Dubrovnik – CROACIA
Famosa por sus naves y comercio con Venecia y Oriente hoy es una ciudad-museo visitada por turistas de todo el mundo. Pertenece a la República de Croacia y se encuentra ubicada al sur del país siendo sus costas bañadas por el Mar Adriático. La capital es Zagreb al norte y otras ciudades importantes son Split, Rijeka, Osjek y Zadar.
Su historia nos cuenta que el actual territorio croata estaba habitado por los ilirios, habitantes de la península de los balcanes. En el siglo IV a.c. llegaron los celtas. Los griegos se asentaron después y a la costa adriática arribaron los romanos y se impuso la cultura latina.
Los croatas, de origen eslavo, ocuparon la región en el siglo VII. Reyes y príncipes fueron sucediéndose, los reinos de Croacia, de Dalmacia y el Imperio Austro-Húngaro la gobernaron sucesivamente. Cuando en 1918 se crea el reino de los serbios, croatas y eslovenos, los serbios intentaron imponerse en el nuevo reino yugoslavo. Apelaron para ello a una dura represión de las otras etnias. Un dirigente croata Ante Pavelic creó la organización nacionalista y ultraderechista de los Ustacha con el fin de resistir a los serbios. Una semana antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Croacia recuperó la independencia. Las fuerzas alemanas conquistaron y desmembraron Yugoslavia. Decenas de miles de serbios, judíos y gitanos fueron muertos en campos de concentración. Josip Broz Tito combatíó a los alemanes y sus aliados. La victoria de los croatas llevó a la creación del Consejo Antifascista Popular para la liberación de Croacia. En 1990 Croacia hizo pública su decisión separatista, los serbios no aceptaron y atacaron Eslovenia y Croacia desatándose una cruel guerra. El 30% de Croacia fue ocupada por los serbios, incluyendo Krajina, enclave de la mayoría serbia. La lucha arruinó pueblos y ciudades, devastó la agricultura y la industria.
A este lugar hemos llegado. Es la Terminal Autobusna Karta de Eurolines.
El viaje no fue aburrido. Paisajes montañosos, un lago de aguas tranquilas y verdosas, las casas todas parecidas a los costados de la ruta.

Está lleno de cementerios, los cristianos con su cruz y los musulmanes con esa especie de pirámide pequeña. ¡Qué tristeza!¡ Que despropósito esta guerra! Odio, muerte, destrucción. Los seres humanos ávidos de poder y locura.
Un mar de aguas azules y tranquilas. Consulto el mapa. Es el Adriático que baña las costas de Italia, Croacia y Albania.
De la nada aparece una ciudad muy bella. Dubrovnik, una villa de veraneo impactante. Poca gente en una especie de postal a destiempo y en un idioma irreproducible; una pareja en un inglés muy básico nos trataba de convencer que debíamos ir a su alojamiento.

Declinamos la oferta, la dejé a Melina esperándome en un barcito cercano y salí a la búsqueda de un lugar para dormir.
Cerca de la terminal, no tenía otra alternativa, cambié 100 Euros y me dieron 750 UKUPNO KN, no tengo idea de esa moneda, veremos si rinden en nuestros gastos. Aprendí. La Kuna es la moneda nacional de Croacia.
Croacia apuesta a recuperarse y está ofreciendo sus bellas islas y costas. Dubrovnik con sus playas y su ciudad amurallada sin prisa y sin pausa, con espíritu de emancipación, con ausencias y recuerdos desteñidos es hoy protagonista de un renacer permanente y conmovedor.
Hace frío así que privilegié un hotel confortable. Me decidí por el PETKA, enorme, de varios pisos y frente al puerto donde veo infinidad de barcos, embarcaciones de todos los tamaños que navegan por un mar calmo y transparente... se ven pocos turistas.
Volví a buscar a Melina que, estaba escribiendo y leyendo, abstraída del mundo y metida en el suyo tan particular y exclusivo.
- Todo listo. Ya cambié el dinero y nos vamos a un hotel espectacular.
- ¿Es muy caro?
- No te preocupes, tiene un precio accesible para nuestro presupuesto y parece tranquilo y limpio.
- Está justo frente al muelle, con balcones y un desayuno con todo lo que se te ocurra.

