nosotros sólo pudimos sacar una foto de un pescado volando, en Youtube se pueden encontrar un montón de videos.

Pasado el mediodía, seguimos dando un paseo por la zona del puerto y llegamos hasta la noria. Siempre nos ha gustado ver las ciudades desde un punto de vista diferente así que nos animamos a darnos unas vueltas. El precio $15 por persona.



Al bajar decidimos que era buen momento para buscar un sitio para comer y encontramos uno que tenía buena pinta, Elliot’s Oyster House. Pedimos unos sándwiches con patatas y unos refrescos. $40
Por la tarde visitamos una de las grandes zonas verdes de la ciudad, el Arboretum Washington Park. Un lugar perfecto donde dar un paseo tranquilo entre de árboles de diferentes especies. Caminos señalizados y árboles identificados mediante carteles.
Por la tarde visitamos una de las grandes zonas verdes de la ciudad, el Arboretum Washington Park. Un lugar perfecto donde dar un paseo tranquilo entre de árboles de diferentes especies. Caminos señalizados y árboles identificados mediante carteles.

Aunque la entrada al parque es gratuita, la visita al Jardín Japonés cuesta $6 por persona y como el de San Francisco nos gustó tanto, decidimos visitarlo. A pesar de no estar mal, comparado con el de San Francisco, este nos gustó bastante menos.


Rozando la hora de cierre, acabamos la visita y regresamos al centro de la ciudad. Hicimos unas comprillas y acabamos cenando en un puesto de comida japonesa dentro del centro comercial donde se encuentra la terminal del monorraíl, el Westlake Lake Center Station.

A pesar de que Seattle tiene reputación de ser una ciudad muy lluviosa, en los tres días que pasamos allí sólo llovió durante la cena de este día (aunque para ser sinceros cayeron chuzos de punta
)
*** Final del día 2 ***
Pasados unos minutos de las 7:30h ya estábamos desayunando en el comedor del hotel. Queríamos subir pronto a la Space Needle por dos motivos: casi seguro que habría menos gente y además el sol todavía no estaría muy arriba para poder sacar buenas fotos de la ciudad.

Cuando llegamos aún no eran las 9:00h y la taquilla estaba cerrada, aunque ya había gente esperando para sacar la entrada. Con escrupulosa puntualidad abrieron la taquilla y pudimos sacar nuestras entradas. Como queríamos ver también la ciudad por la noche, sacamos la entrada combinada que permite subir dos veces en el mismo día. El precio por persona de esta modalidad $31.

Como os podéis imaginar, desde lo alto de la Space Needle la ciudad tiene un aspecto totalmente diferente de cuando se recorre a pie. Además, como las vistas son de 360° se tiene una visión general de toda la ciudad. En la primera foto, y mirando hacia el sureste, el centro financiero de la ciudad con sus rascacielos.

Mirando hacia el noreste el Union Lake, con el Ship Canal Bridge al fondo. Al estar en mitad de la ciudad el es utilizado para activides recreativas (sobre todo Kayak) durante los meses de verano.

El puerto de Seattle es uno de los mayores puertos de Estados Unidos en cuanto a número de contenedores transportados.

Aprovechamos también para sacar unos detalles de la ciudad. El monorraíl en dirección a Westlake y el reflejo en algunos rascacielos acristalados.

Por último localizamos Kerry Park, desde donde el primer día sacamos las fotos del atardecer. Pudimos comprobar que por las mañanas, está mucho menos concurrido que por las tardes…

Antes de bajar, aprovechamos para tomar un hot chocolate en la cafetería de la torre. Conocimos a un matrimonio con dos hijas pequeñas. La mujer era colombiana y las niñas sabían un poco de español. Pasamos un buen rato hablando de Estados Unidos y de España (y haciendo el tonto con las crías, claro…).
Como no podía ser de otra manera y una vez abajo, hicimos una visita a la tienda que hay en la base de la torre para comprar unos recuerdos.
El resto de la mañana la pasamos callejeando un poco por el centro de la ciudad y volvimos al Pike Place Market para pasar por unos puestos que habíamos visto el día anterior y donde Anna había visto unas cosas que le venían muy bien como attrezzo para sus fotos de bebés.
Como no podía ser de otra manera y una vez abajo, hicimos una visita a la tienda que hay en la base de la torre para comprar unos recuerdos.
El resto de la mañana la pasamos callejeando un poco por el centro de la ciudad y volvimos al Pike Place Market para pasar por unos puestos que habíamos visto el día anterior y donde Anna había visto unas cosas que le venían muy bien como attrezzo para sus fotos de bebés.


