Salimos de casa sobre las 4 de la mañana para coger el primer vuelo que salía a las 6:25 con dirección a Frankfurt.
Después de un año preparando el viaje, imaginaos el subidón que tenía ya que, pese a que aún quedaban por delante casi 24 horas hasta llegar a Myanmar, la aventura empezaba en ese momento!
En Frankfurt tuvimos que hacer parada de 6 horas, ya que el siguiente vuelo, que nos llevaría a Bangkok, no salía hasta las 14:45h, así que tuvimos tiempo para dar una y más vueltas por el aeropuerto, muy moderno, con zonas de máquinas recreativas, de televisiones para ver películas y luego, en la zona donde estuvimos esperando el embarque una gran columna central con una pantalla que rodeaba dicha columna, nos mostraba vídeos de ciudades a donde se llegaba desde dicho aeropuerto y también entre vídeo y vídeo, nos invitaba, mediante código QR, a unirnos a un juego interactivo donde había varios participantes e ibas cazando aviones de papel.
Como me aburría, pregunté en el mostrador si un update a Business era posible, a ver si sonaba la flauta y lo dejaban tirado de precio, pero no sonó esta vez...

Una vez embarcados me puse a disfrutar del mastodonte de avión que nos tenía que llevar 9500 Km surcando el aire . Un Airbus A380-800 de 2 pisos donde caben más de 400 personas. Los asientos me parecieron suficientemente cómodos, más incluso que en el vuelo que hicimos con Qatar Airways hace 2 años y la comida realmente buena con un servicio bueno pero sin muchas florituras.
El servicio multimedia ofrecido en el avión bastante limitado en comparación con Qatar Airways y encima, las películas no eran en español (cosa que con Qatar si que lo eran) con lo cual las tuve que ver en Inglés sin subtitular.
Gracias a este servicio no me aburrí como una ostra porque mi mujer se habia tomado una dormidina y se quedó inconsciente como M.A del Equipo A a los 10 minutos de despegar, despertándose sólo cuando las azafatas pasaban con comida!
Por mi parte, pese a que lo intenté, fui incapaz de pegar una cabezadita. Menos mal que había cogido asiento de pasillo y podía levantarme cuando quisiese.
Después de 10 horas de vuelo, y siendo las 06:30 de la mañana en Bangkok, y sin haber dormido nada desde que me levanté en casa, una carrerita para coger el avión que llevaba a Yangon nunca viene mal para empezar el día/tarde/noche/lo que fuese porque yo llevaba un desajuste que ni me aclaraba...
Pues eso, que el tránsito en Bangkok es un desastre. Sales del avión y aunque has pasado ya 7 controles en Frankfurt te redirigen a pasar ooootro control que casi nos hace perder el vuelo a Yangon ya que estaba llenísimo de gente. Tuve que echar a correr ya que encima, el avión había aterrizado en la otra punta del aeropuerto (un clásico) de donde salía el que nos tenía que llevar a Myanmar.
Al final, todo quedó en una anécdota y mis 3 litros de sudor derramado para llegar a tiempo valieron la pena!


Así que, sobre las 9 de la mañana y con un jet lag de 3 pares de narices llegamos a Yangon, donde lo primero que hice fue cambiar dinero en una casa de cambio que hay justo enfrente de la puerta de salida ( hay 2 o 3) e intente comprar una tarjeta para el móvil. Digo intenté porque llevaba un móvil antigüete para usarlo allí en Myanmar y las tarjetas eran solo de 4G y mi móvil no podía usar 4G (imaginaos lo antiguo que era)
Llegamos al hotel sobre las 10 de la mañana y yo no sabía ni donde estaba de lo hecho polvo... Después de quedar con el taxista que nos había traído al hotel para que nos recogiese a las 5 de la mañana del día siguiente, hicimos el check-in y nos metimos en nuestra habitación y por la ventana pudimos ver que empezaba a llover. Una típica tormenta del sudeste asiático a 35 grados, así que nos tumbamos a descansar un poco y nos dio igual que el Aire acondicionado solo funcionase en método ventilador. No teníamos fuerza para nada más. Mi mujer, con la dormidina haciéndole aún efecto, se quedó frita 2-3 horas y yo parecía un búho posado sobre una rama, dando vueltas mirando al techo sin poder dormir...
Cuando la bella durmiente se despertó


Aprovecho la entrada a la pagoda para hacer un inciso sobre la religión en Myanmar.
La verdad es que Myanmar es un país muy peculiar. La devoción que sienten, el fervor religioso y la creencia fuerte y firme en su fe es encomiable. Mas del 80% de los birmanos son budistas y lo que nos llamó poderosamente la atención es lo desprendidos que son y lo respetuosos con todo lo relacionado con sus templos/pagodas/estupas/figuras de budha. Allá donde vayas en las pagodas, hay cajas transparentes llenas de billetes donde los birmanos, pese a que algunos llegan con lo justo para comer, depositan su dinero constantemente, o sus ofrendas de agua y arroz. Luego esas cajas se quedan sin recoger, sin guardarlas, al aire expuestas...¿Os imagináis eso en España? ¿Ese respeto y esa seguridad que nadie va a quitar nada? Quizás es por la creencia en el karma y en las reencarnaciones, pero a mí me mostró que en ese país no íbamos a tener ningún tipo de problema en cuanto a nuestra seguridad, como así fue.
Dimos una vuelta a la inmensa pagoda, viendo por primera vez, a gente de los templetes adyacentes a la gran pagoda, orando, recitando mantras y algunos incluso tumbados en el suelo durmiendo! imagen que se repetiría bastante durante nuestro viaje por el país. Imagen curiosa que con lo "empanaos" que somos se nos olvidó preguntar a nuestros guías el porqué o si era algún tipo de costumbre
No faltó la visita a nuestro día de nacimiento, donde vimos a la gente echando agua sobre la imagen del Budha que se encuentra allí. Le echan tantos cuencos de agua como años tiene la persona y me he enterado después que nuestro día de nacimiento (el de mi mujer y el mío) es considerado de mala suerte! Así que si fuésemos birmanos allí que tendríamos que estar todos los días echando cazos de agua al budha!
Después de nuestra primera incursión el cultura y religión local, volvimos al hotel y nos pusimos el bañador para subir a la terraza del hotel y estrenar la piscina porque que había parado de llover pero el calor seguía siendo el mismo, pudiendo ver desde el tejado del hotel la cúpula de la Shwedagon Pagoda y tomando varias fotos para mandar a casa y confirmar que habíamos llegado sanos y salvos. Así que después de bebernos una cervecita fresca en una de las mesas de la terraza,elegimos un restaurante tailandés que estaba a 5 minutos del hotel y allá que nos fuimos.


Disfrutamos de nuestra primera cena, aunque no la disfruté mucho siendo sincero, porque estaba que me caía de cansado. Al hotel que nos fuimos y ya nos acostamos porque al día siguiente cogíamos un avión para el Lago Inle a primera hora de la mañana.