Reservamos el traslado en una moderna minivan de unas 10 plazas (20GEL, 7eur por persona). El viaje se supone que empezaría a las 10 a.m. y tras un viaje de unas 2h, llegaríamos a Ushguli de donde volveríamos a las 15 p.m. Sin embargo, nada más llegar al punto de encuentro en la plaza principal comienzan los problemas: caos generalizado, nadie sabe a qué autobús debe subir, acaloradas discusiones entre turistas y señoras al cargo de organizar las excursiones, “vouchers” que desaparecen, gritos en georgiano.... Finalmente, salimos con una media hora de retraso y nuestro conductor hace caso omiso a la petición de retrasar el regreso para compensar.
El camino, transcurre en su primera parte por la carretera principal, siendo ralentizado por las obras de ampliación hasta Ushguli y, una vez superadas, es una pista de piedras en el que avanzamos lento y por tanto empleamos cerca de dos horas en cubrir los escasos 47km entre ambas localidades. Las vistas son impresionantes, atravesando diferentes valles y pronunciados cañones. Esta vez, el conductor es bastante más prudente para los que son los estándares georgianos y la salsa del viaje la ponen las discusiones entre unos jóvenes y animosos franceses y un enérgíco y con tendencia a la furia turista ruso, a cuenta del volumen de las conversaciones de los primeros.
Finalmente, llegamos a Ushguli, el considerado asentamiento habitado a mayor altitud de Europa, (a unos 2100m). Está formado por 4 parroquias en la que viven unos 200 habitantes. Las vistas son imponentes, rodeado de interminables verdes praderas habitadas por rebaños de vacas y caballos semisalvajes, con los colosos caucásicos de fondo. Paseamos entre las torres de vigilancia por las callejuelas empedradas del pueblo dónde hace mucho que se paró el tiempo.

Desgraciadamente, no tuvimos tiempo de acercarnos al Glaciar Shkhara, así que nos tenemos que conformar con pasear por los alrededores y disfrutar de las vistas tranquilamente sentados sobre las laderas de las colinas.



A las 15 p.m., nos subimos de nuevo a la furgoneta y emprendemos la vuelta, contentos por la espectacular visita y aderezado por un nuevo enfrentamiento ruso-francés. Por la tarde, visitamos el Museo Histórico- Etnógrafico de Mestia, y cenamos en la terraza del Sunseti.