Ayer no tuvimos suerte con la iglesia de Santa Maria del Popolo, así que de buena mañana, volvemos a tomar el metro y volvemos a estar en frente de la puerta, que sigue cerrada. ¿Será porque hoy es Viernes Santo? Estoy empezando a perder la esperanza.
Para salir un poco del circuito turístico nos acercamos (en autobús) al Barrio Coppedè.
Es una zona muy pequeñita con un estilo arquitectónico singular.
Es la fantasía creativa de un arquitecto, llamado Coppedè, de principios del siglo XX, con inspiración Art Decó, Art Nouveau y otras mil influencias.
Se accede por el arco en el cruce entre la via Dora y la via Tagliamento.
Las fantasiosas casas se distribuyen alrededor de la Fuente de las Ranas. Está el Palacio de la Araña, por el animalejo dorado en la fachada, está la Villa de las Hadas, con su alto torreón de inspiración medieval…
Damos una vuelta por esta pacífica zona residencial y nos acercamos a los jardines de Villa Torlonia.
Seguimos con el tema de la arquitectura fantástica y visitamos la Casina delle Civette, o casita de las lechuzas, por los vitrales de la entrada.
Fue la extravagante residencia de un príncipe de finales del siglo XIX, de aspecto de cabaña alpina.
La entrada es de pago pero nosotros no entramos, simplemente la rodeamos desde el exterior divirtiéndonos con cada detalle.
También nos llama la atención el edificio llamado Serra Moresca, con clara inspiración árabe.
Nos dirigimos al centro y comemos algo ligero antes de entrar al Palazzo Barberini. Mandado construir por el mismo papa de las abejas (Urbano VIII, el del baldaquino del Vaticano).
La valiosísima colección de este museo incluye obras maestras de mis dos favoritos: Caravaggio y Bernini, además de otros artistazos como El Greco, Rubens o Canaletto.
La entrada cuesta 12€ y como es habitual, el primer domingo de mes es gratuito.
Admiramos un buen rato a “Judith y Holofernes” de Caravaggio, la sangrienta escena en que nuestra heroína salva a su pueblo del villano general asirio. ¿Quién no puede sentirse identificado con la cara de repelús de la chica?
(foto de la wikipedia)
De Bernini hay varios virtuosísimos bustos de Papas. Estamos un par de horas, incluido un paseo por los elegantes jardines.
Y seguimos con el barroco, pero ahora, en arquitectura. Muy cerca está la iglesia San Carlo alle Quattro Fontane.
La estrecha fachada, situada en una esquina entre dos calles, podría no llamar la atención del transeúnte y que este pasara de largo. Sería una pena, porque es una de las joyas más originales del barroco.
En la fachada, Borromini, el arquitecto rival de Bernini, ya juega con las curvas para crear espacio para las estatuas de los nichos. El interior, prácticamente blanco para darle más luminosidad, tiene forma de óvalo.
El techo es quizás lo más impresionante, cuatro medias cúpulas se encuentran en el centro para crear una gran cúpula ovalada que combina cruces y octógonos en el artesonado para finalizar con un luminoso vitral con la santa paloma iluminando el interior.
Y a tan solo doscientos metros bajando la calle, tenemos la también espectacular Sant’Andrea Al Quirinale.
También barroca, y también de planta elíptica, esta es obra de nuestro Bernini. Que la sencilla fachada no engañe a nadie, dentro hay mármoles rosados, blancos, verdes…
Hay numerosas capillas gustosamente decoradas, y sobretodo una preciosa cúpula de artesonado dorado, adornada con ángeles, que culmina con una linterna por la que entra la luz a través de unas ventanas con cristales amarillos que nos resultan ocultas.
Y además, está el altar.
La pintura que lo decora es el martirio de San Andrés. El cuadro está custodiado por varios angelitos de bronce dorado que ascienden hasta la luz de un óculo del que salen rayos de sol.
El altar está precedido por un pórtico de inspiración clásica con cuatro columnas y un frontón encima del cual tenemos de nuevo la figura de San Andrés, de estuco blanco, esta vez encima de una ligera nube y ascendiendo hacia el divino cielo.
Dos siglos más adelante (o solamente ochocientos metros) y estamos cruzando la opulenta Galleria Sciarra.
Probablemente el patio de luces más bonito de toda Roma, decorado al estilo Art Nouveau.
Elegantes figuras mayoritariamente femeninas cubren las cuatro plantas de los edificios que rodean la galería. Las de la parte superior son alegorías a las virtudes de la mujer, tal como indican sus carteles: "Benigna", "Amabilis", "Iusta", etc.
En la parte inferior tenemos las distintas escenas familiares de su ciclo de vida: niña, esposa, madre. (Ay, la idea burguesa de la mujer no estaba muy avanzada por aquél entonces…)
Nuestro siguiente destino es Santa Maria de la Victoria, residencia de la fantástica escultura del Éxtasis de Santa Teresa de Bernini.
Se me rompe un poquito el corazón cuando al acercarnos a la puerta de entrada leemos en el cartelito que el templo estaba cerrado hasta nuevo aviso por daños en el tejado.
Y como última visita del día, entramos en la cercana Basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires.
Por su aspecto, con gruesos muros de ladrillo medio derruidos, no diríamos que es una iglesia, pero es que el edificio había sido unas termas romanas.
A mediados del siglo XVI entra Miguel Angel, ya octogenario, con el encargo de transformar el interior en algo muy parecido a lo que vemos hoy en día.
Es destacable la línea meridiana que hay en el suelo, una instalación de bronce del principios del siglo XVIII.
Cumple la función de reloj de sol, mediante un agujerito (tan pequeño que es muy difícil de ver) en la pared sur, que deja pasar un rayito de sol. Al mediodía el rayo coincide con la línea.
Finalizada la visita celebramos la última cena del viaje en un encantador restaurantito tradicional en el mismo barrio donde nos encontramos.