El vuelo llegó con un poco de retraso.
Después de presentar el visado (que lo rellenamos en el avión), estuvimos más de una hora esperando nuestras maletas (no es que el nuestro particularmente fuese el último, sino que todo el equipaje de nuestro vuelo tardó en salir).
El aeropuerto de Cancún es un poco caótico, ya que es pequeño y recibe una importante cantidad de llegadas. Levábamos el servicio de transfer incluido, así que nos dirigimos a encontrar a los representantes de Thomas Cook que enseguida nos guiaron hasta el autobús que tendríamos que coger para llegar a nuestro hotel, que era la cuarta parada, por lo que tardó casi hora y media.
Después del vuelo, la espera en el aeropuerto y luego el autobús, cuando llegamos al hotel solo nos apetecía cenar y dormir.
