Teníamos habitaciones reservadas en la Pensión Orois, en el mismo centro urbano. De nuevo, muy buena relación calidad/precio. Además, estaba perfectamente situado para conocer la localidad. Aquí nos reencontramos con bastante tráfico de coches en las calles -algo casi olvidado durante nuestros recorridos a pie-, pues este pueblo es un importante cruce de caminos en Galicia.
Plano turístico, habitación y alrededores.






Pasaban unos pocos minutos de las cinco y apenas estaba cansada. En ese momento, pensé que quizás hubiera sido mejor completar la etapa tradicional y llegar a Arzúa, pero como lo hecho, hecho estaba, no le di más vueltas y me dispuse a aprovechar la tarde para conocer Melide, ya que me habían comentado que es uno de los pueblos más interesantes de la ruta, donde convergen, además, los Caminos Francés y Primitivo, que en adelante comparten itinerario hasta Santiago de Compostela. Así que, después de ver los alrededores de nuestro aposento, me dirigí a la Oficina de Turismo, en la Plaza del Convento, donde me dieron todo tipo de información para mi recorrido, que comencé en sus aledaños.



Melide (Mellid en gallego) es un municipio coruñés que cuenta con unos siete mil quinientos habitantes y cuya economía ha girado tradicionalmente en torno a los sectores ganadero y forestal, sin olvidar la importancia del comercio y la hostelería debido a la gran cantidad de peregrinos que cruzan la localidad desde tiempos medievales, dada su situación estratégica en el Camino de Santiago. No obstante, sus antecedentes son mucho más remotos, prueba de lo cual es que en su territorio se encuentran el menhir más grande de Galicia, datado en el neolítico, y 18 Castros de la Edad del Hierro.

Su evolución histórica se puede conocer el Museo da Terra de Melide, ubicado en lo que fue un antiguo hospital de peregrinos, cuyo origen se remonta a 1502, aunque solo conserva parte de la portada. Además de arqueológico e histórico, es un museo etnográfico que proporciona mucha información sobre los usos y costumbres de la zona. Me gustó visitarlo. Muy recomendable si se dispone de tiempo.




Además de sus calles y plazas, durante las casi cuatro horas que estuve paseando por Melide pude ver el que se considera el Cruceiro más antiguo de Galicia, una cruz gótica del siglo XIV.

A su lado, está la Capilla de San Roque, que fue construida a mediados del siglo XX con piedras y piezas procedentes de antiguas iglesias medievales, como la portada de la desaparecida iglesia de San Pedro, del siglo XIII.

La iglesia parroquial se encuentra en el antiguo Convento del Sancti Spiritus, del siglo XIV, aunque se reformó después. Destacan enterramientos de familias nobles del siglo XV y el altar de la Capilla Mayor, barroco, del siglo XVII.



Al lado, en la misma Plaza, están el Ayuntamiento y la Capilla de San Antonio, Obra Pía del siglo XVII con escudos en los muros.



En las afueras, me acerqué hasta el antiguo castillo, desde el que se contemplan bonitas panorámicas y donde está la Capilla del Carmen, del siglo XVIII.




No muy lejos, se encuentra la Iglesia de Santa María, de finales del siglo XII, con pinturas del XVI, que es Monumento Nacional. Lamentablemente, estaba cerrada las dos veces que me acerqué. En cualquier caso, el exterior también merece mucho la pena. El camino pasa al lado, así que no es preciso desviarse para ver su fantástica fachada. Lo de entrar a ver las pinturas, ya es otra canción.


En resumen, pasé una buena tarde en Melide, un lugar donde se descubren rincones escondidos con mucho encanto, a pesar de que los coches aparcados estropeaban un tanto las perspectivas de las plazas y de las típicas casas gallegas con miradores, y tuve que hacer malabares para evitar los vehículos, lo que no siempre conseguí.





A la hora de cenar, fuimos a la Pulpería Ezequiel, especializada en cocina gallega. Aunque no estuvo mal, quizás esperábamos algo más, sobre todo del pulpo.