Sábado 12 de septiembre y he conseguido salir del sótano de la casita de chocolate.
Gracias a los bollos que compro en el Walmart y el Colacao calentito que, hoy sí, me pude hacer en el microondas, el desayuno fue de lo más rápido y a las 10 de la mañana ya estaba repostando gasolina después de hacer una burrada de kilómetros. El tiempo también acompaña, pues no hace calor pero está casi despejado. Es buena señal porque estoy cruzando en pleno callejón de los tornados, y no tengo ganas de hacer de Stormchaser…
Aunque el paisaje en sí es muy repetitivo, con campos de maíz hasta donde alcanza la vista, lo compensa el bullicio de la autovía. Además como en USA cada cual va a su bola por el carril que le da la gana, unas veces adelantas por la izquierda, otras por la derecha, otras veces un camión se te mete delante porque quiere adelantar a otro camión pero no puede… Pero en general se puede mantener un ritmo constante, salvo cuando delante te encuentras a un trasporte especial con palas de aerogeneradores. En España ya habrían cortado la autovía solo para circular con un bicho así, pero esto es USA. Me he encontrado camiones transportando las ruedas gigantescas de los dumper de obras. Ruedas que sobresalían del remolque por ambos lados como si tal cosa.
La primera novedad en este paisaje es el cruce por Des Moines, IA. Como ocurre siempre que una autovía se acerca a una ciudad de dimensiones ya considerables, los carriles se multiplican, puentes y rampas por todos lados y coches, muchos coches por todas partes. Y eso que es sábado.


Transportes especiales por la Interestatal, y el cruce por Omaha. Rumbo I-80 west.
Para llegar a Omaha, he tenido que cruzar el Río Missouri, y por tanto acabo de entrar en Nebraska. Como todo el mundo sabe, Omaha es una ciudad de 400.000 habitantes que tiene una gran historia detrás, con monumentos importantísimos, un casco viejo impresionante y unas vistas espectaculares. Por eso mismo no pienso pararme un segundo.
Mi primer destino de hoy, y prácticamente el único también, se encuentra a unos cincuenta kilómetros al oeste-suroeste, siguiendo la I-80 a medio camino entre Omaha y la capital de Nebraska, que como todo el mundo sabe es Lincoln. Confieso que no tenía ni idea de qué es lo que me iba a encontrar allí, cerca del pueblo de Ashland, a orillas del Río Platte. Y que no se me habría ocurrido parar de no ser por la investigación previa en Internet.
A las 12 del mediodía llego al Strategic Air and Space Museum de Ashland, NE. Básicamente se trata de dos hangares en medio de la nada, aunque cerca de la Interestatal, dedicados a museo aeronáutico y del espacio; estilo el Museo del Aire y del Espacio de Washington, pero en Rústicolandia. Que alguien me explique cómo se les ha ocurrido poner este museo aquí, cuando ni siquiera hay una base aérea o aeropuerto, o una simple pista de aterrizaje. Ya me contarán cómo han traído este material hasta aquí.
Dicho esto debo reconocer que el museo me ha gustado mucho. El material expuesto es mucho y variado, ya demás al ser tan de pueblo, puedes tocar un bombardero B-52 sin que nadie te diga nada. Se ve además que es bastante visitado por el tamaño del aparcamiento y la cantidad de familias con niños que vienen a ver aviones de guerra. ¡Qué americano es todo!
Una parte del hangar está destinado a la restauración de aviones antiguos, básicamente militares, aunque también los hay civiles. La suerte que tienen los americanos es que disponen de una inmensa cantidad de material después de tantos años. Aviones de guerra, de rescate, material espacial, bombarderos… También hay uniformes, armas y todo tipo de material relacionado con el ejército de los USA. En algún avión incluso se puede entrar para hacerse una idea de cómo se movían las tripulaciones, con sus controles, mandos y demás.
Aunque solo sea por la cantidad de material que hay allí y solo por curiosidad, merece la pena una visita. Se la recomiendo a los centenares de foreros viajeros que van a leer este diario y que pretenden perderse por Nebraska algún día.













Fotos del Museo Estratégico del Aire y el Espacio de Nebraska.
El tiempo pasa volando, nunca mejor dicho, y es hora de comer algo. Por suerte mi despensa móvil está bien surtida y no necesito parar en ningún restaurante para seguir mi camino. La próxima parada será Lincoln, la capital de Nebraska. Lo cierto es que esta parte del estado no tiene mucho que ver, si deseas ver algo en concreto. Pero digo yo que por lo menos la capital algo tendrá.
Cuando me estuve informando previamente a venir a USA, vi que la principal atracción turística de Lincoln, NE era la Torre del Capitolio, así que allá me fui. Por suerte no es difícil aparcar en los alrededores, pero al ser sábado, jugaba el equipo local de baseball (o de football, no me acuerdo) y la gente local viene en masa en sus coches al centro de la ciudad para aparcarlos allí y después caminar hasta el estadio.
La entrada es gratuita y el edificio no tiene una especial importancia, a parte de su representación institucional y la torre más alta de la ciudad. Un ascensor te lleva hasta lo alto de la torre, donde puedes ver una estupenda panorámica de la ciudad.





Aquí se demuestra el tipo de crecimiento urbano de estas tierras conquistadas: horizontalidad (los tornados mandan), extensión, y cuadrícula norte, sur, este y oeste. Unos cuantos edificios de oficinas y aparcamientos en el centro, y el resto viviendas bajas, unifamiliares incluso, hasta donde alcanza la vista. Con mucho verde, eso sí.
Si alguien está buscando algo más de Lincoln, que no pierda mucho el tiempo que no hay más.
La tarde avanza y todavía me quedan unos cuantos kilómetros hasta mi destino final de hoy. Como voy bien de tiempo y la interestatal se me antoja un poco aburrida, voy a ir un poco más al norte, por las carreteras comarcales 34 y 30; que básicamente discurren en paralelo. Estos americanos, tan cuadriculados ellos, han dividido el territorio en cuadras de 1 milla cuadrada, y las carreteras siguen esa cuadrícula de manera casi paranoica. Kilómetros y kilómetros de vías rectas, perfectamente orientadas con los puntos cardinales; lo cual me está jodiendo un poco, porque la tarde avanza, el sol baja y siendo el equinoccio de septiembre lo tengo justo enfrente.
La carretera comarcal te permite un paisaje un poco más cambiante, cuando atraviesas pequeños pueblos tan típicamente americanos, combinados con campos interminables de maíz e infinitos trenes de mercancías que se pierden en el horizonte.

Mi destino final por hoy es Kearney, NE, pues será el punto de partida mañana de una ruta que se aleja de la Interestatal. También a partir de aquí dejamos definitivamente las tierras bajas agrícolas de la cuenca de los ríos Mississipi y Missouri, para adentrarnos en las “Tierras altas”. Pero eso lo explicaré mañana. Por hoy solo queda pasar por el hotel New Victorian Inn, compra en el Walmart, repostar, cena en la habitación y cama.