Llegábamos esa mañana a las 7 h aunque la hora prevista era las 8 h, como todas las mañanas la iniciábamos con nuestro desayuno en el camarote, sin agobios y relajados.
En este puerto la gran mayoría de nuestros compañeros hicieron excursión con free turismo, nosotros íbamos a hacer la visita por libre, así que cogí toda la información que había recopilado de esta acogedora ciudad, nuestra intención era subir directamente con taxi al monte O Castro y eso hicimos, nada mas salir de la terminal cogimos el taxi que por 7 euritos nos subió a la parte más alta de este monte que nos encantó, visitamos el castillo donde pudimos disfrutar de unas vistas maravillosas tanto de las rías de Vigo como de la zona del interior, un lugar tranquilo y que invitaba al sosiego y a estar horas mirando las postales que nos brindaba hacia cualquier lugar donde dirigíamos nuestra vista.


Por cierto, nos llamó mucho la atención las escaleras mecánicas que subían desde la Puerta del Sol hasta el Paseo de Granada, creo que ha sido una buena idea del Ayuntamiento además muy integrado con el entorno.

Tras la comida, que como siempre fue buena en términos generales, nos fuimos a tomar café con nuestros compañeros que llegaron mas tarde que nosotros, también es cierto que se pararon a saborear los productos en este caso no de la tierra, sino del mar, llegando derechos al café y el limonchelo que era lo que habitualmente tomábamos todos los días tras la comida.
Tras esta sobremesa nos dirigimos a nuestro camarote para acicalarnos y también para contemplar la partida del puerto, queríamos ver de cerca las islas cies, pasaríamos cerca de ellas, tras despedirnos de Vigo y estirar un poco las pieernas disfrutando de la brisa de Atlantico, tocaba vestirse de blanco, esta noche era la Fiesta blanca en el puente 9 (piscina cubierta).

La noche iba acabando, tocaba cenar a las 21 horas y esta noche nuestro joven compañero de viaje Cristobal cumplía años, así que tocaba tarta y cantarle cumpleaño feliz al final de la cena.
Aunque durante el día no coincidiéramos todos los del grupo, la cena se convertía en el reagrupamiento del grupo, era la forma de contarnos las experiencias vividas durante el día, amenizados siempre por nuestro camarero, Rosario, que terminaba haciéndonos algún juego de mano o nos enseñaba que hacer con la servilleta, y terminada la cena todos juntos terminábamos tomando la última, en la sala donde podíamos todos sentarnos, éramos 19 y difícil de encontrar sitio para todos juntos, esta noche no tuvimos problemas nos fuimos todos a la fiesta blanca y no hizo falta sentarse, no paramos de bailar, bueno entre baile y baile la copa y alguna silla siempre venía bien.
Esta noche terminamos tarde, al día siguiente no deberíamos madrugar si no es porque los Hijos de la Gran Bretaña nos iban a hacer madrugar para hacernos el control de inmigración, un reconocimiento cara a cara a todos los pasajeros, y a los de nuestra planta nos citaron a las 9 horas.
No podíamos entender que estando en aguas francesas, estos señores nos hicieran un control de inmigración dos días antes de llegar a su país, y eso que aun no se han ido de la CEE, no se que será cuando ya no estén.