Vuelta a España con diez horas de retraso.
El avión de TAROM debía salir hacia Madrid a las 08:15 de la mañana, pero unos minutos antes del embarque nos comunicaron que se preveía una demora de ¡450 minutos! No me lo podía creer, otra vez volvía a pasar. En mayo, procedentes de Taskent, en Estambul, perdimos el vuelo de conexión con Madrid por culpa de Turkish Airlines; y, ahora, en Bucarest, una nueva jugarreta de las aerolíneas. Otra jornada perdida en el aeropuerto. Si al menos hubiera podido pasear por Bucarest…
A las nueve de la noche, con diez horas de retraso, conseguí llegar al aeropuerto de Barajas. En fin, ojalá que las indemnizaciones que espero recibir me compensen un poco y me den para otro viaje, a ser posible sin incidencias.

CONCLUSIONES.
La principal es que me ha gustado y me ha sorprendido Rumanía. No esperaba un país con una naturaleza tan intensa, con unos bosques tan frondosos, con tanta agua, tan verde. Y no me refiero a esos paisajes de alta montaña, que te dejan con la boca abierta, ya que su pico más alto supera por poco los 2.500 metros, sino la visión general al ir haciendo kilómetros. Todavía carece de infraestructuras para recibir a una gran cantidad de turistas, sobre todo en cuestión de carreteras, lo cual tiene su lado malo y su lado bueno, pues, como ha ocurrido en otras partes, llegará un momento en que las multitudes estropeen parte de su encanto. Y, de momento, los precios resultan razonables para nosotros, si bien tampoco hay que esperar encontrar gangas.

De lo que vi, lo que más me gustó fue el Castillo de Peles y el entorno de Sinaia, los Monasterios Pintados de Bucovina, las antiguas ciudades sajonas de Brasov, Sibiu y Sigishoara, y, sobre todo, el paisaje que se puede contemplar desde cualquier carretera, mirando simplemente por la ventanilla del vehículo. Una maravilla.


Por lo que se refiere a la comida, aunque no tan variada como la española, tienen una buena gastronomía, con influencias alemanas y húngaras (fiambres, preparados de carne en forma de salchichas y albóndigas, encurtidos…), y también platos con reminiscencias griegas y turcas (verduras, carne picada, arroces…). La sopa no suele faltar en un menú típico rumano, bien de verduras, en potaje, o con trozos de carne, por ejemplo las de callos y tripas de res o patas de cerdo, hervidas a fuego lento, o con pechuga de pollo. Hay que tener cuidado a la hora de pedirlas porque algunas tienen un sabor fuerte, pues contienen crema agria, ajo, vinagre o, incluso, guindilla encurtida. Se sirven muchas verduras, sobre todo berenjenas, pimientos, repollo, col, lombarda o coliflor. La carne más consumida es la de cerdo, pero también se da mucho el cordero, la ternera y el pollo; a veces, la cocinan picada, en una mezcla de varios tipos. Asimismo, son comunes los platos con huevos y quesos, acompañados de polenta (harina de maíz hervida), la cual, confieso, no me hizo demasiada gracia. Y tampoco me gustó el punto del arroz, que aparece como una guarnición frecuente, mezclado con verduras, pero tan pasado que me hacía sentirlo como una pasta poco apetitosa (es una opinión personal).

Aparte del “mici”(rollito de carne picada de cerdo y vaca, o también cordero, a la parrilla y servido con mostaza y puré de patatas), es tradicional el sarmale, unos rollitos de col rellenos de una carne muy especiada. En cuanto a los postres, destacan el papanasi, una especie de rosquilla caliente, rellena de queso, con crema agridulce, mermelada de arándanos y azúcar glas. Totalmente contundente. Además, se da mucho el strudel a la rumana, un hojaldre relleno de compota de manzana, canela y pasas; también los hay con frutos rojos. Por supuesto, hay otros muchos platos y postres, pero esos son los que mejor recuerdo de los que probé.

También probé un par de licores y varias cervezas. Tienen buenos vinos, tanto tintos como blancos, sobre todo un semidulce muy renombrado, del que me traje dos botellitas. Y, por cierto, nos gustó.


Y hasta aquí llega este diario de un recorrido que no ha abarcado tanto como hubiese deseado. En cualquier caso la conclusión es clara: me ha gustado Rumanía más de lo que esperaba. Así que no descarto regresar en un futuro para visitar algunos de los sitios que me apetece conocer y no he visto.