Hoy nos levantamos a las 07:00, desayunamos y a las 07:30 nos pasan a recoger para llevarnos al muelle.
Embarcamos en nuestra lancha y a las 08:00 en punto iniciamos la navegación hacia nuestro primer destino, las islas flotantes de los Uros, una etnia de la zona que viven en unas islas flotantes en medio del lago, y que están hechas con una especie de junco que allí llaman TOTORA. Estas islas no miden más de 100 x 100 mts, y en ellas viven entre tres y seis familias. Construyen sus islas cortando la Totora desde su base en el fondo del lago, que tiene una media de tres metros de profundidad en esa zona y la van colocando en capas trenzadas, una encima de otra, consiguiendo con ello darle una altura a las islas de unos 50 cms.
Como la parte inferior de las islas, por el contacto con el agua se va descomponiendo, cada 15 días deben renovar la superficie de sus islas con una capa nueva de Totora.
Para que las islas no se muevan y vayan a la deriva por el lago, con las raíces de las Totoras y la tierra donde están pegadas hacen una especie de contrapesos que depositan en el fondo, les clavan unos palos de madera y atan las islas con cuerdas a estos "anclajes", rústicos pero efectivos.
El modo de vida de los Uros incluye la pesca y la caza y como no, la venta de artesanía, según ellos hecha de manera artesanal por ellos mismos en sus islas. Habrá que creérselo pero el montaje que tienen de cara al turismo hace pensar lo contrario, pero es igual, la forma de vida de estos hombres, mujeres y niños es especialmente dura y complicada y después de la hospitalidad que muestran y la ilusión con la nos invitan a sus simples chozas nos libera de cualquier prejuicio que podamos tener al respecto.
Al desembarcar en la isla que nos llevaron, la de "SUMA SAFY", nos recibe el "jefe " de la misma, Carlitos, el cual nos explica todo lo que hemos contado anteriormente. El y su mujer nos invitan a su casa y responden a todas las preguntas que nuestra curiosidad les plantea. También nos ofrecen productos de artesanía del los cuales compramos unos cuantos.
Nos dejan pasear por la isla y todo se mueve bajo nuestros pies. Nos da una sensación rara, como como de ingravidez.
Finalmente y por 2,5 EUROS más por persona, nos dan un paseo en una barca hecha toda ella de Totora y nos llevan a una isla más grande donde hay unas cuantas tiendas de artesanía, bares y servicios higiénicos.
La experiencia adquirida hoy durante la visita a estas islas ha sido muy agradable y sobre todo, muy enriquecedora. Al igual que el año pasado, pudimos comprobar que las comodidades del mundo moderno en que vivimos no llegan a todas partes y hay gente que vive sin tener acceso a dichas comodidades y, a pesar de de ello viven sus vidas de un modo totalmente diferente al nuestro, mucho más sencillo, en contacto directo con la naturaleza y con un grado de adaptación a las condiciones de esta inimaginable para nosotros.
Finalizamos la visita, nos montamos en la lancha rápida y nos vamos a nuestra próxima visita, la isla de Taquile, en medio del lago, donde vive una comunidad indígena muy peculiar, con sus propias costumbres y usos diferenciados del resto de habitantes de la zona.
La inmensidad del lago Titicaca es abrumadora, la atmósfera está súper limpia y la visibilidad es de más de 200 kms. Al fondo podemos ver las cumbres nevadas de las montañas de los Andes, al Este las de Perú y al Oeste las de Bolivia.
En una hora de plácida navegación llegamos al puerto de la parte posterior de la isla y para subir a la parte alta de la misma hay un par de rampas, largas y empinadas y que se nos hacen muy duras y nos obligan a hacer un par de paradas para coger aire, no en vano estamos a 3.800 mts. s.n.m. y por suerte este ha sido el único síntoma que hemos tenido desde que llegamos a Cusco (3.400 mts. s.n.m.).
Llegamos a una casa que tiene un patio enorme, donde hay dos mesas grandes y unos bancos para sentarse. El guía nos dice que hemos llegado al restaurante para comer, nos sentamos y de primero comemos una sopa de verduras que está muy buena y de segundo hay trucha del lago hecha a la plancha, con una buena guarnición, que también está muy buena. La carne de esta trucha, en lugar de tener el color rosado de las que comemos aquí, tiene un color casi blanco. La comida estaba incluida en el precio de la excursión y lo único que hemos tenido que pagar a parte han sido las bebidas
Después de comer los dueños de la casa restaurante nos muestran como es la vida en la isla, que se basa en una autosuficiencia prácticamente total, por lo que dependen muy poco del exterior y el porqué de sus vestimentas y sus costumbres. Finalmente nos enseñan a bailar sus danzas típicas, pasando una sobremesa muy agradable y entretenida.
Para regresar a Puno tenemos que ir andando hasta el otro puerto de la isla por un sendero bastante más largo pero mucho menos empinado. Una vez en el puerto embarcamos y salimos hacia la ciudad en otro plácido viaje. Llegamos al puerto y nos llevan hasta la plaza de armas. Final de la aventura. Otro día emocionante y otra experiencia excepcional en nuestras vidas.
Ya de noche, en una agencia de actividades de aventura de la zona turística contratamos la última excursión de nuestro viaje, la visita a las Chulpas de Sillustani, a unos 40 kms. de Puno y que es un complejo de torres funerarias en una meseta al lado de la laguna Umayo. Esta excursión nos costó, a los dos, 33,5 EUROS, con el transporte, el guía y las entradas al sitio incluidos.
