Viernes 18 de agosto de 2017
Después de un tranquilo y puntual pero largo vuelo Barcelona-Frankfurt-Nairobi aterrizamos alrededor de las ocho y media de la tarde. Aprovechamos en el aeropuerto para cambiar moneda: de euros a shillings keniatas.
Hemos quedado con la agencia que un conductor nos pasará a buscar para llevarnos al hotel. Salimos al exterior del aeropuerto y hay un gran número de personas con cartelitos con nombres. Ninguno es el nuestro. Miramos y miramos y nada.
El día siguiente la agencia se disculpa con nosotros personalmente. El transfer llegó tarde al aeropuerto y no avisó de su retraso. ¡Más de una hora tarde! Nos devuelven el coste del taxi. Les perdonamos.
Después del viaje nos hemos dado cuenta que la impuntualidad es algo muy keniata. Su famosa frase “pole pole” que utilizan para decir “sin prisas” no es más que una excusa a su impresentabilidad. Como me dijo una turista blanca en el aeropuerto de Mombasa: “This is Africa, madam”.
El hotel de Nairobi es Best Western Plus Meridian. Un hotel de cuatro estrellas. Al bajar del taxi nos recibe el botones y nos coge las maletas. Es una costumbre habitual en Kenia. Luego en recepción nos ofrecen una toalla húmeda caliente para las manos y un zumo. También es una costumbre habitual, nos lo encontramos en todos los hoteles.
Aquí empezamos con tema propinas. Un billetito para el botones. Nunca sabemos cuál es la cantidad adecuada.
La habitación es amplia, limpia, bien equipada. Hay dos botellas de agua gratuitas. Al principio nos sorprende pero es algo muy común. Saben que los turistas no vamos a beber agua del grifo. El desayuno es un buffet muy generoso y de calidad.