Como nos habíamos prometido, a las 6 AM nos pusimos en marcha para ver el amanecer en el Sunrise Point del Bryce Canyon. Continuamos flipando con el espectáculo a la luz del sol de la mañana.
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Las vistas desde los miradores de la carretera que recorre el cañón son siempre desde la parte superior así que decidimos descender por laruta de los Navajos que parte del Sunset Point y ascender después al Sunrise point. Maravilloso paseo que recomiendo. Ahí os dejo algunas imágenes.
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Regreso al hotel sobre las 10 AM, ducha, desayuno y camino a Zion. Antes de continuar con el relato de la jornada, permitidme comentar la forma de decidir la ruta de cada día.
Rutas por carretera:
Era nuestra intención alquilar un GPS con el coche, pero en la oficina de Alamo del aeropuerto de Jackson no les quedaba ninguno. Como vimos que las carreteras estaban muy bien señalizadas y cada vez que llegas a un parque te dan un plano detallado del mismo, decidimos posponer el alquiler del GPS hasta llegar a Los Ángeles. Nos arreglamos mirando en el hotel la ruta del día siguiente en Google Maps. Más adelante, buscando un trayecto alternativo para ir del Grand Canyon a las Vegas, vimos que en las oficinas de turismo (las hay bien señalizadas casi en cualquier pueblo) tienen mapas de sus estados perfectamente válidos. Los entendidos recomiendan las Guías de la AAA que según dicen se compran por 4 $ en las gasolineras. Sería casualidad, pero cuando quisimos comprar una al llegar a Los Ángeles no la encontramos en un par de gasolineras donde miramos.
Hecho el inciso, volvamos al grano. Todo controlado: ruta no muy larga y perfectamente señalizada. Pero en un momento dado, pendientes de los precios de la gasolina, nos pasamos nuestro cruce a Zion. Aunque pronto nos dimos cuenta, vimos un par de carreteras hacia el oeste (nuestra dirección) que llevaban a un parque estatal llamado Coral Pink Dunes; íbamos bien de tiempo y hacia allí nos metimos. Magnífica elección. Pinos ponderosa creciendo en una tierra de un rojo muy intenso hasta que llegamos al punto culminante del parque donde enormes dunas de color salmón se extendían a lo largo de varios kilómetros. Nos parecieron enormes y muy chulas, con arena finísima de ese color tan sugerente. En los pliegues de las dunas crecía una especie de margaritas amarillas gigantes ofreciendo un vivo contraste de colores.
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Después de esta sorpresa, absolutamente recomendable a todos los que vengáis por aquí, continuamos según las señales hacia Colorado City, un poco preocupados pues la reserva se había encendido hacía ya unas millas. De golpe, sin previo aviso, en un cambio de rasante, la carretera se transforma en una bacheada pista de tierra roja. El acojone fue importante porque íbamos bastante rápido y el volante comenzó a temblar y el coche a zigzaguear por el nuevo terreno. Pasado el primer susto, el problema siguiente era evitar dejar las ruedas enterradas en los pozos de arena que abundaban en el camino. Francamente, el Nissan Sentra no es un coche adecuado para las condiciones de esa ruta.
Para ahorrar gasolina, habíamos apagado el aire acondicionado hacía un buen rato y el calor se hacía insoportable. A pesar del polvo, no había otro remedio que ir con las ventanas abiertas. Según nuestros cálculos, aún nos quedaban unas 15 millas para Colorado City -un pequeño pueblo, pese al nombre- donde esperábamos encontrar el deseado combustible. De repente, en una curva del camino, como salido de una peli de John Wayne, aparece un auténtico vaquero que nos saluda sonriente aunque, obviamente, no puede solucionarnos el problema de la gasolina.
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En el rancho del cowboy, un poco más adelante, unas simpáticas vacas nos miran con curiosidad desde detrás de sus caretas blancas. Disfrutaríamos más de la situación y del paisaje si no fuéramos agobiados por la falta de combustible.
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Por fin, y después de tragar mucho polvo, la pista volvió a transformarse en carretera pero ni rastro de gasolinera. Llegamos al cruce pero aquello no era aún Colorado City y no sabíamos hacia donde tirar. En un bar muy auténtico al que rudos cowboys de Arizona empezaban a llegar al whisky mañanero, Marga preguntó por la gasolinera más cercana. Sólo nos separaban 7 millas de nuestro objetivo al que llegamos a vela y en punto muerto. Prueba superada.
Aquí un plano del recorrido. Como se puede ver, dimos una buena vuelta (unos 100 kms. más) pero merece la pena. El punto B señala las Coral Pink Dunes y el cambio de asfalto a tierra es en el punto justo de frontera entre Utah y Arizona. Si se amplía el mapa en Google Maps en formato satélite se ve de puta madre.
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Al menos, los paisajes de la zona recrearon el acojone. Continuó mereciendo la pena el despiste en el cruce pues, gracias a la nueva ruta, entramos en Zion por el valle de Hurricane, también muy recomendable. Para mi gusto tan espectacular como el propio cañón de Zion.
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Y volvemos con lo de las expectativas. En Yellowstone nos habíamos encontrado con un amable turista que nos puso el cañón de Zion por las nubes y la verdad, al menos para nosotros, no fue para tanto. Paredes de roca roja, blanca y gris cortadas de forma vertical. El cañón se recorre en un "free shuttle" por la parte inferior.
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Las guías recomiendan para los más atrevidos un sendero que sube hasta lo más alto del cañón. Amenazaba tormenta, eran las 5 de la tarde y aún no habíamos comido. Decidimos cambiar la ruta por otra que comienza justo después de atravesar el túnel para dejar el cañón camino de Kanab o Bryce (por donde debíamos a llegar a Zión), también con vistas desde lo alto a una zona del cañón.
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Zona de ranchos siglo XXI y pequeños pueblos, cada uno con su cañón. En esto Kanab, nuestra parada para dormir, se lleva la palma. En este pueblo y alrededores en su día se rodaron muchos Westerns.
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También fue nuestra inesperada base de compras típicas americanas. Precios orientativos: Levi's él: 38$ , ella: 33$. Botas montaña Hi-Tec: 49$. Converse All Star: 38$.
Motel confortable con despliegue de neón rosa que en España todo el mundo confundiría con un club de carretera… ¿o no?
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