A las 6:30 de la mañana iniciábamos la jornada en el día en que abandonábamos Tokio, teniendo nuestro shinkansen hacia Nagoya a las 8:33 y el tren hacia Takayama a las 10:48, por lo que nos íbamos a pasar toda la mañana viajando hasta llegar a destino final sobre las 13:10. Día de varios imprevistos que, afortunadamente, pudimos solucionar sin incidencias. El primero de los imprevistos llegó de buena mañana, pues sobre las 7:45 estábamos ya en el andén de nuestra estación de Asakusabashi y los trenes llegaban llenísimos de gente que iba a sus trabajos. Nos quedamos a mitad, pues cuando subí al tren, las puertas se cerraron y ya no subió nadie más. Separados, pues, tenemos un protocolo si pasan estas cosas y es que, el que ha subido, se baja en la primera estación que pare y quien se ha quedado sube al siguiente tren y baja en la primera estación reencontrándonos así. Y así fue, pese a la inmensa cantidad de gente que había dentro de los trenes y a que la primera parada era Akihabara, también estación repleta de gente.
No perdimos mucho tiempo, además de porque íbamos con tiempo de sobra por si acaso, porque teníamos que hacer transbordo en Akihabara para coger por última vez la Yamanote hasta la estación de Tokyo en donde cogeríamos el shinkansen a Nagoya con un trayecto que duraba 104 minutos. El tren excelente como siempre, con mucho espacio para estirar las piernas, silencioso y muy rápido. Los grandes edificios y la acumulación de ellos en Tokio iban cada vez más menguando, aunque siempre se veían estructuras en todos lados (¿no tienen llanuras amplias y extensas sin población por allí?). El clima ese día volvía a ponerse feo, con amenaza de lluvia y muy nublado, lo que no nos permitió ver absolutamente nada del monte Fuji cuando pasamos relativamente cerca de él.
Puntualmente llegamos a Nagoya y esperamos hasta coger el Limited Express (Wide View) Hida que nos llevaba a Takayama en 142 minutos, un trayecto largo. Este tren ya no es un shinkansen pero seguía siendo bastante cómodo. Obviamente no iba a tanta velocidad ni lo pretendía, pues la zona comenzaba cada vez más a ser más escarbada y montañosa, aunque la mayor parte del trayecto lo hicimos bordeando un río. La lluvia ya había hecho acto de presencia, en ocasiones con cierta fuerza, en ocasiones con menos fuerza, pero sin muchas pausas.

Desde el tren las vistas eran cada vez más espectaculares e incluso salían algunas fotos fantásticas y sin apenas movimiento gracias a que no íbamos a una velocidad muy exagerada. Aunque queríamos dormir un poco, en este trayecto iba a ser imposible por la belleza del paisaje que te obligaba a estar observando siempre hacia dónde íbamos.

Llegábamos a la pequeña estación de Takayama y, aunque el día había sido feo y continuamente estaba amenazando de lluvia, lo cierto es que nos respetó y no volvió a llover, y hasta se agradeció el cambio de temperatura al hacer un día más fresco y sin tantos calores. Como aún teníamos tiempo hasta hacer el check-in en el hotel, nos fuimos a comer tranquilamente, eso sí con la gran mochila a la espalda, y luego nos acercamos al hotel para instalarnos y comenzar la visita. Aquí llegó el segundo imprevisto del día, pues nos comunicaron que la habitación había sido cancelada, ¿cómo era posible si lo tenía todo en regla y comprobado? El hotel era el Country Hotel Takayama, muy cercano a la estación y parada principal de autobuses y que estaba muy bien en relación calidad-precio, con buenas instalaciones y lo justo para pasar la única noche que íbamos a estar. Mis conclusiones personales fueron que hice una reserva en este hotel y, tiempo después, vi que había una oferta y las habitaciones salían más baratas, por lo que cancé la reserva e hice una nueva reserva con el nuevo precio. Pienso que el sistema informático canceló la reserva por nombre y no por número de reserva y, por tanto, aparecía la cancelación con mi nombre y eso incluía ambas reservas. Siendo yo programador también, ¿quién hace una chapuza así de grande de anular reservas por nombre y no por número de reserva? Si coincidieran dos personas con nombres iguales sería un caos…
Pero todo se solucionó rápidamente. Nos ofrecieron otra habitación libre que tenían, aunque era doble twin pero nos servía igualmente, y a un precio menor que el que indicaban, así que estos detalles siempre son de agradecer y volvería a alojarme allí si volviera. Salimos, pues, a visitar el pueblo aunque se veía que, entre que era miércoles y el clima no acompañaba, no había mucha aglomeración de gente y se podía pasear tranquilamente. Lo primero que hicimos fue acercarnos al templo Hida Kokubunji, pero al no ver nadie por los alrededores no sabíamos si se podía entrar, si era de acceso libre o si estaba cerrado. Vimos la pagoda por fuera y estuvimos curioseando un rato antes de seguir nuestro camino por las calles principales del pueblo.

