Nuestro último día completo lo dividimos en dos partes. Por la mañana estuvimos en Venice, continuación por la costa de la playa de Santa Mónica, y uno de los lugares más auténticos de todo Los Angeles. Allí es donde está situada la famosa Muscle Beach, o lo que es lo mismo, gimnasios al aire libre donde los cachitas de la ciudad hacen pesas a la vista de todos.

Pero no solo eso. Por allí puedes ver todo tipo de personas. Artistas callejeros, gente que anda por la calle con una serpiente anudada al cuello, skaters, ciclistas y todos ellos en cierta armonía.



Una zona imprescindible de Venice, que además da nombre al lugar, es la que alberga los canales. Está a diez minutos andando del paseo marítimo y supone un gran contraste, tanto por su inesperada belleza como por su tranquilidad.

Por la tarde, estuvimos viendo el Downtown de Los Angeles. Es la zona más antigua de la ciudad, que hoy en día coexiste con el distrito financiero. La verdad, no sé si ya estábamos saturados de viaje, pero no fue de los sitios que más nos gustaron del viaje, más allá de su valor histórico.
Y de allí fuimos a la zona de Beverly Hills y a pasear junto al pijerío de Rodeo Drive. Nos pasó un poco lo mismo que con el Downtown. O bien ya estábamos con la cabeza de vuelta en España... o no es ni de lejos comparable con las múltiples maravillas que habíamos visto antes... Creo que va a ser lo segundo.


Y nada, al día siguiente volvimos a España... A pasar calor y a echar de menos todo lo que habíamos vivido durante las tres semanas previas.
Sin duda alguna, el viaje de nuestras vidas.