Al pie de una montaña que cae a pico sobre las aguas azules está la ciudad de casas de tejas rojas, palacios, monasterios, negocios con muchos recuerdos del lugar, y callecitas tranquilas por ser invierno.
El verano se ofrece a Dubrovnik convertida en una villa de recreo con cruceros que cruzan estos mares. La costa dálmata es recorrida por barcos de todo tipo: transatlánticos, yates privados, barcos de recreo y hasta galeones antiguos.
El hotel estaba lleno de contingentes de turistas de todo el mundo. Si no querías almorzar esta era tu gran oportunidad, un gran comedor y toda clase de comidas a degustar para el desayuno: tocino, omelettes, salchichas, quesos, fiambres, panes de todo tipo, yogures, postres, té, café, jugos, en fin, ¿olvidé algo? ¿O nos servimos todo?
El idioma es una barrera infranqueable para la comunicación, si no lo sabés son solamente algunas palabras sueltas, una sonrisa, un ademán y nada más. Si encontrás alguien que habla tu lengua la alegría es grande y la conversación extensa. Así se suscita este circuito del emisor, el mensaje y el receptor, en vivo y en directo.
Personas solitarias, amables, distantes, taciturnas, otras esbozando una sonrisa...así está transcurriendo este "viaje balcanizado".
Dubrovnik, la antigua Ragusa rodeada por la gran muralla de 16 torres convenció a los productores de Game of Thrones desde la segunda temporada a filmar en este castillo.
Las escalinatas, las cúpulas, las torres y murallas de 1.940 metros eran todo lo que los guionistas se habían imaginado para Kin's Landing, la Capital de los Siete Reinos.

OLD TOWN es la vieja ciudad y las imágenes dicen todo lo bella que es. Bordeando el mar y con una caminata motivadora por el entorno con perspectivas de lejos, de cerca, laterales y frontales, las finísimas sombras que se proyectaban eran a la manera de brumas azuladas. Universo encantador de colores.
Todas las viviendas son de piedra con callecitas que se pierden como laberintos escondidos, escaleras, ropa tendida, iglesias y negocios donde se venden recuerdos.
El mar Adriático es un mar del Mediterráneo entre las penínsulas Itálica y Balcánica que se comunica con el mar Jónico mediante el canal de Otranto. Un mar tranquilo, un día apacible y los únicos turistas que navegamos a la isla de Lopud, vecina de otras islas como Sipan, Kolocep, Mljet, Lastovo, Korcula Peljesac eramos nosotros. El resto pobladores y gente de trabajo que transitaba entre la ciudad y su casa en la isla. Un lugar tan bello que es difícil describirlo.
La isla tiene muy pocos habitantes, dicen que unos doscientos. Es un lugar muy peculiar y tranquilo: No hay autos. Lopud fue habitada hace miles de años. Se encuentran antiguos edificios y ruinas eslavas, romanas y griegas. Las iglesias dispersas en la isla son también del medioevo y hay varios monasterios, siendo el más antiguos uno de la orden de los franciscanos que data del año 1.483.
Sus casas de veraneo, su clima tropical, su atmósfera marinera nos ofrece un lugar de percepciones estéticas únicas.

Una bocanada de aire invernal y la despedida de Dubrovnik en la bella Croacia rumbo a Budva, uno de los países más jóvenes del planeta: Montenegro.
El autobús y la palabra extraña de las dársenas de las terminales en estos países extraños: PERON, que por supuesto no tiene el significado que nosotros los argentinos le damos a ese famoso apellido. El camino bordeando el mar, y en la costa meridional del mar Adriático las bahías de Kotor, único fiordo natural de Montenegro. Se llaman bahías porque están conectadas entre sí por un estrecho paso.
Sobre sus orillas montañosas hay pueblitos y murallas que rodean la ciudad de Kotor . Es tanta la belleza de este lugar que fue declarado Patrimonio Mundial Histórico y Cultural por la Unesco.
Un mar transparente, tranquilidad, orden y seguridad absoluta. La comida típica de la zona es el cerdo, cordero, pescado, mariscos y según cuentan el mejor jamón ahumado de los balcanes.
La bahía de Kotor además de sus montañas, mares de un azul intenso, penínsulas exclusivas y pueblos medievales tiene una intensa vida nocturna y sobre todo, precios de no creer.
Llegamos a Budva, un parador muy original, lleno de gorriones en sus techos que nada tímidos comían las miguitas del piso y si podían también las de las mesas. Tenemos un tiempo para esperar el ómnibus que nos llevará a Skopje capital de Macedonia: tierra del hombre que conquistó casi todo el mundo conocido y fundó un imperio que iba desde Asia menor (hoy Turquía) hasta la India. Se llamaba Alejandro y ha pasado a la historia con el nombre de Alejandro Magno, es decir " el grande".
Almorzamos en este lugar esperando el ómnibus que sale a las 18 horas, dentro de 5 horas. Charlamos animadamente y siempre el diálogo es cordial esbozando medias sonrisas. Estamos muy felices. Es un viaje extraordinario.