El parque Natural de las Sierras de Cazorla Segura y las Villas es el entorno natural más grande de toda España, abarca una gran superficie, y eso que sierras que están pegadas como la de Castril, no forma parte de este conjunto. Dentro de dicho parque, la Sierra de Segura es la de mayor superficie, su terreno escarpado, lleno de barrancos y cuevas, sin grandes núcleos habitados, hacen de esta sierra un lugar especialmente aislado, quizás por eso sea tan desconocido.
Sobre las 9:30 y tras desayunar una tostada tipo barca, de las que no te ponen en la ciudad, parto hacia la Sierra de Segura. Me alojaré en el camping Garrote Gordo, situado cerca de las aldeas de Huelga Utrera y Los Anchos, tengo por delante unas 2 horas y media de coche para recorrer sólo 110km, esto se debe a que las carreteras son de montaña y llenas de curvas.
Cuando salgo del valle del río Castril el móvil comienza a recibir todos los mensajes que no me han llegado durante estos dos días, pero al poco vuelvo a perder la conexión. Tras rodear el embalse de San Clemente el paisaje cambia, dando lugar a una amplia estepa de campos de secano. Durante unos tres o cuatro kilómetros me acompañan varias Carracas, uno de los pájaros más coloridos de nuestra fauna. Me sorprende ver tanta densidad de esta especie en un lugar tan concreto.
Después la carretera coge altura y se obtienen vistas alucinantes de toda la sierra. Cuando la calzada comienza a acercarse a la zona de la Sagra el cielo se llena de nubes de buitres que giran en círculos tomando altura.
En Santiago de la Espada aprovecho para hacer un descanso y tomarme un refresco. Me acerco hasta el nacimiento del río Segura, en Pontones, ya que me queda de camino. Tiene cierto misterio ver como brota esta agua azul turquesa desde el interior de la tierra, aunque el entorno no termina de acompañar a tan bonito manantial.
El último tramo de carretera antes de llegar al Garrote Gordo es alucinante. El río Madera va encajando su cauce a la vez que va sembrando de verdes helechos todo su paso.
En el camping me reciben muy amablemente y me sirven unas costillas con patatas recién salidas de un antiguo horno del que solo pueden salir cosas maravillosas. Después de la comilona me tocaba montar la tienda, vaya bajón.
Menos mal que el río Madera pasa cerca y esconde unas pozas preciosas de aguas verdes, refrescantes pero no heladas. Todo el entorno es de cuento, aparecen mariposas y libélulas a cada paso, el bosque de pinos y helechos que acompaña al río te hace pensar que estas en cualquier zona del norte en lugar de estar en pleno Agosto en Andalucía.
De regreso al camping, por el camino, me encuentro con un gran ejemplar de lagarto ocelado, que aguanta el tipo antes de espantarse y me deja acercarme bastante para disfrutarlo de cerca.
Sobre las 9:30 y tras desayunar una tostada tipo barca, de las que no te ponen en la ciudad, parto hacia la Sierra de Segura. Me alojaré en el camping Garrote Gordo, situado cerca de las aldeas de Huelga Utrera y Los Anchos, tengo por delante unas 2 horas y media de coche para recorrer sólo 110km, esto se debe a que las carreteras son de montaña y llenas de curvas.

Cuando salgo del valle del río Castril el móvil comienza a recibir todos los mensajes que no me han llegado durante estos dos días, pero al poco vuelvo a perder la conexión. Tras rodear el embalse de San Clemente el paisaje cambia, dando lugar a una amplia estepa de campos de secano. Durante unos tres o cuatro kilómetros me acompañan varias Carracas, uno de los pájaros más coloridos de nuestra fauna. Me sorprende ver tanta densidad de esta especie en un lugar tan concreto.
Después la carretera coge altura y se obtienen vistas alucinantes de toda la sierra. Cuando la calzada comienza a acercarse a la zona de la Sagra el cielo se llena de nubes de buitres que giran en círculos tomando altura.
En Santiago de la Espada aprovecho para hacer un descanso y tomarme un refresco. Me acerco hasta el nacimiento del río Segura, en Pontones, ya que me queda de camino. Tiene cierto misterio ver como brota esta agua azul turquesa desde el interior de la tierra, aunque el entorno no termina de acompañar a tan bonito manantial.
El último tramo de carretera antes de llegar al Garrote Gordo es alucinante. El río Madera va encajando su cauce a la vez que va sembrando de verdes helechos todo su paso.

En el camping me reciben muy amablemente y me sirven unas costillas con patatas recién salidas de un antiguo horno del que solo pueden salir cosas maravillosas. Después de la comilona me tocaba montar la tienda, vaya bajón.

Menos mal que el río Madera pasa cerca y esconde unas pozas preciosas de aguas verdes, refrescantes pero no heladas. Todo el entorno es de cuento, aparecen mariposas y libélulas a cada paso, el bosque de pinos y helechos que acompaña al río te hace pensar que estas en cualquier zona del norte en lugar de estar en pleno Agosto en Andalucía.


De regreso al camping, por el camino, me encuentro con un gran ejemplar de lagarto ocelado, que aguanta el tipo antes de espantarse y me deja acercarme bastante para disfrutarlo de cerca.
