Ese día no teníamos planes más allá de visitar Zadar y alguna playa de los alrededores. El cansancio del viaje ya pesaba y queríamos algo de tranquilidad.
Así, desayunamos con calma y nos fuimos a visitar la ciudad. Empezamos por la Puerta Terraferma, la principal puerta de entrada a la ciudad desde tierra. Un emblema de la ciudad, con su león de San Marcos, que recuerda el pasado veneciano de Zadar.

Antes de seguir el paseo por las murallas, nos detuvimos en la plaza de los Cinco Pozos. Como su nombre indica, tiene 5 pozos en línea construidos encima de una cisterna que abastecían a la ciudad y que estuvieron activos hasta finales del siglo XIX.

Justo al lado está el parque Vladimir Nazor, que merece un paseo, además de disfrutar de las vistas a la Puerta del Terraferma y al puerto.

En la plaza Trg Petra Zoranića hay restos romanos, donde destaca una gran columna. Desde allí comenzamos el paseo por las murallas, pasando por el mercado y por la otra puerta de entrada a la ciudad, la puerta del Puerto. En algún momento nos alejamos de las murallas y empezamos a callejear sin rumbo, a ver qué nos encontrábamos. Así llegamos a la plaza Narodni Trg, el epicentro de la ciudad.

La siguiente visita de nuestro anárquico paseo fue la catedral de Santa Anastasia. En su fachada frontal hay dos hermosos rosetones, pero si por algo destaca es por su gran campanario, al que no subimos.


Justo al lado está la iglesia de San Donato, el edificio que más nos impactó de toda la ciudad. Es un templo católico prerrománico construido sobre las ruinas del foro romano, y pueden verse en sus cimientos restos de columnas y templos romanos. Merece mucho la pena entrar a ver su estructura. Aún pueden leerse inscripciones de los restos romanos que usaron para su edificación.



Allí mismo pueden verse las ruinas del Foro Romano. Vale, no es el foro de Roma, queda muy poco en pie, pero es interesante pasearse por este espacio.


Seguimos callejeando, evitando la zona del órgano de mar y el saludo al sol, donde estuvimos la tarde anterior y donde pensábamos volver de nuevo a ver el atardecer.
Comimos en uno de los restaurantes recomendados, el 4 Kantuna. Por la noche fue imposible encontrar mesa, así que aprovechamos para comer. Unos ñoquis y un pulpo buenísimos. Pedimos dos postres, pero no estaban a la altura de los platos principales.
Descansamos un rato y decidimos buscar algún sitio para pasar la tarde a remojo. Fuimos andando a Kolovare beach, una playa de cantos rodados con agua muy clara. Allí pasamos un rato haciendo snorkel. Lo malo es que se levantó viento y el agua se puso bastante movida.
A la hora del atardecer estábamos de nuevo sentados en el órgano de mar. Esta vez nos llevamos algo de comer y unas cervezas, para no tener que preocuparnos después de que no hubiera sitio para cenar.
El atardecer fue muy bonito, como el del día anterior. Fuimos a ver el curioso “saludo al sol”, una estructura que de noche se ilumina de colores, con la energía cumulada del sol durante el día. Las luces hacen las delicias de los más pequeños, que corretean por allí.


Fuimos a tomarnos unas cervezas artesanas locales muy ricas al bar Deja Brew. Dimos un último paseo nocturno la ciudad y nos fuimos a descansar. Zadar es una ciudad muy interesante. Sin ser tan bonita como otras ciudades de Croacia, bien merece una visita, aunque con medio día sería suficiente.
