Nos levantamos, bajamos a sentarnos frente al río y Theo nos sirvió un desayuno espectacular que no terminamos y conversamos con él sobre actividades en la zona de bajo costo.
Nos recomendó algunas opciones y salimos en bus urbano ($ 0,50) hasta la Cascada de la Lata distante a 8 km. El precio de la entrada es de $ 3 y hay un sendero muy lindo en un ambiente selvático con infinidad de sonidos que dura aproximadamente 45 minutos hasta acceder a la zona de la cascada; antes hay otras posibilidades para los que no quieren caminar tanto y les interesa bañarse y disfrutar otras cosas.

La cascada no es grande pero es algo original y con un entorno que lo enriquece; el agua estaba fría y llegamos hasta la parte de atrás del salto de agua. Nos quedamos un rato al sol junto a otras personas que había en el lugar esperando que se seque la ropa ya que llegamos todos mojados de la humedad y calor que hace.
Al volver decidimos improvisar e intentamos volver por el cauce del río sin saber si era posible porque nos habían dicho que había otros saltos menores durante el camino. Hubo 2 o 3 lugares bastante complicados que nos obligaron a bajar las mochilas con sogas y ensuciar nuestros pantalones o mallas arrastrándonos por el suelo, troncos, barro o hilos de agua para evitar una peligrosa caída. Finalmente llegamos a la última poza u olla (entramos a verla al comenzar el sendero) y aprovechamos a bañarnos un rato largo ya que estaba muy linda y fresca; tenía una forma de canales angostos de casi 1 mt. de profundidad con pendiente lo que lo convertía en un gran tobogán que terminaba en una pileta grande y profunda acompañados de lejanos truenos que avecinaban tormenta.


Allí retomamos el sendero y en pocos minutos estábamos en la puerta de acceso; conversamos un rato con el dueño que nos contó que además de esa actividad trabajan una parcela donde producen plátanos, yuca y maíz. Nos sorprendió cuando nos contó que se dio cuenta hace un tiempo que el uso de agroquímicos le hacía mal y dejó de usarlos aunque produzca menos. Originalmente se los regalaban para que mejoren sus rendimientos y después era muy difícil dejarlo; casi como la metodología en las drogas…

Volvimos en otro bus, nos dimos una ducha y esperamos un rato porque parecía que estaba por llover aunque no lo hizo en ese momento tal como nos sugirió Theo. Generalmente llueve durante la noche y madrugada.
Salimos a cenar “Maito de Tilapia”, plato típico del lugar que consiste en una tilapia (pez) envuelto en 3 hojas de bijao (planta selvática) a la parrilla. La 1º hoja se quema, la 2º se pone negra y la 3º es la fuente del pescado. El plato se sirve acompañado de yuca, arroz y salsa acompañado por “Guayusa”, bebida hecha a base de las hojas de una planta amazónica energizante. Se usan las hojas que se hierven como una infusión y se rebaja con agua en partes iguales; se toma caliente o fría y se puede agregar limón, azúcar u otros elementos. Muy rica. Pagamos por la cena más una sprite $ 4,70.-
