El primer encuentro con el barco, también resulta siempre emocionante, porque sabes que te esperan un montón de aventuras y esa va a ser tu casa por unos días.
El embarque fue bastante ágil. Nos dividieron por grupos, a medida que llegábamos a la terminal.
En poco más de media hora estábamos dentro. He de decir que para cruceristas novatos con esta naviera, no había demasiada información. Una vez dentro, no sé si los ascensores estaban programados para parar en el puente 8 o qué, pero todos acabábamos allí. En el centro del barco y en ese puente está el pub irlandés, que está abierto las 24 horas. Como había mucha gente y conocíamos barcos gemelos a este, decidimos buscar la zona alta del barco donde se encuentra el bufet. Allí había gente, pero no demasiada. Y supongo que todos eran ya de un perfil similar al nuestro, o sea, expertos con esta naviera.
Comimos en soleada la terraza de popa, en una zona cubierta por toldos. Esa zona de los barcos la frecuentamos mucho y siempre resulta agradable.
Luego esperamos a que abriesen las puertas de los pasillos que dan acceso a camarotes para encontrar el nuestro.
Nuestro camarote estaba en el puente 8, cerca del pub irlandés, así que tomarlo como referencia, ya desde el primer minuto, nos permitía acceder a él con facilidad.
En el camarote teníamos unas botellas de agua de cortesía por ser miembros Gold de la naviera y un montón de papeles con información, algunos dentro de un sobre.
Nuestras maletas llegaron a los pocos minutos, así que nos dispusimos a deshacer las maletas y colocar nuestras cosas en el armario y cajoneras.
El barco es del año 2006 y es de los que conserva un diseño clásico (más barco que parque temático). Soy una persona que disfruta por igual en cualquier barco. Me gustan todos, de modo que alterno unos y otros (barcos nuevos y menos nuevos, grandiosos y más pequeños) porque normalmente escojo en función de la ruta.
En este caso, la ruta inicial cubría 4 países (Grecia, Turquía, Rumanía y Bulgaria). Escogí el barco por los puertos de Rumanía y Bulgaria, pero 2 meses antes de embarcar la naviera los cambió por puertos griegos, escudándose en razones de seguridad en el Mar Negro, por la guerra de Ucrania. Como tenía los vuelos contratados por mi cuenta, decidí mantener la reserva.
Finalizado el proceso de poner orden en el camarote tocaba cita con el simulacro de emergencia, así que llegado el momento acudimos a nuestro punto de encuentro. El simulacro se hizo en inglés y español.
Llegados a este punto hago un paréntesis para comentar el tema de la lengua a bordo, que no es otra que el inglés. En atención a que había un amplio segmento de pasaje de habla hispana en el barco (americanos de México, Colombia, Chile, Argentina, etc. y apenas una docena escasa de españoles) los mensajes importantes que se daban por megafonía se hacían en inglés y español, pero nada más. Los espectáculos en el teatro eran presentados solo en inglés, así como las fiestas y otras actividades de entretenimiento. Para nosotros el idioma no supone problema, porque tenemos un nivel de inglés básico, pero suficiente para comunicarnos y entender lo que nos dicen, pero para quienes no sepan nada de inglés, el idioma podría suponer alguna dificultad. La lengua de la tripulación también era la inglesa y desconozco si había tripulantes de habla hispana.
Cierro el paréntesis para seguir con el relato.
Tras participar en el simulacro, el barco soltaba amarras e iniciaba la navegación. Siempre me gusta ver la salida de los puertos, así que disfrutamos de la salida del Pireo, contemplando el mar que se teñía de plata, por el efecto del atardecer.
A esa hora había una pequeña fiesta en la piscina, con los bailarines, músicos en directo y el equipo de animación, así que aprovechamos para participar en los bailes de grupo.
El resto de la tarde lo invertimos en descubrir los diferentes salones, que se concentraban en los puentes 6 y 7. En el 8, solo estaba el pub ya comentado. Y más arriba en los puentes 12 y 13, se encontraba la zona del bufet, la piscina, gimnasio, spa, mini-club y algunos de los restaurantes con suplemento.
A las 7 de la tarde fuimos a ver el show del Teatro Stardust. Esa noche actuaba un cantante que interpretaba repertorio de Michael Bublé. Estuvo mejor en algunas canciones que en otras, pero en conjunto, no estuvo mal. El show fue de 3/4. Allí tuvimos ocasión de conocer a Víctor, el director de crucero, un chileno encantador y que ha sido uno de los mejores directores de crucero que hemos conocido a lo largo de los años.
Un momento mágico en todos los barcos, es el de ver la puesta de sol. En esta ocasión, pudimos contemplarla cuando el barco se encontraba todavía en las proximidades del Pireo.
A esa hora …. ya empezaba a hacer hambre!
La carta es la misma en dos de los restaurantes. Hay uno más grande el Grand Palace y otro más pequeño: Alizar. El escogido fue este último.
El servicio fue rápido y la calidad gastronómica también estuvo bien. No obstante, he de decir que menos cuidada en presentación. A diferencia de las navieras italianas, las americanas ponen más cantidad, pero la presentación de los platos no es tan bonita. Los italianos, hacen más dibujitos con las salsas en los platos, pero las raciones son más escasas.
A esas horas el barco hervía de actividades: música en directo en diferentes salones, karaoke en el salón Bliss, y a las 10… fiesta en el Spinaker Lounge, que ha sido uno de los que más hemos frecuentado. Estuvimos bailando hasta las 12. Y como Cenicienta, al tocar las 12… se acabó el encanto y nos fuimos a dormir. Mi reloj de pulsera me indicaba que había sido un día inquieto, porque llevaba 36.000 pasos y había subido 59 pisos! Aunque ya nos habíamos olvidado ese día había empezado con la subida a la Akrópolis y le poníamos fin bailando en el Spinaker.
Así que.. tocaba dormir para afrontar VOLOS, primera escala del crucero y puerto nuevo para nosotros, que será objeto de otra etapa del diario.