El treking de Sarkofagen fue mucho más exigente de lo esperado.
Salimos desde Nybyen, el punto más alto de Longyearbyen y el plan era alcanzar la cima de la montaña que abandera el valle.
El grupo de la expedición era bastante variopinto, en edad y preparación física. Gente muy bien equipada y alguno en vaqueros y zapatillas. El guía, que llevaba un fúsil en la mochila, hablaba Español (era un suizo residente en Málaga que venía a trabajar en verano) y pidió voluntarios para cargar con 6 botellas de 2L de agua en termos. Como no habia muchos voluntarios hubo un valiente insensato que se cargó 3 termos. El guia cargó otros 3. Repartió también comida y unos crampones llenos de barro que tuvimos que cargar cada uno en su mochila.
Nada mas cruzar la señal de "peligro osos" nos adentramos en el valle para iniciar la ascensión hacia el glaciar que veíamos desde la ventana de nuestra habitación.

Al principio del camino vimos un nido de urogallos bebés que aguardaban a que su mamá les trajera la comida. Que monos... todos despeluchados.
Cuando llegamos a la base del glaciar nos pusimos los crampones y empezamos la ascensión por el hielo. El glaciar Longyear es estable y sin grietas, mayormente plano por lo que no se necesitan cuerdas. Hay pequeños riachuelos de agua sobre hielo que lo surcan en los extremos. El guía nos dijo que era un glaciar muerto. Que no crecía pero tampoco menguaba. Dijo que en Svalbard tenían glaciares en retroceso pero también había glaciares en progreso (creciendo).

Para nuestro gusto el guía iba demasiado rápido y el grupo con capacidades físicas desiguales se estiraba mucho. No se que habría hecho si nos hubiera sorprendido un oso.
El paisaje se hace extraño, como de un planeta diferente. Pudimos ver fósiles grabados en piedras de 60 millones de años de antigüedad según nos dijeron. Yo creo que los guardan y cada vez que hacen la excursión hacen ver que los encuentran.

Llegado un punto, en lo alto del glaciar, había que cruzar un río para seguir con el ascenso. Y el guía eligió un mal sitio para cruzar, que los primeros casi se van río abajo. El resto encontramos un sitio mejor para cruzar.
Y a partir de este punto empieza la verdadera subida. Por una especie de tartera con permafrost. Muy poco estable y un poco resbaladiza.
No hay camino. El camino lo hace el caminante al andar.
Nos encontramos con otro río, que baja de a saber donde. Y el guía en lugar de cruzarlo nos hace hacer una ascensión alternativa. Yo lo quería matar y no era la única.
En la cima nos sorprende una extensa llanura cubierta de tundra, hay unas vistas magnificas de otro glaciar y del valle con Longyearbyen al fondo. Utilizamos agua del termo para preparar la comida deshidratada que nos han dado y bebemos una taza de sirope de arándanos calentita. De postre, cookies. El de los 3 termos vuelve a sonreír como un niño y yo pienso que gente así tendría que haber más en el mundo. Hay otro excursionista que saca un dron y lo hace volar desde lo alto.



Y tras unos 20 minutos de descanso empieza el descenso. Sin camino. Dice el guía que el mejor camino va cambiando. Pues muy bien. Unos sufren más que otros. La mayoría de los que iban en cabeza subiendo se empiezan a quedar atrás. Y los buenos "descendedores" tomamos la delantera. La experiencia es un grado.
El del dron pasa de su novia que baja con zapatillas muy lenta y a trompicones. Él ya está abajo, tiene que grabar porque tiene un blog y estas fantásticas tomas le van a permitir ganar nuevos seguidores.
En el tramo final hay que salvar muchos riachuelos con piedras muy inestables y es muy fácil acabar en el suelo de un resbalón.
Finalmente y después de unas 5 horas conseguimos llegar al punto de partida envueltos en barro.
Ducha y cena preparada por nosotros en la cocina del hostel. Sopa de sobre y jamón ibérico español que hemos traído en la maleta. Y un cola-cao.
Salimos de nuevo al exterior a escuchar el silencio. Es un silencio que no cansa. No nos damos cuenta y ya son las 23.00h.
Cerramos las cortinas de la habitación y nos ponemos los antifaces. Mañana cambiamos de hotel y nos vamos en una lancha rápida a ver un frente glaciar que muere en el mar.