Hemos reservado el segundo día en Montreal para Le Parc Olympique. La visita nos parece imprescindible. Los Juegos Olímpicos de 1976 son los primeros de los que tengo algunos recuerdos: el aspecto futurista de las instalaciones, la perfección de Nadia Comaneci y una bolsa de deporte con el logotipo. Es emocionante estar aquí. El día amanece gris lluvioso, y cogemos el metro.
El recinto es inmenso, la arquitectura impresionante, y la sensación de abandono también. El parque olímpico comprendía el estadio con la torre inclinada más alta del mundo, la piscina y el velódromo. Muy cerca estaba la Villa olímpica donde se alojaban los atletas, inspirada en las pirámides de Egipto, ahora convertida en apartamentos. El símbolo de los juegos fue el estadio, obra del arquitecto Roger Taillibert, que pretendió levantar "una estructura en que la forma dinámica evoque la tensión y el esfuerzo, pero también el equilibrio y la armonía, para llevar al espacio la temática olímpica". El estadio se diseñó con un techo de kevlar, que se abriría y cerraría con la torre, pero una huelga retrasó y encareció las obras y no pudo realizarse para los Juegos. Se completó once años más tarde pero no funcionaba adecuadamente. en 1998 se retiró y se instaló un techo fijo, pero se derrumbó parcialmente por el hielo y la nieve. Se reparó y se instaló una red de tuberías por las que circula agua caliente para que se derrita la nieve. Debido a su costoso mantenimiento, a los problemas estructurales y a su falta de uso se ha llegado a plantear su demolición y se le ha llamado The Big Owe ( La Gran Deuda) o The Big Mistake (El Gran Error).
El velódromo apenas se utilizaba hasta que en 1992 se convirtió en Biodôme, una mezcla de zoo, acuario y jardín botánico que reproduce cuatro ecosistemas americanos. Aunque la visita nos parece muy interesante está cerrado por reforma hasta después del verano de 2019.
El tiempo empeora por momentos y decidimos coger la entrada combinada para subir a la Torre y visitar el Jardín botánico y el Insectarium. Las vistas desde la Torre son espectaculares, a pesar de la lluvia. Estamos prácticamente solos durante la visita. Bajamos hacia el jardín botánico, nos cruzamos con una larga fila de camiones enormes, están en obras, y entramos en los invernaderos. Tanto el Botánico como el Insectarium no tienen demasiado interés, pero cada año al final del invierno realizan un evento Butterflies Go Free en el que liberan muchísimas mariposas en los invernaderos, así que nos mezclamos con las mariposas y les hacemos fotos hasta que el calor y la humedad se hacen insoportables. Nos vamos a buscar un sitio para comer por esa zona y encontramos a cinco minutos Poutine Central, donde por fin vamos a probar el plato típico de la provincia de Quebec. La "poutine" es una mezcla de patatas fritas, queso fresco y salsa de carne a la que se le pueden añadir otras cosas, como pollo, bacon o verduras. Está muy buena y el sitio es muy recomendable. Después de comer cogemos el metro hasta el Parque Jean Drapeau, Aquí se celebró la Exposición Universal de 1967, de ella sólo queda la Biosphère, en la isla Santa Helena, una enorme estructura metálica que fue el pabellón de los Estados Unidos. Para la Expo la isla se agrandó y consolidó con la tierra que sacaron al hacer el metro de Montreal. Además se creó la isla Nôtre Dame, donde ahora se encuentra el circuito de fórmula I Gilles Villeneuve. El tiempo va de mal en peor, llueve y la visibilidad es escasa, a pesar de todo nos damos un paseo por el parque que también está en obras, hasta la orilla del río desde donde contemplamos el puente Jacques Cartier y el viejo puerto de Montreal.
Volvemos al centro, hasta el Museo de Bellas Artes de Montreal (MBAM), demasiado tarde y demasiado cansados para verlo. En la puerta hay un tótem gigantesco, característico de los pueblos indígenas. Y terminamos el día en el puerto, con un viaje en la noria que resultó decepcionante.

Montreal, 2018 by Pilar, en Flickr



Montreal, 2018 by Pilar, en Flickr


Montreal, 2018 by Pilar, en Flickr