Entre una cosa y otra nos dieron las dos de la tarde y pensamos que no nos apetecía andar buscando un sitio para comer, así que repetimos en el centro comercial del monorraíl.

Después de comer, cogimos un autobús para ir a hasta Chinatown. Por la mañana habíamos comprado un pase de día que servía para todo el trasporte público, así que no tuvimos que pagar nada. Si tienes pensado coger un par de autobuses durante el día, merece la pena.
De Chinatown sólo podemos decir que nos decepcionó un poco. De nuevo, fue inevitable la comparación con San Francisco donde había mucho ambiente y movimiento. Aquí las calles estaban vacías, poco ambiente y sin apenas decoración.
De Chinatown sólo podemos decir que nos decepcionó un poco. De nuevo, fue inevitable la comparación con San Francisco donde había mucho ambiente y movimiento. Aquí las calles estaban vacías, poco ambiente y sin apenas decoración.


Como no vimos nada que nos llamara la atención, cogimos el bus de vuelta al centro de la ciudad. No teníamos nada planificado hasta el atardecer cuando volveríamos a subir a la Space Needle, así que hicimos un poco de turismo por el centro mientras se hacía la hora (comprillas y esas cosas, ya sabéis…).
Sobre las seis y media de la tarde nos fuimos acercando a la zona de la torre. Aunque no había aglomeraciones para subir, sí que se notaba mucho más movimiento que por la mañana.
Una vez arriba, elegimos el sitio que nos pareció el mejor para fotografiar el atardecer y esperamos a que la luz fuera bajando. A medida que el tiempo iba pasando, la luz cambiaba rápidamente y hacía que la ciudad pareciera totalmente diferente.
Sobre las seis y media de la tarde nos fuimos acercando a la zona de la torre. Aunque no había aglomeraciones para subir, sí que se notaba mucho más movimiento que por la mañana.
Una vez arriba, elegimos el sitio que nos pareció el mejor para fotografiar el atardecer y esperamos a que la luz fuera bajando. A medida que el tiempo iba pasando, la luz cambiaba rápidamente y hacía que la ciudad pareciera totalmente diferente.


Y minutos después de que el sol se escondiera por el horizonte, las luces de los rascacielos empezaron a destacar contrastando con el típico tono del cielo en la hora azul.

A los que os guste la fotografía sabréis que este momento apenas dura unos minutos, así que cuando el cielo se tiño de negro, recogimos y nos dispusimos a bajar. Eso sí, antes dejamos constancia de nuestra visita. Cenamos en un McDonald's que nos pillaba de camino al hotel y está al lado de la Space Needle.


