Momento presente. En una terraza de tantas con vistas a un lago en obras y sin agua. La imaginación permite ver que con agua es un lugar encantador, pero ahora los ghats, escaleras que conducen a la purificación o lo que sea, están vacíos, excepto un estanque de unos 10m donde se ven unos cuantos.
Llegamos aquí en un bus local con el doble de viajeros de la capacidad de la guagua. El coste 9 INR (12 cms) desde Ajmer. Pushkar se ve más relajado, hippyoso,y hay muchísimo más turista del que hemos visto hasta ahora. Música Goa, terrazas, y artesanía de cuero, pulseritas, pipas para fumar, figuritas, chanclas, telas tintadas, plata, etc.
En el camino, algún pícaro te viene con el rollo de la flor sagrada como ofrenda de respeto o tonterías por el estilo, para sacar unas monedas. Yo les decía que el respeto lo llevaba dentro, y se retiraban tranquilamente al instante. Luego hay mucho santon sucedáneo o auténtico mendigando pero con una sonrisa y gimnasia de cintura se les regatea. A diferencia de dias anteriores nos pudimos sentar sin más a dejar pasar el tiempo, cosa que agradecimos enormemente.
Ahora hemos pedido la comida, en Pushkar son estrictamente vegetarianos, un fried dal, un mix de frutas, una ensalada taboule, y un arroz frito, acompañado de soda con limon y zumo de papaya. Mi fiel estómago sigue en perfecto estado al ritmo de la música chill out y las plegarias de Pushkar.
Reseña de la comida: El dal es excelente y 4 bebidas y los platos nos han costado 350 INR (5 EU), y el dueño es muy majo. El restaurante está en la terraza del hotel Lake View, en Sadar Bazar, calle "mayor" de Pushkar.
Rambleamos entrando y saliendo de la corriente, y acabamos en el majestuoso templo sigh de mármol blanco, donde descalzos y cubiertos nos dejan entrar. Acabada la visita volvemos a la terraza a tomar algo y ver el atardecer. Vuelta de noche en la parte trasera del bus, desde donde observo el juego de gestos sensuales entre un par de jóvenes indis, uno en la fila izquierda y otro en la derecha separados por el pasillo. Estaba por animarles y de decirles que se dieran un beso ya y que les pagaba un hotel, después de media hora de guiños y miradas y gestos.
Al llegar a Ajmer de noche, preguntamos a una policía la dirección a tomar para llegar al hotel y emocionada, nos da conversación, sentimiento y amabilidad, señalándonos el nombre de su placa Asha, y asustándose incrédula ante la contestación de que “vamos caminando”.
Al cabo de 5 minutos de paseo se nos une un chico que se baja de la bicicleta y nos acompaña todo el camino, interesado en saber y en contarnos, que se casa el año que viene con una chica de 17 años llamada Parvinda que le quiere mucho, que estudia comercio y su plan es irse a trabajar a Dubai al acabar los estudios. Todo ello salpimentado con una sonrisa franca, y explicaciones sobre el lenguaje corporal con la cabeza de los hindus.
Adios
Llegamos aquí en un bus local con el doble de viajeros de la capacidad de la guagua. El coste 9 INR (12 cms) desde Ajmer. Pushkar se ve más relajado, hippyoso,y hay muchísimo más turista del que hemos visto hasta ahora. Música Goa, terrazas, y artesanía de cuero, pulseritas, pipas para fumar, figuritas, chanclas, telas tintadas, plata, etc.

En el camino, algún pícaro te viene con el rollo de la flor sagrada como ofrenda de respeto o tonterías por el estilo, para sacar unas monedas. Yo les decía que el respeto lo llevaba dentro, y se retiraban tranquilamente al instante. Luego hay mucho santon sucedáneo o auténtico mendigando pero con una sonrisa y gimnasia de cintura se les regatea. A diferencia de dias anteriores nos pudimos sentar sin más a dejar pasar el tiempo, cosa que agradecimos enormemente.

Ahora hemos pedido la comida, en Pushkar son estrictamente vegetarianos, un fried dal, un mix de frutas, una ensalada taboule, y un arroz frito, acompañado de soda con limon y zumo de papaya. Mi fiel estómago sigue en perfecto estado al ritmo de la música chill out y las plegarias de Pushkar.

Reseña de la comida: El dal es excelente y 4 bebidas y los platos nos han costado 350 INR (5 EU), y el dueño es muy majo. El restaurante está en la terraza del hotel Lake View, en Sadar Bazar, calle "mayor" de Pushkar.

Rambleamos entrando y saliendo de la corriente, y acabamos en el majestuoso templo sigh de mármol blanco, donde descalzos y cubiertos nos dejan entrar. Acabada la visita volvemos a la terraza a tomar algo y ver el atardecer. Vuelta de noche en la parte trasera del bus, desde donde observo el juego de gestos sensuales entre un par de jóvenes indis, uno en la fila izquierda y otro en la derecha separados por el pasillo. Estaba por animarles y de decirles que se dieran un beso ya y que les pagaba un hotel, después de media hora de guiños y miradas y gestos.

Al llegar a Ajmer de noche, preguntamos a una policía la dirección a tomar para llegar al hotel y emocionada, nos da conversación, sentimiento y amabilidad, señalándonos el nombre de su placa Asha, y asustándose incrédula ante la contestación de que “vamos caminando”.

Al cabo de 5 minutos de paseo se nos une un chico que se baja de la bicicleta y nos acompaña todo el camino, interesado en saber y en contarnos, que se casa el año que viene con una chica de 17 años llamada Parvinda que le quiere mucho, que estudia comercio y su plan es irse a trabajar a Dubai al acabar los estudios. Todo ello salpimentado con una sonrisa franca, y explicaciones sobre el lenguaje corporal con la cabeza de los hindus.
Adios