Al día siguiente me fui al museo de Historia Natural pues quería ver la venus de Willendorf. La entrada al museo es de 10 euros y aunque debes pasar por un montón de salas con animales disecados que te da un poco de grima, merece la pena ver su colección de arte prehistórico y sobre todo a ella... la venus de Willendorf que te espera así de lozana en una sala muy pequeña y en penumbra...

Apenas hay turistas en este museo, así que puedes estar muy tranquilo en la visita y pasarte un buen rato con esta venus del Danubio (que por cierto no es azul).
Después me dirigí al palacio de Belvedere (no fue así del todo pero sería muy largo de contar) para ver uno de mis cuadros favoritos, "El Beso" de Klimt.

La entrada cuesta la friolera de 14 euros y si no te apasiona Klimt te la puedes ahorrar pues hay palacios mucho más bonitos en Viena para visitar. Puedes caminar por sus jardines de manera gratuita y ya está.
Y una vez más llega el momento que más me gusta cuando visito una ciudad, que es dar por concluida la visita turística y adentrarme en sus calles. Las calles de Viena son increíbles, no dejes de admirar sus fachadas y si quieres babear un poco entra en alguna tienda a preguntar precios...

Para terminar me fui hasta la Ópera pero solo pude entrar en la recepción porque se encontraba cerrada, me dijeron que todos los días a las 12 de la mañana hay una visita guiada en español (para otra ocasión). Eso si, desde la entrada ya se respiraba la grandeza del edificio...

Y allí estaba ella asomada a la ventana para despedirme de la ciudad...

Como anécdota decir que recién llegada y al salir del metro me encontré con una manifestación de unos 3.000 turcos que se concentraban en una plaza (el día anterior había sido el golpe de Estado en su país) y de repente estaba en medio de la concentración rodeada de hombres gritando (Si, únicamente había hombres) Sola con mi maleta y cara de "disculpen" apreté el paso hacia el hotel...