De vuelta en el hotel y ya en la habitación, me di cuenta de que en la zona del tobillo izquierdo me había salido como una especie de alergia en forma granos pequeñitos y que a ratos picaban bastante.
No le quise dar mayor importancia y pensé que tras descansar toda la noche, a la mañana se me habría quitado.
No le quise dar mayor importancia y pensé que tras descansar toda la noche, a la mañana se me habría quitado.
*** Final del día 3 ***
El cuarto día de nuestro viaje amaneció bastante despejado y con muy buena temperatura (rozando los 15°C). El planning del día era recoger el coche de alquiler y dirigirnos hacia el Mt. Baker-Snoqualmie National Forest, al norte del estado de Washington, muy cerquita de la frontera con Canadá. A mitad de camino, en la ciudad de Everett, la factoría de Boeing y nuestra intención, si andábamos bien de tiempo, era visitarla.
Al revisar la pierna vimos que no sólo no se habían quitado los granos sino que la zona se había ampliado y tenía un color morado bastante alarmante. Recordamos que en 2012, un par de meses antes de viajar a Austria, me pasó algo similar. En aquella ocasión creo recordar que el médico me dio una pomada antibiótica, pero claro ahora estábamos en Estados Unidos.
Después de desayunar y mientras se hacía la hora de recoger el coche de alquiler, nos acercamos a una farmacia a ver si nos podían ayudar. La verdad es que la cara de chica que nos atendió era un poema cuando vio la pierna. Nos dijo que no sabía lo que podía ser y que lo mejor sería que fuéramos a un médico para que lo viera. Como en 2012 me dio algo de fiebre, aprovechamos y compramos un termómetro y unos paracetamoles para tener controlada la temperatura.
La recogida del coche de alquiler la teníamos programada para las once de la mañana, así que nos fuimos acercando a la oficina que tiene Álamo en la tercera avenida. La verdad es que fue todo bastante rápido y al contrario de lo que se suele contar por ahí, a nosotros no nos intentaron vender seguros adicionales ni cosas que no necesitábamos.
Como ya dijimos al principio del diario, el coche que nos dieron fue un Nissan Rogue que a priori tenía buena pinta. No era el Ford Explorer que tuvimos en 2011 con asientos calefactados, pero aun así éste tenía radio vía satélite con conexión para dispositivos USB.
En cuanto nos entregaron el coche, volvimos a recoger las maletas al hotel (nos las habían guardado amablemente) y nos pusimos en marcha. Como el alquiler no incluía el depósito de gasolina en origen, lo primero que hicimos fue llenar el depósito en una gasolinera cercana ($4,10/galón x 14,89 galones = $61).
La distancia entre el centro de Seattle y la Boeing es de apenas 40 kilómetros, así que, en algo más de media hora estábamos allí.
Al revisar la pierna vimos que no sólo no se habían quitado los granos sino que la zona se había ampliado y tenía un color morado bastante alarmante. Recordamos que en 2012, un par de meses antes de viajar a Austria, me pasó algo similar. En aquella ocasión creo recordar que el médico me dio una pomada antibiótica, pero claro ahora estábamos en Estados Unidos.
Después de desayunar y mientras se hacía la hora de recoger el coche de alquiler, nos acercamos a una farmacia a ver si nos podían ayudar. La verdad es que la cara de chica que nos atendió era un poema cuando vio la pierna. Nos dijo que no sabía lo que podía ser y que lo mejor sería que fuéramos a un médico para que lo viera. Como en 2012 me dio algo de fiebre, aprovechamos y compramos un termómetro y unos paracetamoles para tener controlada la temperatura.
La recogida del coche de alquiler la teníamos programada para las once de la mañana, así que nos fuimos acercando a la oficina que tiene Álamo en la tercera avenida. La verdad es que fue todo bastante rápido y al contrario de lo que se suele contar por ahí, a nosotros no nos intentaron vender seguros adicionales ni cosas que no necesitábamos.
Como ya dijimos al principio del diario, el coche que nos dieron fue un Nissan Rogue que a priori tenía buena pinta. No era el Ford Explorer que tuvimos en 2011 con asientos calefactados, pero aun así éste tenía radio vía satélite con conexión para dispositivos USB.
En cuanto nos entregaron el coche, volvimos a recoger las maletas al hotel (nos las habían guardado amablemente) y nos pusimos en marcha. Como el alquiler no incluía el depósito de gasolina en origen, lo primero que hicimos fue llenar el depósito en una gasolinera cercana ($4,10/galón x 14,89 galones = $61).
La distancia entre el centro de Seattle y la Boeing es de apenas 40 kilómetros, así que, en algo más de media hora estábamos allí.

Aunque recomiendan reservar la visita, como no sabíamos cómo íbamos a andar de tiempo, nos presentamos en la taquilla y preguntamos a ver si había sitio en la siguiente visita. Nos dijeron que sin problema, así que sacamos las entradas para la visita de la 1 del mediodía. El precio de la entrada, $20 y dura aproximadamente 1 hora y media.
A pesar de que ya estábamos avisados (había mirado la página web), en el parte de atrás de la entrada ponía que además de no estar permitido sacar fotos ni grabar en video durante la visita, tampoco estaba permitido meter ningún tipo de efecto personal tipo bolsos, mochilas, etc. Suponemos que es por temas de seguridad, pero aun así, nos pareció un poco radical. Tampoco móviles (te los hacen apagar).
La visita comenzó en un auditorio donde primeramente nos explicaron las normas de seguridad que se tenían que cumplir mientras durara la visita e insistieron en que estaba prohibido acceder a las instalaciones con cualquier tipo de dispositivo electrónico. A continuación un pequeño video con la historia de la compañía y seguido montamos en dos minibuses que nos llevarían hasta los hangares de fabricación. Siempre de la mano de la guía recorrimos diferentes puntos de la fábrica y pudimos ver in-situ la fabricación de, por ejemplo, un 747 y también de la joya de Boeing, el 787 Dreamliner.
Al finalizar la visita, dimos una vuelta por la tienda y un pequeño museo donde se pueden ver despieces de motores y cosas así. Para acabar subimos a la terraza desde donde se puede ver (a lo lejos) los hangares y también una pista de despegue desde donde salen los aviones para hacer los vuelos de prueba. Desde la terraza sí que se pueden sacar fotos. Aquí podéis ver el mastodóntico avión de transporte, el 747-Dreamlifter, la pista de pruebas con el Mt. Rainier al fondo, los hangares de construcción y por último un avión de Turkish Airlines haciendo las últimas pruebas antes de ser entregado a la compañía.
A pesar de que ya estábamos avisados (había mirado la página web), en el parte de atrás de la entrada ponía que además de no estar permitido sacar fotos ni grabar en video durante la visita, tampoco estaba permitido meter ningún tipo de efecto personal tipo bolsos, mochilas, etc. Suponemos que es por temas de seguridad, pero aun así, nos pareció un poco radical. Tampoco móviles (te los hacen apagar).
La visita comenzó en un auditorio donde primeramente nos explicaron las normas de seguridad que se tenían que cumplir mientras durara la visita e insistieron en que estaba prohibido acceder a las instalaciones con cualquier tipo de dispositivo electrónico. A continuación un pequeño video con la historia de la compañía y seguido montamos en dos minibuses que nos llevarían hasta los hangares de fabricación. Siempre de la mano de la guía recorrimos diferentes puntos de la fábrica y pudimos ver in-situ la fabricación de, por ejemplo, un 747 y también de la joya de Boeing, el 787 Dreamliner.
Al finalizar la visita, dimos una vuelta por la tienda y un pequeño museo donde se pueden ver despieces de motores y cosas así. Para acabar subimos a la terraza desde donde se puede ver (a lo lejos) los hangares y también una pista de despegue desde donde salen los aviones para hacer los vuelos de prueba. Desde la terraza sí que se pueden sacar fotos. Aquí podéis ver el mastodóntico avión de transporte, el 747-Dreamlifter, la pista de pruebas con el Mt. Rainier al fondo, los hangares de construcción y por último un avión de Turkish Airlines haciendo las últimas pruebas antes de ser entregado a la compañía.




