Oasis de Dakhla. Objetivo
Dakhla es uno de los llamados oasis mayores del desierto líbico u occidental egipcio. Su situación a mas de 800 kilómetros del Valle del Nilo, le ha conferido un carácter especial, tanto al paisaje como a sus habitantes, aunque su vinculación al resto del país es evidente, tanto ahora como lo fue en la antigüedad.
Antaño fue la base u origen de expediciones al corazón de África que partiendo hacia el suroeste a través de Gebel Oeinat, retornaban con riquezas producto del comercio que a su vez los gobernadores provinciales enviaban hacia el este, hacia el Valle del Nilo, hacia Asiut.

En nuestro viaje pretendemos conocer, saber sobre este alejado lugar en el Sahara egipcio, saber de sus gentes, de sus tierras, de sus historias, si, de sus historias que fueron muchas.
Sus actuales 75.000 habitantes, no conocen de grandes ventajas del mundo moderno, de grandes proyectos que se forjan para fomentar el turismo desde la capital, ni siquiera saben que es el corona virus, pues tampoco a llegado aquí, solo saben del trabajo diario, de sembrar sus campos, recolectar dátiles, de mantener las fuentes de agua, de cuidar algunas reses y cabras, solo, y nada mas y nada menos, saben del esfuerzo de llevar a sus hijos al colegio para separarlos del trabajo de adultos, solo saben de sus urgencias diarias y se saben valedores de esa fuerza que da dejar en manos de Allah su devenir.

Nuestra ruta se inicia en Luxor, después de dejar nuestro cómodo hotel en la orilla oriental, cruzamos el Nilo mediante el ferry local, allí nos espera nuestro amigo Khalil y también Saber, quien será nuestro conductor y a la vez un gran conocedor del oasis al que vamos.

Después de varios kilómetros entre campos de cultivo del westbank de Tebas y ya en las cercanías de Armant, despidiéndonos de la orilla fértil tomamos la carretera que transcurre hasta el oasis de Kharga, nuestra primera etapa, el camino de cerca de 450 kilómetros, lo conocemos, experiencias anteriores nos hacen aceptarlo, sin conexión telefónica, sin aire condicionado (algo que recomiendo) sin prisas, nos sentimos a gusto, la época del año que hemos escogido de primeros de octubre no hace diferente las temperaturas de estos parajes, quizás solo por la noche refresca algo.

Algunas paradas para tomar un té e ir al gran baño sin puertas, para estirar las piernas y seguir sorprendiéndonos con la belleza del desierto y de ese lento andar de sus arenas que lo invaden todo.

Cuando ya empezamos a notar las primeras señales de la operadora telefónica egipcia en nuestros móviles, se hacen visibles los primeros puestos de control, aquí no es la policía, si no el ejercito quien hace esta función, sin problema, con sonrisas, con la sorpresa y al tiempo alegría de ver occidentales que viajen por esos lares. En este primer control en la bifurcación que después nos habrá de llevar hasta la ciudad de Kharga, nos desviamos al sur, hacia Baris, son decenas de kilómetros que nos acercaran hasta uno de los puntos mas meridionales fuera de el curso del Nilo, que el viajero puede pisar antes de llegar a la línea imaginaria de la frontera con la provincia o wilaya de Ash Shamaliyah (el norte) en el Sudan.

