Hoy nos vamos en tren a Nuwara Eliya, la ciudad de las colinas de té. Este trayecto está considerado uno de los más bonitos del mundo y la verdad es que yo tenía muchísima ilusión por hacerlo, aunque debido a una cagada que nos hicieron los de la agencia de viajes, la experiencia no fue tan grata como pensábamos...
Wije nos recoge en el hotel Ozo con tiempo suficiente para llegar a la estación, pero cuando ya estamos en la furgoneta vemos que se demora mucho hablando con los del hotel y que no traen el equipaje. Cuando por fin conseguimos arrancar, nos dice que no le dejaban sacar el equipaje porque la agencia no había enviado el bono del hotel, y que había tenido que pagar él la factura, así que el día ya empieza un poco torcido.
Llegamos a la estación de Kandy con tiempo suficiente, y él se queda con nosotros hasta que se asegura de que viene el tren.

Como él va con la furgoneta y quiere llegar a tiempo para esperarnos en la estación de Nanu Oya, nos dice que se va yendo y nos da los tickets para subir al tren. El tren es una locura, abarrotado de gente que va de pie y que se sale por las puertas abiertas, pero nosotros tenemos reserva en el vagón de 2ª clase y vamos para allá. Al subir, el revisor que está en la puerta y que controla que no entre nadie sin asiento reservado, nos dice que 5 billetes son de ese vagón, pero que los otros 3 son de 3ª clase, que está justo en la otra punta del tren

El trayecto dura unas 4 horas y al poco de salir de Kandy empieza a llover, por lo que nos vemos obligados a viajar con las ventanas cerradas. Poco a poco nos vamos adentrando en la zona de los campos de té, y empezamos a alucinar con el paisaje.

Vamos haciendo algunas paradas, y en cada una de ellas nos atacamos por si sube gente que nos levante de los asientos, pero solamente vemos subir en los vagones que van al mogollón sin reserva, así que seguimos sentados tan panchos todo el viaje.
, eso sí, muy cabreados con la jugada que nos había hecho la agencia.
Por fin llegamos a la estación de Nanu Oya, donde se baja casi todo el mundo. Hay que conservar los billetes hasta el final, porque los piden a la salida de la estación y como no los lleves no sales de allí. Es la forma de controlar que los que viajan al mogollón, de pie, no se han colado.

El tiempo es muy lluvioso y la temperatura mucho más baja, hay que ir con sudadera, nada que ver con lo que hemos tenido hasta ahora. Wije ya nos está esperando y le contamos lo que ha pasado con los billetes, así que alucina en colores. Cuando habla con la agencia para contárselo, descubren que la chica que preparó la documentación le dio los billetes de otros españoles que viajaban al día siguiente, por eso toda la confusión, y por eso los asientos en los que conseguimos estar todo el viaje no los ocupó nadie, porque en realidad eran nuestros, ja ja ja!!!Menos mal que luego nos dio por reírnos, pero os aseguro que pasamos un rato horrible hasta que nos vimos en el vagón todos juntos.
Una vez superada toda esta movida, y ya otra vez en la furgoneta con nuestro chófer, nos vamos al lago de Nuwara Elija a un restaurante bastante caro a comer. El día está feísimo, lloviendo y muy brumoso, y el lago casi ni se ve, pero el lugar es precioso y nos imaginamos que con buen tiempo debe ser de lo más agradable. Comemos muy bien en el restaurante, aunque resultó ser el más caro del viaje, ya que pagamos unos 100€ por la comida.
Le preguntamos a Wije si conoce algún sitio para darnos un masaje Ayurveda, y antes de ir al hotel nos vamos a reservarlo para más tarde. Llegamos al hotel Seven Heaven, donde nos reciben con un té caliente y descansamos un poco antes de irnos a dar un voltio por el pueblo. El hotel es el peor de todo el viaje, no nos gusta nada de nada, excepto la cena y el desayuno que son de los mejores que hemos tenido. Menos mal!! En el hotel hace un frío que pela, y las habitaciones son básicas hasta en la limpieza...

Damos esquinazo al chófer, y nos vamos andando al pueblo para dar un paseo a nuestra bola. La lluvia nos da un respiro y podemos dar un buen paseo por Nuwara Elijja, a la que llaman la Pequeña Inglaterra.

Nos metemos en un mercado local, que resulta de lo más pintoresco, con especias, salazones, verduras... Nos encanta ver los mercados en los países que visitamos!!


Wije nos recoge y nos lleva a darnos el masaje a un sitio bastante auténtico, que resulta toda una experiencia. Nos dan un masaje muy completo, con aceites esenciales, y luego nos meten en una especie de sarcófago de vapor un poco agobiante, pero que nos deja nuevos.
Cenamos en el hotel una cena muy buena, servida en mesa, y esa noche Darío vuelve a encontrarse mal, casi ni cena y se va a la cama bastante revuelto. Nos vamos a descansar prontito y a recuperarnos del día tan accidentado que hemos tenido.