Sigue lloviendo; desayunamos muy bien y decidimos ir a las Termas del Salado que están cerca.
Las termas en esta ciudad (2 habilitadas) son las que dan origen a su nombre; inicialmente lo relacioné con la religión, tan presente en todo Ecuador, pero en realidad era un sitio de descanso para los nativos guerreros que aprovechaban las virtudes de las termas para recuperarse y descansar en sus desplazamientos de una zona a otra.

El precio de la entrada es de $ 4 por persona más $ 0,50 por el alquiler del gorro de plástico que es obligatorio. Uno puede estar todo el tiempo que quiera pero no puede salir fuera del predio y regresar. Hay 7 piletas, 5 calientes con graduaciones y 2 frías.

Fuimos a varias, incluso alguna al aire libre mientras lloviznaba y había un viento muy molesto. Conversando con una persona que nos contó que iba habitualmente nos recomendó ir de la pileta más caliente a la fría o directamente al río que está pegado a las piletas y que ese cambio brusco liberaba toxinas y relajaba. Sinceramente me pareció lógico pero una locura para mi cobardía al frío. Después de un rato llegamos a la pileta más caliente y en algún momento volvimos a pensar en lo que nos dijo ese hombre y para colmo lo vimos salir hacia el río y se metió completo al agua helada.
Tomamos coraje y fuimos a la pileta fría donde con esfuerzo me metí hasta la cintura congelando partes muy sensibles de mi cuerpo… Al salir la sensación fue muy agradable y no sentimos para nada el frío y viento que había. Repetimos la secuencia de pileta caliente y fría y me metí completamente para mi propia sorpresa con muy agradables sensaciones. Nos duchamos y salimos de regreso.
Cerca del mediodía nos fuimos al centro a tomar un colectivo (bus) urbano que nos lleva a la Casa del Árbol por $ 1 por persona en un viaje de subida que duró alrededor de ½ hora. El lugar es un centro turístico que cobre $ 1 y ofrece un canopy muy corto para niños, un par de hamacas que te hacen “volar” hacia el abismo, un bar/restaurant, un par de miradores y una casita sobre un gran árbol en la parte alta de una montaña. Para variar no hay mucho paisaje porque las nubes nos envuelven y menos tranquilidad por un grupo de alemanes que gritan todo el tiempo.

Salimos a esperar el colectivo de regreso y le preguntamos al encargado en la entrada si había alguna forma de bajar caminando para disfrutar el paisaje y la vista del pueblo. Nos indicó que nos bajemos en la parada Bella Vista y que desde allí sigamos un sendero hasta el pueblo. Así lo hicimos y caminamos alrededor de 1 ½ horas todo en bajada pero con bastante barro con paisajes muy lindos y tranquilos porque casi no había gente.

En el pueblo pasamos por la terminal terrestre para sacar pasajes hasta Puerto Río Napo /Tena para, desde allí, llegar a Puerto Misahuallí donde pasaríamos las siguientes 2 noches en la selva.
Compramos algunas cosas para tener comida para eventualidades y me regalé una bolsa de caramelos de menta exquisitos y refrescantes, que eran los que nos regalaba cada noche después de cenar la dueña de un restaurant en Puerto López hace 3 años.
Cruzamos otra vez el pueblo y en el hostal nos dimos una buena ducha y una rica merienda. Nos permitieron dejar la mochila grande y organizamos lo necesario en la mediana para viajar más cómodos. Todos nos advierten sobre los cuidados dentro del bus con las mochilas o bolsos especialmente durante la noche cuando la gente se duerme porque los sacan, cortan o abren y roban lo que encuentran. Por suerte nunca pasó nada de eso en nuestros viajes.
