Domingo 12 de Mayo:
El domingo a las 13:50 salíamos de Málaga con dirección al aeropuerto internacional de Ben Gurión, con escala en Madrid. Volamos con Iberia, y la verdad es que bastante bien, sobre todo después del desastre de vuelo que tuvimos a Los Ángeles. Esta vez el avión era mucho más moderno.
No tuvimos retrasos y a la hora estipulada llegamos a Israel. La verdad es que estábamos algo nerviosos por el control de entrada. Conocemos gente que ha estado recientemente allí y nos habían puesto los controles policiales casi como interrogatorios de la KGB, pero la verdad es que sólo nos preguntábamos que para qué íbamos al país, les dijimos que a Eurovisión y nos dejaron pasar sin mayor problema.
La policía de aduanas no te sellan el pasaporte, de hecho, no queda constancia en ningún sitio de él de que hayas estado en el país. Te dan un papel azul con la misma foto que aparece en el pasaporte y tus datos personales y debes guardarlo hasta la salida, donde te dan un papel rosa parecido. La verdad es que agobia un poco pensar que como pierdas el papelito te puedes meter en un buen lío para salir del pais, pero bueno, lo metí dentro del pasaporte y éste bien guardado dentro de la mochila y afortunadamente no pasó nada.

El aeropuerto internacional es moderno y llama mucho la atención. Tiene una especie de plaza central con una inmensa fuente, rodeada de tiendas y bares, y varios pasillos que llevan a las puertas de embarque. Casi parece más un centro comercial que un aeropuerto.


Entre los trámites aduaneros, cambiar dinero y la recogida de equipajes salimos a la zona de llegadas sobre las 12 de la noche y buscamos a nuestro transfer, el típico señor con un folio con tu nombre, pero sin éxito. El señor o señora que nos tenía que recoger no estaba por allí. Nos inquietamos un poco pero decidimos guardar la calma y curiosear por allí. Vimos unos stands con información sobre eurovisión y cogimos algunos folletos y guías de Tel Aviv, con los actos programados para esa semana, planos, horarios de autobuses, etc., que nos vino muy bien en algún momento. También aprovechamos para preguntar lo de la tarjeta SIM y la tarjeta de transporte. Como la SIM era muy cara la dejamos para preguntar en la ciudad y mucho mejor, allí nos salió por la cuarta parte del precio, como ya conté en la etapa anterior.
Tras ese rato curioseando por el hall de llegadas vimos aparecer a nuestro conductor y salimos al aparcamiento a buscar el coche. Llegar a un país nuevo y desconocido de noche no suele ser lo mejor, ya que personalmente me da más sensación de inseguridad. Nuestro chófer nos llevó directamente al apartamento, donde nos esperaba el dueño para darnos las llaves y explicarnos cómo funcionaba todo. El alojamiento está situado a unos 5 minutos andando de Jaffa, la zona antigua de Tel Aviv, y a un paso de la gran avenida Jerusalem Boulevard, con muchas tiendas.

Cuando nos despedimos de nuestro anfitrión nos fuimos a un súper cercano que abría las 24 horas para comprar cosas para desayunar la semana que íbamos a estar allí y también algunas cosas para cenar, ya que teníamos intención de hacerlo allí algunos días. El barrio resultó ser mayoritariamente musulmán, y como estábamos en plenas fechas de Ramadán, había bastante ambientillo y las calles decoradas con luces. Aún así, nos dio la sensación de ser una zona un poco destartalada. Los siguientes días pudimos comprobar que en general casi toda la ciudad es así.
