Salimos del aeropuerto de Montego Bay con rumbo al Grand Palladium, situado muy cerca de Lucea.
El camino al hotel no pudo ser más bonito. Parte de la carretera discurría paralela a la costa, estaba atardeciendo y el cielo era de tonos anaranjados muy intensos, que contrastaba con el brillo del agua y las figuras negras de las palmeras; parecía una postal viviente.
Durante el camino, que duró aproximadamente unos 40-45 min, no dejé de observar por la ventanilla del bus e intentando asimilar que ya estaba en Jamaica.
Llegamos al hotel; nos recibieron en el Lobby (los lobbys huelen constantemente a canela) con un delicioso cocktel de bienvenida, hicimos el check-in y nos llevaron a nuestra villa, la número 34.
Como dije anteriormente, ya me había alojado anteriormente en un Palladium (México), y fue lo que, en gran parte, me hizo elegir este hotel.
La arquitectura del hotel es muy majestuosa, a grandes rasgos es un hotel muy bonito, como de película.
Aunque también tiene muchos defectos, que no te impiden para nada disfrutar al máximo de tu estancia, pero que te hacen comparar con experiencias anteriores.
Me daba la sensación de que había sido construido muy deprisa, en cuanto antes estuviera abierto antes se empezaba a hacer caja. El mayorista lo ofertaba como hotel 5* gran lujo; y a mi parecer, no consigue la categoría de 5*, cuanto menos "gran lujo". Pero como ya he dicho, no son cosas que te impidan disfrutar de la estancia.
Nuestra habitación era la 3422, era una habitación bonita, ni mejor ni peor, con cama kingsize, tv plana, baño con hidromasaje, minibar, servicio de cafetera... las cosas típicas de siempre en los TI; pero esta vez también teníamos unos altavoces para poder conectar el iPod, y siempre que estábamos en la habitación teníamos el reggae puesto.
La comida me pareció muy buena; los buffets no eran excesivamente variados, pero todo estaba delicioso, y el personal era de lo más atento, servicial y amable, de ellos guardo un agradable recuerdo.
En los restaurantes temáticos tenías de todo; pescado, marisco, comida italiana, asiática, hindú, mexicana, jamaicana... una gran variedad a escoger, algunos mejores y algunos no tanto...
En la playa todos los días hacían paella y el famoso pollo jerk, y efectivamente pica una barbaridad.
Los bares del hotel eran correctos, sin más; como siempre los hay mejores (en la piscina de adultos o el Infinity Bar) y peores (como la barra húmeda de la Infinity Pool).
Probamos muchos cóckteles como el Caribbean Sky, el Jamaican Kiss, el Miami Vice, el Cosmopolitan, o los archiconocidos como el Coco Loco, la Piña Colada, el Tequila Sunrise, el Mojito, el Banana Colada, el Daikiri o el Margarita.
Las playas son artificiales, la principal (las Brisas Beach) era rocosa y apenas podías meter un pie. Hay otras dos calas, la Sunset Cove (donde están los deportes acuáticos) y otras más pequeña y de adultos llamada Coral Cove. Las calas estaban bien para bañarse, sobre todo la Coral Cove, más tranquila y con muchos pececitos.
El hotel solo tiene un año y poco, prácticamente está empezando, y eso se nota. Aunque a pesar de que tiene tan poco tiempo, arquitectónicamente parece que tuviera 10 o 15 años más. Supongo que con el tiempo, los pequeños fallos los irán subsanando, y algún día lucirá espléndido...
El camino al hotel no pudo ser más bonito. Parte de la carretera discurría paralela a la costa, estaba atardeciendo y el cielo era de tonos anaranjados muy intensos, que contrastaba con el brillo del agua y las figuras negras de las palmeras; parecía una postal viviente.
Durante el camino, que duró aproximadamente unos 40-45 min, no dejé de observar por la ventanilla del bus e intentando asimilar que ya estaba en Jamaica.
Llegamos al hotel; nos recibieron en el Lobby (los lobbys huelen constantemente a canela) con un delicioso cocktel de bienvenida, hicimos el check-in y nos llevaron a nuestra villa, la número 34.
Como dije anteriormente, ya me había alojado anteriormente en un Palladium (México), y fue lo que, en gran parte, me hizo elegir este hotel.
La arquitectura del hotel es muy majestuosa, a grandes rasgos es un hotel muy bonito, como de película.
Aunque también tiene muchos defectos, que no te impiden para nada disfrutar al máximo de tu estancia, pero que te hacen comparar con experiencias anteriores.
Me daba la sensación de que había sido construido muy deprisa, en cuanto antes estuviera abierto antes se empezaba a hacer caja. El mayorista lo ofertaba como hotel 5* gran lujo; y a mi parecer, no consigue la categoría de 5*, cuanto menos "gran lujo". Pero como ya he dicho, no son cosas que te impidan disfrutar de la estancia.


Nuestra habitación era la 3422, era una habitación bonita, ni mejor ni peor, con cama kingsize, tv plana, baño con hidromasaje, minibar, servicio de cafetera... las cosas típicas de siempre en los TI; pero esta vez también teníamos unos altavoces para poder conectar el iPod, y siempre que estábamos en la habitación teníamos el reggae puesto.

La comida me pareció muy buena; los buffets no eran excesivamente variados, pero todo estaba delicioso, y el personal era de lo más atento, servicial y amable, de ellos guardo un agradable recuerdo.
En los restaurantes temáticos tenías de todo; pescado, marisco, comida italiana, asiática, hindú, mexicana, jamaicana... una gran variedad a escoger, algunos mejores y algunos no tanto...
En la playa todos los días hacían paella y el famoso pollo jerk, y efectivamente pica una barbaridad.

Los bares del hotel eran correctos, sin más; como siempre los hay mejores (en la piscina de adultos o el Infinity Bar) y peores (como la barra húmeda de la Infinity Pool).
Probamos muchos cóckteles como el Caribbean Sky, el Jamaican Kiss, el Miami Vice, el Cosmopolitan, o los archiconocidos como el Coco Loco, la Piña Colada, el Tequila Sunrise, el Mojito, el Banana Colada, el Daikiri o el Margarita.

Las playas son artificiales, la principal (las Brisas Beach) era rocosa y apenas podías meter un pie. Hay otras dos calas, la Sunset Cove (donde están los deportes acuáticos) y otras más pequeña y de adultos llamada Coral Cove. Las calas estaban bien para bañarse, sobre todo la Coral Cove, más tranquila y con muchos pececitos.
El hotel solo tiene un año y poco, prácticamente está empezando, y eso se nota. Aunque a pesar de que tiene tan poco tiempo, arquitectónicamente parece que tuviera 10 o 15 años más. Supongo que con el tiempo, los pequeños fallos los irán subsanando, y algún día lucirá espléndido...