Os parecerá broma pero el tema de la avioneta sobre las Líneas de Nazca me había dejado sin pegar ojo desde hacia un mes!!
Cuando planteas un viaje a Perú resulta una visita obligada pero sinceramente, no estaba convencida del todo y fueron muchas horas de debate en casa con mi querido esposo para convencerme.
Me había leído todos los foros y mensajes contando la experiencia de la avioneta pero leer que el Ministerio de Asuntos Exteriores "desaconseja vivamente el sobrevuelo de las líneas de Nazca en avionetas turísticas"... pues no era desde luego reconfortante ni mucho menos!!!
Así que ahí me tenéis con un nudo en la tripa cada vez que pensaba en la dichosa avioneta
Ese día nos levantamos supertremprano porque teníamos el vuelo a las 8:00 con la compañía Aeromoche.
No pude desayunar casi nada porque tenía el "estómago cerrado" así que un zumito de naranja y punto.
El que sería nuestro chófer durante todo el día nos recogió en el hotel y nos acercó al aeródromo. En el parking no había coches y parecía que fuesemos los primeros turistas en llegar.
Tocaba esperar a que nos avisaran para montarnos
Sentados frente a las taquillas de las compañías, los nervios no desaparecen
El lugar es bastante pequeño y los medios materiales que se veían distaban mucho de ser de calidad...

Al rato apareció un tipo enchaquetado que parecía un azafato de vuelo acompañado de un jovencito con cara de sueño que llevaba un maletín. El azafato se pone en el mostrador y nos indica que pasemos.
Allí mismo coge nuestros datos, nos pesa en una báscula y pregunta nuestra edad. Me ataca una risa nerviosa incontrolable. ¿Para qué nos pregunta la edad?¿Para identificar los cadáveres...?
Nos dieron unas indicaciones de seguridad y un plano de las líneas con el recorrido que vamos a ver: el colibrí, el mono, la araña... El vuelo duraría una 1/2 hora.
Pasamos el control de seguridad con pasaporte y todo. Y allá que vamos directos a la avioneta.
Cual no fue mi sorpresa que el azafato se monta también con nosotros. Era el copiloto!!! Y os acordáis del jovencito con cara de sueño??? pues...era el piloto!!!!
Ayyy, mi madreeee...si los dos podrían ser mis hijos
Compartiamos la avioneta con una pareja de franceses que se sentaron detrás. Todos teníamos cara de susto...
Nos ponen unos auriculares y nos explican que aquello puede moverse mucho, que tenemos que tener cuidado cuando miremos por la ventanilla para no marearnos
Primero nos dirán dónde tenemos que mirar y luego giramos la cabeza hacia ese lado. En fin, parece fácil pero la avioneta era un "Simca 1000 con alas"
Despega....
Tras un primer susto en el despegue aquello empieza a elevarse y vamos viendo el suelo cada vez más pequeñito. Por suerte a esa hora de la mañana no hay corrientes de aire caliente que muevan la avioneta, así que me voy tranquilizando.
El azafato viendo mi carita de miedito me habla constantemente por los auriculares preguntándome cómo estoy. Yo sonrío con cara de póker pero en unos minutos se me pasa el nudo en el estómago y comienzo a DISFRUTARRRRR....QUE PASADA!!!! INCREÍBLE!!!!
Vimos todas las líneas: la araña, el colibrí, el mono, la ballena, el astronauta... Y eso que por lo visto es bastante difícil conseguirlo. El día era muy claro y se distinguían perfectamente aunque las fotos no salieron muy bien.
Después de un rato el susto se me había pasado por completo y parecía que llevaba toda la vida montada en una avioneta. Me alegra que al final pudiera superar el miedo porque fue una de las experiencias más inolvidables de nuestro viaje.
Recomendable 100%!!A la salida del aeródromo nos esperaba el guía que se sorprendió al verme la cara de felicidad que llevaba después de ver el susto de por la mañana...jajajaja...
Como era temprano, nos planteó llevarnos al centro ceremonial de Cahuachi que estaba a 28 km al norte de Nazca. No estaba en un principio programado y la idea nos pareció genial.
Era estudiante de la universidad y se sentía muy orgulloso de pertenecer a una cultura milenaria como la nazca así que nos contó cosas muy interesantes que no sabíamos sobre ella.
Por el camino nos desviamos para ver algunas tumbas saqueadas y un árbol centenario enorme.
Cahuachi me encantó porque no esperaba encontrarme con esa enorme pirámide en medio del desierto. El guía nos explicó con todo detalle los últimos descubrimientos arqueológicos de la zona, que supera varias hectáreas, y su relación con las Lineas de Nazca.
Se lamentaba que la mayoría de los turistas no dejaran tiempo suficiente para ver Cahuachi y perdían así la oportunidad de comprender mejor el significado de las líneas.
De regreso a la ciudad de Nazca decidimos aprovechar el día y visitar el Museo Antonioni donde exhiben una interesante colección de arte, restos arqueológicos, cabezas de momias y tejidos nazcas que personalmente me encantó.
Está a unos 30 minutos a pie de la calle principal, no tiene pérdida, pero hay que tener paciencia porque parece que nunca llegas al sitio y tienes que pasar por varias cuadras deshabitadas. Hay un cartel en la fachada y tienes que llamar a la puerta porque parece más una casa que un museo. Dentro hay un pequeño patio y la visita la haces por tu cuenta.
Ese día eramos los únicos turistas
De regreso el hambre empieza a notarse y buscamos un restaurante en la calle principal, que era la que tenía más vida a esa hora. Comimos en la terraza superior del "Mamashana" que tenía un balconcito con vistas muy agradable. La comida no estuvo mal y por lo menos nos repuso de tantas emociones.
A las 15:00 teniamos que coger el buscama hacia Arequipa. De nuevo una ruta "peligrosa" que no podíamos evitar.
Eran 9'30 horas de viaje así que llegaríamos a medianoche. Esta vez fuimos con la compañîa Oltrusa, que me pareció más cutre que Cruz del Sur.
Antes de partir tuvimos un pequeño indicente con los billetes. El guía que nos recogió era muy poco profesional y además de llegar tarde, nos dió los billetes equivocados. Como ya habiamos viajado en asientos VIPs, sabiamos que eran en la parte del abajo del bus pero la azafata decía que eran arriba
Tras un rato de discusión, comprobamos que los billetes no eran los nuestros y que efectivamente, ibamos en la parte baja. Uuuuuf!! menos mal que pudimos aclararlo porque me veía en la estación tirada durante horas.
En este caso los asientos eran más viejunos y menos cómodos pero no había otra opción.
Con la maleta a buen recaudo bajo nuestros pies y los bolsos bien atados, nos dispusimos a descansar.
P.D: Según habíamos leído en los bus nocturnos a veces se hacen paradas y podrían producirse robos mientras los viajeros están durmiendo.
Así que con un ojo abierto y otro cerrado comenzamos el viaje. El paisaje desde la ventanilla era fantástico, pequeños pueblos de carretera, gente local haciendo sus labores, el desierto,... las horas iban pasando lentamente.
Recordando todo lo que habíamos vivido ese día, el sueño se apoderó de nosotros.
La siguiente parada era Arequipa, la ciudad blanca, donde ibamos a conocer por fin a Verónica, la dueña de la agencia.