Embarcamos en nuestra lancha y a las 08:00 en punto iniciamos la navegación hacia nuestro primer destino, las islas flotantes de los Uros, una etnia de la zona que viven en unas islas flotantes en medio del lago, y que están hechas con una especie de junco que allí llaman TOTORA. Estas islas no miden más de 100 x 100 mts, y en ellas viven entre tres y seis familias. Construyen sus islas cortando la Totora desde su base en el fondo del lago, que tiene una media de tres metros de profundidad en esa zona y la van colocando en capas trenzadas, una encima de otra, consiguiendo con ello darle una altura a las islas de unos 50 cms.
Como la parte inferior de las islas, por el contacto con el agua se va descomponiendo, cada 15 días deben renovar la superficie de sus islas con una capa nueva de Totora.
Para que las islas no se muevan y vayan a la deriva por el lago, con las raíces de las Totoras y la tierra donde están pegadas hacen una especie de contrapesos que depositan en el fondo, les clavan unos palos de madera y atan las islas con cuerdas a estos "anclajes", rústicos pero efectivos.
El modo de vida de los Uros incluye la pesca y la caza y como no, la venta de artesanía, según ellos hecha de manera artesanal por ellos mismos en sus islas. Habrá que creérselo pero el montaje que tienen de cara al turismo hace pensar lo contrario, pero es igual, la forma de vida de estos hombres, mujeres y niños es especialmente dura y complicada y después de la hospitalidad que muestran y la ilusión con la nos invitan a sus simples chozas nos libera de cualquier prejuicio que podamos tener al respecto.
Al desembarcar en la isla que nos llevaron, la de "SUMA SAFY", nos recibe el "jefe " de la misma, Carlitos, el cual nos explica todo lo que hemos contado anteriormente. El y su mujer nos invitan a su casa y responden a todas las preguntas que nuestra curiosidad les plantea. También nos ofrecen productos de artesanía del los cuales compramos unos cuantos.
Nos dejan pasear por la isla y todo se mueve bajo nuestros pies. Nos da una sensación rara, como como de ingravidez.
Finalmente y por 2,5 EUROS más por persona, nos dan un paseo en una barca hecha toda ella de Totora y nos llevan a una isla más grande donde hay unas cuantas tiendas de artesanía, bares y servicios higiénicos.
La experiencia adquirida hoy durante la visita a estas islas ha sido muy agradable y sobre todo, muy enriquecedora. Al igual que el año pasado, pudimos comprobar que las comodidades del mundo moderno en que vivimos no llegan a todas partes y hay gente que vive sin tener acceso a dichas comodidades y, a pesar de de ello viven sus vidas de un modo totalmente diferente al nuestro, mucho más sencillo, en contacto directo con la naturaleza y con un grado de adaptación a las condiciones de esta inimaginable para nosotros.
Finalizamos la visita, nos montamos en la lancha rápida y nos vamos a nuestra próxima visita, la isla de Taquile, en medio del lago, donde vive una comunidad indígena muy peculiar, con sus propias costumbres y usos diferenciados del resto de habitantes de la zona.
La inmensidad del lago Titicaca es abrumadora, la atmósfera está súper limpia y la visibilidad es de más de 200 kms. Al fondo podemos ver las cumbres nevadas de las montañas de los Andes, al Este las de Perú y al Oeste las de Bolivia.
En una hora de plácida navegación llegamos al puerto de la parte posterior de la isla y para subir a la parte alta de la misma hay un par de rampas, largas y empinadas y que se nos hacen muy duras y nos obligan a hacer un par de paradas para coger aire, no en vano estamos a 3.800 mts. s.n.m. y por suerte este ha sido el único síntoma que hemos tenido desde que llegamos a Cusco (3.400 mts. s.n.m.).
Llegamos a una casa que tiene un patio enorme, donde hay dos mesas grandes y unos bancos para sentarse. El guía nos dice que hemos llegado al restaurante para comer, nos sentamos y de primero comemos una sopa de verduras que está muy buena y de segundo hay trucha del lago hecha a la plancha, con una buena guarnición, que también está muy buena. La carne de esta trucha, en lugar de tener el color rosado de las que comemos aquí, tiene un color casi blanco. La comida estaba incluida en el precio de la excursión y lo único que hemos tenido que pagar a parte han sido las bebidas
Después de comer los dueños de la casa restaurante nos muestran como es la vida en la isla, que se basa en una autosuficiencia prácticamente total, por lo que dependen muy poco del exterior y el porqué de sus vestimentas y sus costumbres. Finalmente nos enseñan a bailar sus danzas típicas, pasando una sobremesa muy agradable y entretenida.
Para regresar a Puno tenemos que ir andando hasta el otro puerto de la isla por un sendero bastante más largo pero mucho menos empinado. Una vez en el puerto embarcamos y salimos hacia la ciudad en otro plácido viaje. Llegamos al puerto y nos llevan hasta la plaza de armas. Final de la aventura. Otro día emocionante y otra experiencia excepcional en nuestras vidas.
Ya de noche, en una agencia de actividades de aventura de la zona turística contratamos la última excursión de nuestro viaje, la visita a las Chulpas de Sillustani, a unos 40 kms. de Puno y que es un complejo de torres funerarias en una meseta al lado de la laguna Umayo. Esta excursión nos costó, a los dos, 33,5 EUROS, con el transporte, el guía y las entradas al sitio incluidos.