Por fin la ansiada excursión de mi hija a Ostia Antica. Pongo en antecedentes: hay una colección de libros de literatura juvenil llamada “Misterios Romanos” de Caroline Lawrence editados por Salamandra y protagonizados por Flavia Gémina, una niña cuyo padre es marino romano por lo que viven en Ostia Antica, que fue el puerto de Roma. En los libros a través de las aventuras de los personajes se describe la vida en el Imperio romano, y en concreto en el primer libro se describe muy bien Ostia; en otros conocerán Pompeya y el Vesubio, las carreras de cuádrigas, Rodas,... De modo que vamos a ver si logramos encontrar la casa de Flavia con el mapa del primer libro en la mano.
Para llegar cogimos el tren en la estación de San Pietro al lado del apartamento hasta San Paolo donde hacemos trasbordo al andén Lido dirección Ostia-Colombo (el billete del metro que cogimos es válido para el tren en este caso y cómo estamos dentro de los 100 minutos no hace falta sacar más).
Tras 20’ de tren llegamos a las 10:45.
Sacamos las entradas a 7€ cada uno con reducción, niños gratis, aviso que hay que comprar el mapa para ubicarte dentro del recinto por 2€, y durante las dos próximas horas y media nos sumergimos en los restos de la antigua ciudad romana. Situada en la desembocadura del río Tíber (actualmente el mar está más retirado) Ostia alcanzó el tamaño de una ciudad importante. Comienza la visita por la necrópolis


y una vez atravesada la Porta Romana recorriendo el Decúmano podemos apreciar la vía comercial de la antigua ciudad portuaria; no hay que olvidar que al ser el puerto romano debía tener almacenes y era zona de muchos locales comerciales, de ahí la cantidad de tabernae, que debieron ser porticadas para favorecer el comercio ante las inclemencias del tiempo, así como lavanderías, tintorerías, thermopolium o casas de comida y los almacenes.




Otro de los itinerarios es el paseo por el centro de la ciudad alrededor del foro y el Cardo Máximo. Como en toda ciudad romana no pueden faltar las termas, sus edificios religiosos, las Basílicas (para los romanos lugar de celebración de los juicios), templos e incluso la basílica cristiana.



Destaca su teatro donde se aprecian perfectamente la cavea, la orchestra y parte del escenario, y justo detrás un patio porticado rodeado de un peristilo previo al paso a un templo pagado por los mercaderes de la ciudad.


También encontraramos las domus o casas, tanto nobiliares como más populares llamadas insulae.



En fin, un paseo de dos horas y media que nos recordó nuestra visita a Pompeya, aunque los niños echaron de menos los “pasos de cebra” de ésta última.
Comemos a la salida de las excavaciones en el primer restaurante que hay. No nos gustó.
Cogemos el tren, vamos a la Villa Borghese y cuando llegamos hasta la Galleria nos enteramos de que no es posible el acceso sin cita previa y está completo para los próximos dos días, de modo que la ilusión de mi marido de ver las obras de maestras como Apolo y Dafne de Bernini, se ven frustradas.
Así que vamos paseando por el inmenso parque de Roma junto a las bicicletas y dejamos al peque jugar un poco en los columpios.
De salida pasamos a propósito por delante del palacio Medici pero no se puede ver nada y de vuelta volvemos a pasar por la Piazza Spagna donde por fin pillamos abierta la Iglesia Trinita dei Monti, el Panteón donde nos sentamos un rato a descansar en los escalones de la fuente escuchando al guitarrista, la Piazza Navona, el Castell Sant´ Angelo, San Pedro y vamos a la pizzería Goose bajo el puente que nos recomendó nuestro casero para coger una pizzas para llevar y cenar (13€ las dos pizzas).