Sobre las 4 de la tarde nos volvimos a poner en ruta. Nos quedaban todavía aprox. 2 horas hasta el B&B donde pasaríamos los dos siguientes días. Nada más ponernos en camino, paramos en el primer sitio donde vimos que podríamos comer algo.
Pasadas las 6 de tarde llegamos a Winter Creek B&B, una casa unifamiliar que estaba en mitad del bosque.
Pasadas las 6 de tarde llegamos a Winter Creek B&B, una casa unifamiliar que estaba en mitad del bosque.
. Ubicación: en el medio de un bosque. Ideal si se busca tranquilidad.
. Estado de la casa: estilo rústico, habitaciones muy bien cuidadas
. Servicios: desayuno completo, wifi y parking gratuitos.
. Precio: $122 (2 personas)
. Trato recibido: muy bueno y muy familiar
. Calificación: 9 sobre 10. Muy recomendable



La mayoría de vosotr@s os preguntaréis porqué hicimos esta parada de un par de días antes de cruzar a Canadá. La historia es simple o curiosa, o las dos cosas a la vez. A mi suegro Martín, el padre de Anna, le encanta hacer puzles y hace tiempo el regalamos uno de un paisaje de montaña que estaba en las Rocky Mountains de Estados Unidos. Pues bien, mientras preparábamos este viaje nos dio por mirar donde estaba la montaña que aparecía en el puzle y ¡qué casualidad! nos quedaba de paso de camino a la frontera de Canadá. Algo parecido nos pasó en nuestro viaje a la Costa oeste en 2011 cuando nos bajamos hasta Sedona para fotografiar un paisaje desértico que tenemos colgado en el salón de nuestra casa. Podéis ver la foto aquí.
Sin tiempo si quiera para sacar las maletas del coche, nos fuimos en busca de la foto. A principio del mes de septiembre el atardecer era aprox. a las 7 y media, así que todavía podíamos llegar para intentar localizar un buen sitio.
Habíamos buscado mucha información del lugar así que no nos costó encontrarlo. Una vez allí, sólo tuvimos que esperar al momento en que el sol tiñó de color rojo la cima nevada del Mt. Shuksan reflejada en Picture Lake.
Sin tiempo si quiera para sacar las maletas del coche, nos fuimos en busca de la foto. A principio del mes de septiembre el atardecer era aprox. a las 7 y media, así que todavía podíamos llegar para intentar localizar un buen sitio.
Habíamos buscado mucha información del lugar así que no nos costó encontrarlo. Una vez allí, sólo tuvimos que esperar al momento en que el sol tiñó de color rojo la cima nevada del Mt. Shuksan reflejada en Picture Lake.

Cuando el sol se fue, la temperatura bajó rápidamente hasta los 10°C, así que recogimos las cámaras y volvimos a la casa. Además mi pierna me estaba empezando a molestar y sentía que tenía algo de fiebre.
* * * Fin del día 4 * * *
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