Penúltimo día de viaje y último de visitas, aunque llegaremos a la conclusión de que fue un día perdido realmente, por lo que la entrega será corta seguramente. Nuestra intención en este día era la de visitar la zona centro de Kioto. Como los templos Higashi Honganji y Nishi Honganji los habíamos adelantado a días anteriores, hoy teníamos previsto visitar el templo Toji con su pagoda como edificio más destacado, el templo Sanjusangendo, el castillo de Nijo y acercarnos a ver si entrábamos en el Museo de la Locomotora. Al final, el plan se redujo únicamente a esto último.
Y es que desde la tarde del día anterior no había parado de llover con fuerza. Toda la noche lloviendo sin parar y no precisamente llovizna, sino que caía un buen temporal. Al levantarnos el panorama era el mismo que la noche anterior: agua, agua y más agua. Salimos en búsqueda de nuestras últimas visitas a pesar de la incomodidad del aguacero que iba cayendo. Llegamos a la estación y subimos al autobús que nos llevaría al templo Toji. El autobús fue lento, muy lento, por la gran cantidad de tráfico que había ese día suponemos que por las lluvias que estaban cayendo.

Cuando llegamos, la lluvia incluso caía con más fuerza. Rodeamos el templo porque no acabábamos de encontrar la entrada hasta que, finalmente, la encontramos cerca de otros edificios que parecían también templos y donde había una cola de gente bastante amplia. No sabíamos a qué irían, porque la entrada al templo Toji estaba vacía. Finalmente, decidimos no entrar. La zona tenía el suelo con piedras y no liso, y debido a las lluvias había una enorme cantidad de charcos por todos los lados que hacía que caminar ya por fuera del templo fuera ir esquivando charcos, por lo que dentro sería igual o peor debido al mismo tipo de suelo. Después de pensarlo un rato, resignados dimos media vuelta y nos marchamos. Al menos la pagoda se veía bien desde fuera.

Buscamos de nuevo el autobús y decidimos acercarnos finalmente al Museo de la Locomotora a ver si, con suerte, paraba un poco la lluvia mientras estábamos dentro. Llegamos, entramos y pudimos guardar por fin los paraguas durante un rato. En el museo había muchas familias con niños, aunque había de todo dentro. Trenes de todo tipo, materiales de construcción de vías, muchísimos tipos de semáforos en las vías, una estación construida dentro y que, de vez en cuando, simulaba una situación real con tickets que podías sacar en las máquinas (gratuitos, por supuesto), tornos para pasar el ticket, llamadas de salida del tren, etc., y muchos padres llevaban allí a los niños. ¿Les estarían entrenando y por eso iban siempre solos en tren?
El museo estuvo bien y pudimos pasar un buen rato viendo las diferencias entre los trenes antiguos y modernos, y pudiendo entrar a varias cabinas para ver los mandos por dentro. También habían maquetas (una de ellas en una sala enorme y con gradas para hacer espectáculos) y salas de control en las que interactuar. Y una zona exterior con una estructura circular de cambio de dirección para los vagones pero por la que era difícil pasear por la lluvia. Lo cierto es que fue bastante completo.
Pero la lluvia no se detenía, al contrario. Caía con más y más fuerza y empezaba a ser difícil ir a los sitios e incómodo incluso pasear por las calles. Con el tiempo perdido en los largos trayectos en autobús debido al tráfico, ya era la hora de comer. Nos acercamos de nuevo a la estación principal y, después de comer, tomamos la decisión de no continuar. Teníamos muchas ganas de ver el templo Sanjusangendo y sus cientos de figuras de Buda, y también el castillo Nijo del que hablaban bien, pero no se podía ir a gusto en ningún sitio y entre eso y el cansancio acumulado (el contador de pasos ya nos indicaba más de 300 kilómetros en los días que llevábamos de viaje), decidimos volver, descansar durante la tarde y preparar maletas, papeles y demás quehaceres para el vuelo que salía el día siguiente.
Antes de llegar al hotel compramos los billetes para el tren que iba desde Kioto al aeropuerto de Kansai, unos billetes que llevarán su historia el siguiente día junto a un temporal del que se habló muchísimo en Japón y en las noticias de todo el mundo. Pero eso ya sería para el día siguiente. En el día actual, llovía, llovía y seguía lloviendo con mucha fuerza y no parecía que fuera a cambiar.
Al día siguiente emprenderíamos el viaje de vuelta con muchos sobresaltos que casi hacen que nos quedáramos allí.
