El día está más nubladillo en el camping de Skaftafell. Estamos ilusionados porque va a ser nuestra primera experiencia sobre un glaciar. Hemos contratado con localguide la excursión de 5 horas, que con el descuento de la empresa de la furgo, se nos queda en 109 euros. Cogimos esa porque queríamos algo más intenso que la excursión de 2 horas y acertamos de lleno. El punto de encuentro era a las 9:15 y a las 9:30,ya estábamos llegando al glaciar, en un enorme monstruo 4 * 4. Éramos un grupo de 9, con la suerte de que la guía era una chica de Salamanca, súper simpática y profesional.
Breve camino a pie hasta la misma lengua Fallsjokull, ajustamos crampones y para arriba. Le coges el truquillo enseguida, andar con los pies llenos de clavos.

Llegamos a una vía ferrata espectacular. Ahí vamos cogidos con los arneses, al lado de pozos que ha formado el hielo, es muy auténtica la sensación (también tiene su peligro). El paisaje no puede ser mejor y para que no falte de nada, vemos un derrumbe de hielo, como corren las rocas de hielo, ladera abajo, a cien metros de nosotros. El hielo azul, las formas que adquiere, la inmensidad, todo eso hace la excursión, totalmente recomendable.
Al final empieza a llover un poco, pero no hace no frío. La excursión acaba sobre las 14:30, que nos dejan de nuevo en el punto de encuentro.
Hambrientos y cansadillos, decidimos que vamos a hacer noche de nuevo en ese camping y hacemos el trekking que hay para ver la cascada Svartifoss, que comienza en el centro de visitantes de Skaftafell.
Una subida de menos de una hora y llegas a la cascada. Me la imaginaba más caudaloso, pero lo de verdad importante, es el entorno. Esas negras columnas de basalto, que le dan un aire lúgubre y misterioso al lugar.

Tiramos escaleras arriba, pues vamos a hacer la ruta 2, que es circular y no la podéis perder. Llegas a unas casitas con su techo de musgo, con su merendero y una paz inmensa, allí nos quedamos un buen rato Sentados. Comenzamos el descenso y llegamos a una cascada guapísima, que no sé el nombre, y que se puede ver, desde diferentes salientes/miradores (cuidado con el vértigo). Bajamos hasta una especie de bosque, llamado Lambhagi. Creo que se llama así, porque llevaban los corderos hasta ese lugar. De los pocos sitios con árboles en toda Islandia.
Ya en el camping de nuevo, machacados, cenamos charlando con los vecinos de al lado, que son de Valencia, una pareja muy maja, que también había visto las auroras boreales... arrrggggg.