Nos dirigimos a las calles principales del barrio Sanmachi Suji: las calles Ichinomachi, Ninomachi y Sannomachi aunque realmente no sabíamos en cuál de ellas estábamos en cada momento, pues las recorrimos sin pararnos a pensar cúal era. Takayama no era un pueblo en el que se es difícil orientarse, pues las calles son bastante rectas en su mayoría, especialmente en la zona central, y siempre puedes estar ubicado. Las calles están llenas de tiendas tradicionales, algunas de souvenirs, otras de sake y bebidas alcohólicas. Es agradable pasear por ese tipo de zonas sin prácticamente ningún vehículo que moleste, pudieron verlo todo tranquilamente, sin aglomeraciones y sintiéndote como si hubieras retrocedido varios siglos atrás, pues todas las construcciones son iguales que las de películas o manganimes japoneses, con sus puertas correderas, estructuras de madera, pequeños riachuelos delante de las casas y todo elemento típico japonés que se os pueda ocurrir. Excepto algún pequeño coche ocasional, podías perfectamente pensar que habías viajado al pasado.

Recorridas estas agradables calles, continuamos subiendo por una de las avenidas principales hasta llegar a la zona de los templos. Allí se agrupaban decenas de templos distintos en los que no sabías cuándo empieza uno y cuándo otro. Al llegar a lo que podría ser el final del pueblo, una escalera que va haciéndose cada vez más empinada deja a ambos lados un pequeño cementerio japonés, que se va adentrando cada vez más en el bosque hasta llegar arriba del todo en donde hay un templo. Conocíamos la ruta Higashiyama Yuhodo, pero por culpa de las lluvias la zona estaba llena de barro y preferimos no hacerla y seguir dando un paseo por el pueblo.

Decidimos “perdernos” sin ruta fija, callejeando y llegamos a la zona del río para, en lugar de continuar hacia la estación por donde habíamos venido, continuar bordeando el río en un pequeño paseo cuyo defecto era que estaba lleno de mosquitos. A lo lejos, en uno de los puentes del río, veíamos un inmenso torii así que allí fue hacia donde nos dirigimos.

Después de atraversarlo continuamos de nuevo en dirección a las montañas y encontramos de nuevo más templos y santuarios y el museo donde guardan todas las carrozas de los festivales, aunque a esa hora ya habían cerrado. Visitando aquella zona un rato más y sin saber exactamente qué templo o santuario era el que teníamos enfrente porque, además, iban cambiando de uno a otro en pocos metros, seguimos cruzando el pueblo hasta que retornamos al camino que nos conducía de nuevo al hotel.

Compramos algo para cenar y nos fuimos a descansar después de haber estado unas cinco horas recorriendo el pueblo, un pueblo que nos gustó mucho por la tranquilidad y lo tradicional de sus calles, al menos en la zona más antigua, pues alrededor de la estación ya se notaba mayor afluencia de edificios modernos. Muy muy recomendable Takayama, pese a que no pudiéramos ver el mercadillo de por las mañanas, lo recomendamos.
Poco tiempo tendríamos para asimilar aquello pues, al día siguiente, tocaba excursión a Shirakawa-go para acabar el día en Kanazawa.