*Para llegar a K.L Sentral hay tres opciones:
-Autobús: 7 ringgits y tarda aprox. una hora. Hay que bajar hasta la planta -1
-KLIA Express: Directo hasta K.L Sentral, tarda 28 min y precio 35 ringgits
-KLIA Transit: Mismo recorrido que el anterior pero con tres paradas intermedias. Tarda 35 minutos y vale 35 rg.
Llegamos a K.L aproximadamente las 15 horas. El aeropuerto estaba casi vacío. Cambiamos 50€ a ringgits y subimos al tren que nos llevaría a la terminal a recoger las maletas.
Teníamos claro que queríamos llegar a K.L Sentral en autobús así que bajamos a la planta -1 y al primer “chinito” que se nos acercó vendiendo tíquets se lo compramos.

**Decir que íbamos con la sensación que nos iban a estafar, dar mal el cambio, dar más rodeo en los taxis para cobrar más y estábamos muy equivocados. En comparación de otros países asiáticos hemos encontrado que en Malasia son muy legales en este aspecto. Siempre nos dieron bien el cambio, los taxistas no se intentaban quedar con el cambio, no te hacían regatear hasta perder el higadillo y no pedían propina. Es más en algún momento al comprar comida en los puestos nos despistamos y nos íbamos sin recoger el cambio pero te avisaban.
Los tíquets costaron 14 MYR los dos y en una hora llegamos a K.L Sentral. La zona era un poco tétrica. Nada más salir del floreado autobús (éramos los únicos occidentales) nos dio la bienvenida el calor bochornoso de Malasia. En pocos minutos mi marido activó su GPS mental y con ayuda del mapa llegamos sin problemas al hotel para la primera noche. Como manda la tradición de camino al hotel paramos a comprar unos refrescos raros y agua en el 7eleven.
El hotel es correcto para pasar una noche. Elegimos habitación interior y fue un acierto ya que estaba situado en el barrio de Brickfields (el barrio indio más antiguo), a dos calles de la estación y la zona era muy ruidosa.
Después de la ducha reparadora y de organizar las mochilas (llevábamos la ropa mezclada por si perdían una) a las 19 salimos a la calle.
Ya estaba de noche y la calle del hotel había cambiado por completo…habían unas cuantas señoras de compañía buscando clientes.
Dimos un paseo por el mercado indio. La zona es bonita, todo lleno de arcos de colores con tiendas a los lados. Me di cuenta que todo estaba decorado como de navidad, días después nos enteramos que en breve celebraban el Diwali, parecido a nuestra Navidad.


Nos sentamos a comer a un restaurante de esa zona y…después de más de 30 horas sin dormir, de tres aviones diferentes, de choque de temperaturas pues muy avispados no estábamos. Total que nos sentamos, un camarero indio se puso a mi lado y no me dejaba ni leer la carta. Me iba explicando a su manera que era cada cosa, pero el hombre no paraba de gritar con una cara de mala hostia… Total que me entraron tales sudores que nos levantamos y nos marchamos sin elegir nada. Allí se quedó el buen hombre gritando.
Después del la toma de contacto con la comunidad hindú subimos al monorraíl (3rg) hasta Jalan Alor.
Jalan Alor la describimos como… estrés!!!!! Pero merece una visita, para mi es imprescindible: el bullicio, el ruido, el trajín de gente... Llevaba algunos restaurantes apuntados pero no hicimos caso y nos dejamos llevar. Había gente, música, olores, farolillos… me encantó. Eso sí, mucho turista, pero para ser la primera noche ya nos venía bien.
La cena fue riquísima. Comida china con cerveza enorme y dos batidos de frutas 80 MYR (fue de las caras del viaje). Los batidos se merecen entrada a parte. Deliciosos! Ya sea zumo, shake, lassy… (babeo de pensarlo) es lo primero que en salud exterior te dicen que evites. Y sí nosotros lo evitamos durante las tres primeras horas de estar en el país.
Después de cenar dimos una vuelta por la zona ya que había mucho ambiente. Dos por uno en combinados en la mayoría de sitios y por fin, después de 4 países asiáticos, probamos el DURIAN!!!! Y no nos desagradó. Pero encontramos más rico el Jack fruit (las dos bandejas 9MYR). Reventados y como dos walking dead regresamos a nuestro hotel para otra duchita y a dormir.

