Nos levantamos a buena hora para bajar a desayunar. No tuvimos que esperar, habían mesas libres y desayunamos en familia con mis padres. Los desayunos del hotel muy abundantes, co variedad de pans, mermeladas, leches, fiambres, frutas... nos gustó mucho.
Nos fuimos a la playa bien pronto y aún así ya estaba hasta los topes. Previamente fuimos a comprarnos zapatillas con suela de goma aptas para el baño y una sombrilla, porque el sol allí calienta de lo lindo.
Ya en la playa lo complicado era encontrar un hueco dónde poner la toalla y que no hubiesen piedras, finamlmente desistimos y simplemente dejamos caer en la arena las bolsas de la playa sin sacar las toallas y nos fuimos a bañarnos.
El agua estaba congelada, yo no pude bañarme entera, solo me mojé las piernas y me refresqué el cuerpo echándome agua con la mano. Mi hijo tampoco quiso meterse, estaba muy fría para él; estamos acostumbrados a que en Valencia el agua del mar es "caldo puro" como decimos aquí. Aparte de todo, nada más entrar al agua cubre, en dos pasos que des hacia adelante te encuentras un escalón y difícilmente haces pie. La arena todo de piedra diminuta no ayuda mucho y te hundes con facilidad, me resultó un poco peligrosa la playa para los niños y las personas mayores. Os pongo una imagen en dónde se ve un catamarán junto a la orilla de la playa, para que os deis cuenta de lo que cubre, porque un barco tan próximo a la orilla no podría estar nunca de no haber profundidad.

Mi marido hizo snorkel, a él le da igual el agua fría. lo disfrutó mucho, dice que se veían muchos peces y nosotros nos encontramos bígaros en las rocas y estuvímos buscando conchas y caracolas.
No estuvimos mucho tiempo en la playa, no estábamos cómodos, además allí mismo estaba la escuela de buceo y había mucha gente con sus equipos aprendiendo y estabamos un poco apretados, así que nos fuimos a la piscina del hotel.
La piscina está bien, un poco pequeña para un hotel tan grande, y cubre demasiado. Yo soy bajita y tocaba suelo de puntitas. El agua muy buena, mucho mejor que la del mar. Para los niños había una piscina pequeñas bastante grande. Habían muchas hamacas libres y la zona estaba limpia. Hay un bar en la zona de la piscina, detalle que también me gustó. La piscina esta en la azotea.


Antes de comer fuimos a ducharnos y asearnos para bajar al bufet, y hoy si tuvímos que hacer algo de cola, se notaba que habia entrado gente nueva al hotel y estaba lleno. Nuevamente la comida muy buena.
Después de la comida estuvímos tanteando algún destino para visitar por allí cerca y me habían hablado de Begur, así que cogímos el coche y nos fuimos a verlo.
Nada más llegar a Begur se ve como una fortaleza en lo alto del pueblo y divisamos gente arriba visitándola, así que dejamos el coche en un aparcamiento municipal de pago al aire libre, muy próximo al casco urbano, y nos movímos por alli andando. No se os ocurra adentraros en el pueblo con el coche, no hay dónde aparcar y hay calles muy epinadas y que terminan en escaleras.
Llegamos a la plaza de la Iglésia y nos adentramos por las estrechas callejuelas empedradas llenas de casas de estilo colonial. Es un pueblo muy rústico y bonito, muy limpio, muy cuidado. Caminando llegamos a la subida al castillo. Se puede llegar allí en coche, pero yo recomiendo ir andando porque no está tan lejos y si vas en coche te pierdes el pueblo por dentro y merece la pena la caminata de 15-20 minutos hasta la subida.



Arriba en el castillo (siglo XI) tienes unas vistas espectaculares del pueblo, la bahía, las playas....todo el mar con sus barquitas..., es simplemente precioso, es un mirador con vistas de 360º. Sin duda lo mejor que tiene este lugar son las vistas desde el castillo.


Bajamos de nuevo hacia el pueblo y nos tomamos un helado en uno de los tantos locales que tiene la localidad en sus plazas. No pudimos bajar a las playas porque se nos echaba el tiempo encima, aún teníamos que volver (Tossa estaba a más de 1h de camino) y con los horarios de las cenas del hotel estábamos un poco atados de pies y manos.
De nuevo en Tossa, bajamos a cenar, con mucha gente y algo de cola, incómodos por los carros de los recogeplatos y apretados, la suerte es que hoy tocaba cena temática méxicana y nos gusta bastante, así que hemos cenado agusto.
Detrás de la cena un pequeño paseo, con chaqueta eso sí (parece mentira a pesar de ser agosto), y junto al paseo marítimo y un parque pequeño había un carrusel en dónde mi hijo estaba loco por montar, se dió 3 vueltas y volvimos al hotel, hacía fresco.
