El viaje a Jodhpur es un espectáculo. Sentado con la puerta abierta del vagon del tren en marcha aparece esa otra India que es la India desde el tren. Rural y tórrida. En dirección al desierto pero a mitad de camino todavía predomina el verde y el marron, moteados de saris fluorescentes y puntos blancos y oscuros de ganado. Hemos cogido las 2 literas bajas del compartimento del tren en el que vamos. En cada uno de los laterales hay 3 literas aunque la de medio está plegada siempre si no es de noche. A los pìes de estas hay dos literas más en el pasillo, pegadas a la ventana. Han pasado ya 3 horas, nos quedan 2.
Esta mañana liquidamos en el Haveli Heritage Inn de Ajmer. 1500 INR (20'2 eu) por las dos noches. Uno de los 2 hermanos dueños, nos llamó al Hill View Guest House de Jodhpur para reservar una habitación. Geniales los dos hermanos. Orgullosos y encantadores, no les cabe el corazon en el pecho. Maravillosas personas al igual que el chaval y el hijo que trabajan con ellos. Va por ellos.
Hasta las 14 h, salida del tren, visitamos el templo Nasiyan (rojo) jainista. No nos pudimos “colar” en los oficios que estaban celebrando, y la entrada de 5 INR (8 cms) te permite sólo ver una sala cerrada que contiene una representación kitch en oro o dorada de su universo. De camino al complejo-mezquita Dargah de la tumba de Khwaja Muin aladin Chishti, centro de peregrinación musulmán más importante de la India gastamos tiempo relajadamente paseando por los parques con pabellones de mármol del lago Ana Sagar, verde y denso como una crema de espinacas, donde la gente se tumba a dormir o se sienta a ver las aguas y las montañas del otro lado, Sin embargo, unos 100 metros antes de llegar, en las escaleras de un gath a la orilla del lago, uno se encuentra decenas de parias lavándose entre toneladas de mierda flotando.
La calle en la que desemboca la mezquita es de un bullicio sofocante y la entrada estaba atestada de “fieles”. Como en las demás, dejas los zapatos en la entrada, y en ésta no te dejan pasar cámaras. Cuando entras hay unos patios anteriores al culto donde no accedí, porque no quise pagar la “voluntad”. Ofrecí 10 INR que llevaba sueltas, pero les pareció poca “contribución” a Alá. De cualquier manera, el barrio de alrededor es animado y efervescente, y merece unas vueltas. Acabamos, antes de ir a recoger los bultos en el Beer Bar del Hotel Paramount que comenté anteriormente, a tomar una Kingfisher y un snack de arroz frito.
Ahora en el tren, trabamos conversación con Rachá, el jefe mecánico, puede que también camarero, cartero, alcalde y espero que no conductor de la locomotora, vestido elegantemente. Vive en Jodhpur y hace esta ruta tres dias seguidos y descansa dos. Como manda la tradición rajasthaní lleva tatuado su nombre en el antebrazo. Es amistoso, socarrón y directo. Nos une el tabaco. Me vió fumando sentado en escalon de la puerta abierta del vagon del tren en marcha, y ahora nos invita a su rincón al principio del convoy, punto final antes de la locomotora. Nos juntamos ahí, un hueco de 2 metros cuadrados, nosotros, él y 2 amigos suyos.
Nos abre la puerta para que veamos pasar el expreso inacabable de Bombay que tienen cronometrado, nos enseña algunas palabras que dice que son saludos y cortesías, pero que no diré en la India por si nos toma el pelo y acabamos apedreados por haber insultado a alguien, y se parten de risa con buen humor.
El tren llega a las 8 de la tarde después de 5 horas y media de viaje placentero. Rickshaw por 25 INR (35 cms) a la fortaleza de Jodhpur donde el Hill View Guest House hace honor a su nombre con unas vistas geniales del Sky Line de la ciudad. Simpatía a raudales de Safron, la dueña, comida casera, un huesped permanente belga, un grupo de 3 Nikon con japoneses, un oriental sin identificar suelto y a dormir.

Esta mañana liquidamos en el Haveli Heritage Inn de Ajmer. 1500 INR (20'2 eu) por las dos noches. Uno de los 2 hermanos dueños, nos llamó al Hill View Guest House de Jodhpur para reservar una habitación. Geniales los dos hermanos. Orgullosos y encantadores, no les cabe el corazon en el pecho. Maravillosas personas al igual que el chaval y el hijo que trabajan con ellos. Va por ellos.

Hasta las 14 h, salida del tren, visitamos el templo Nasiyan (rojo) jainista. No nos pudimos “colar” en los oficios que estaban celebrando, y la entrada de 5 INR (8 cms) te permite sólo ver una sala cerrada que contiene una representación kitch en oro o dorada de su universo. De camino al complejo-mezquita Dargah de la tumba de Khwaja Muin aladin Chishti, centro de peregrinación musulmán más importante de la India gastamos tiempo relajadamente paseando por los parques con pabellones de mármol del lago Ana Sagar, verde y denso como una crema de espinacas, donde la gente se tumba a dormir o se sienta a ver las aguas y las montañas del otro lado, Sin embargo, unos 100 metros antes de llegar, en las escaleras de un gath a la orilla del lago, uno se encuentra decenas de parias lavándose entre toneladas de mierda flotando.

La calle en la que desemboca la mezquita es de un bullicio sofocante y la entrada estaba atestada de “fieles”. Como en las demás, dejas los zapatos en la entrada, y en ésta no te dejan pasar cámaras. Cuando entras hay unos patios anteriores al culto donde no accedí, porque no quise pagar la “voluntad”. Ofrecí 10 INR que llevaba sueltas, pero les pareció poca “contribución” a Alá. De cualquier manera, el barrio de alrededor es animado y efervescente, y merece unas vueltas. Acabamos, antes de ir a recoger los bultos en el Beer Bar del Hotel Paramount que comenté anteriormente, a tomar una Kingfisher y un snack de arroz frito.

Ahora en el tren, trabamos conversación con Rachá, el jefe mecánico, puede que también camarero, cartero, alcalde y espero que no conductor de la locomotora, vestido elegantemente. Vive en Jodhpur y hace esta ruta tres dias seguidos y descansa dos. Como manda la tradición rajasthaní lleva tatuado su nombre en el antebrazo. Es amistoso, socarrón y directo. Nos une el tabaco. Me vió fumando sentado en escalon de la puerta abierta del vagon del tren en marcha, y ahora nos invita a su rincón al principio del convoy, punto final antes de la locomotora. Nos juntamos ahí, un hueco de 2 metros cuadrados, nosotros, él y 2 amigos suyos.

Nos abre la puerta para que veamos pasar el expreso inacabable de Bombay que tienen cronometrado, nos enseña algunas palabras que dice que son saludos y cortesías, pero que no diré en la India por si nos toma el pelo y acabamos apedreados por haber insultado a alguien, y se parten de risa con buen humor.

El tren llega a las 8 de la tarde después de 5 horas y media de viaje placentero. Rickshaw por 25 INR (35 cms) a la fortaleza de Jodhpur donde el Hill View Guest House hace honor a su nombre con unas vistas geniales del Sky Line de la ciudad. Simpatía a raudales de Safron, la dueña, comida casera, un huesped permanente belga, un grupo de 3 Nikon con japoneses, un oriental sin identificar suelto y a dormir.