Despertamos con el tiempo justo para vestirnos y caminar hasta el punto donde nos recogerá el barco para llevarnos de vuelta a Murgihiol. El hombre me pregunta por whatts app si nos recogen a las 10 o a las 14, le contestamos que a las 10 y llegamos allí puntuales. Esta vez es una lancha más pequeña y moderna, y solo tiene 4 pasajeros que además nos hemos cruzado cuando íbamos andando, así que deben tener otra parada en el resort Green Village para los que se alojan allí. Los hombres tienen ganas de hablar y hablan muy bien inglés, así que charlamos un rato con ellos. Nos preguntan que de dónde somos y después de un monólogo de 20 minutos de lo preciosa y única que es esta zona, nos pregunta sorprendido por qué hemos elegido viajar a Rumanía. Nos reímos y le contestamos que preciosamente por todo eso que nos está diciendo y nos confirma que a esa zona no llegan muchos turistas, pero si mucha gente local. Le decimos que nos ha costado muchísimo poder llegar y nos dice que lo quieren mantener así para preservar la zona.
Llegamos al puerto, pagamos nuestro viaje (60 lei cada una), nos despedimos de ellos y vamos al coche, que sigue intacto donde lo dejamos ayer. Conducimos rumbo a Constanta, nuestra próxima parada. Nos han avisado que es un poco el “Benidorm” de Rumanía y que es el veraneo y la fiesta del país. La verdad es que tenemos muchas ganas de ver el casino, que es lo que nos llamó principalmente la atención. Y estando “cerca”, nos queremos desviar. A media camino paramos a repostar (vamos en reserva y un poco acojonadas porque hace mucho que no encontramos gasolineras y hemos ido apurando) y compramos unos cafés y algo de picoteo en la gasolinera para subsistir. Pagamos 343 lei (70€) y 3 horas y media después llegamos a Constanta (desde esta zona no hay que pasar por el ferry porque si conecta por tierra). Ponemos rumbo a la zona del puerto, donde buscaremos algo para comer porque ya son las 2 del mediodía y aún no tenemos alojamiento. De camino pasamos cerca del casino y… nuestro gozo en un pozo: ¡está en obras! Tapado con unas telas enormes no se puede apreciar nada. Habíamos leído que estaba bastante deteriorado y la gente reclamaba un arreglo, pero ostras que casualidad que empezaron la renovación a principios de este año y se calcula que estará listo para el año que viene…. Paramos en el puerto, donde todo es zona de pago. Parece que se paga por sms y cuando nos acercamos al cartel para poder hacerlo, justo leemos que el fin de semana no se paga, sino entre semana… al revés que aquí. Hemos tenido suerte, así que vamos en busca de un local para comer. Los precios son muchísimo más desorbitados que en los demás sitios… y los locales también son más “pijos”, con mucho marisco en sus cartas. Al final nos decidimos por un sitio que se llama Tabu, donde vemos precios más razonables y la verdad es que tenemos el apetito un poco cerrado… nos están pasando factura las cervezas de anoche, que ya no tenemos 20 años… jajaj
Allí yo me pido un plato de spaghetti a la carbonara y agua y mi amiga un plato de carne de gyros con patatas y una limonada de fresa. Pagamos 117 lei (24€) por todo.
Sobre las propinas, que expliqué al principio del diario, en muchos sitios si vas a pagar con tarjeta no te dejan añadir el porcentaje de la propina al datafono y por eso es importante llevar siempre algo de efectivo en billete pequeño, porque es la única manera de aportar la propina casi obligatoria. En algún sitio, como aquí, la propina si te sale calculada en el ticket y puedes pedirles que añadan ese importe en el datáfono. Se esperan a que tu les indiques qué precio quieres que te cobren, porque sale el precio sin propina, con una propina del 10% (que es la estándar), el 5% y el 15%, a veces el 12%...

Mientras comíamos hemos encontrado y reservado la mejor opción que nos ha parecido para alojarnos, el Complejo Paloma Coral, en la zona de Mamaia, por 34€ (el alojamiento más caro de todo el viaje). Hemos decidido ir allí porque hay playa, y en Constanta por lo que hemos visto con el coche no hay nada de interés turístico excepto por el casino y una mezquita que vemos desde el coche.
Llegamos después de una media hora, y aparcamos fácilmente en una de las callejuelas. Vamos a recepción a hacer el check-in y nos dicen que nos han dado una mejora en la habitación reservada. Es una habitación muy grande con balcón, y una especie de comedor con sofá y tele. Esta genial, y desde el balcón se puede intuir la playa, que está cruzando un aparcamiento, aunque las vistas nos las tapa otro complejo de apartamentos que hay delante.
Son casi las 5 de la tarde y estamos super cansadas de lo poco que dormimos anoche. Como tampoco parece que haya mucho que hacer por la zona hasta que anochezca, así que la mejor opción que vemos es ducha y siesta para recargar pilas y salir por la noche.
Como buenas españolas, la siesta se nos va un poco de las manos y nos despertamos que ya es de noche… ups, nos hemos perdido el atardecer. Nos vestimos y salimos en busca de cena en algún chiringito chulo de la playa. Cuando vamos a salir nos damos cuenta de que no hemos cerrado la puerta con llave y que la llave no gira… la recepción, por suerte, es 24h. Le comento el problema a la chica y nos dice que probemos a girar la maneta en el sentido contrario y girar entonces la llave…. Una maniobra un poco extraña, pero que funciona.
Cruzamos el parking y salimos una playa solitaria y tranquila. Se escucha música peor no sabemos de donde y a la derecha parece que hay unas luces, así que vamos para allá. Llegamos y resulta que es una especie de espectáculo de un hotel privado, pero por la playa entramos sin problema y vemos a una mujer vestida tradicional y cantando en rumano. Unos 10 fans de mediana edad están en las sillas del bar escuchándola y tomando algo… seguimos avanzando por la playa a la siguiente “carpa con luces” y nos encontramos lo mismo, pero sin acceso libre. Nos empieza a entrar una sospecha de que no va a haber mucha fiesta. Son las 9 y media y no parece que vaya a mejorar, pero seguimos andando. Después de unos 2 km andando llegamos a una zona más animada, con beach clubs con sillones, pero están medio vacíos y aunque tienen la música super alta, no hay nadie para disfrutarla. Otros están simplemente cerrados, esperando que llegue la temporada alta.
Mi amiga, que es muy de postureo, había encontrado uno muy famoso llamado La Cucaracha, así que vamos y realmente es el que más gente tiene. Cuando vamos a entrar, el portero nos mira de arriba abajo y nos pregunta si tenemos reserva. Cuando le decimos que no, nos dice que esa noche solo se entra con reserva. Nos pica la nariz, porque nos da la impresión de que es una forma amable de decirnos que no vamos bien vestidas. Bueno, vestidas si vamos bien… es la noche que más nos hemos arreglado, pero vamos con sandalias y no de las bonitas, ya que solo llevábamos bambas o eso. Nos fijamos y la gente va super arreglada con taconazos o al menos con zapato bonito, así que nos vamos. A mi no me da mucha pena porque no me apetece pagar 15 euros por una copa en Rumania, pero a mi amiga si le hacía ilusión. Seguimos caminando y llegamos a un pequeño paseo con tiendecitas de souvenirs y parece que nos hemos pateado toda la zona de playa “bonita”, así que volvemos a un sitio para cenar que hemos visto antes de que cierren cocina a las 23 de la noche, ya que son las 22.30 pasadas.
El sitio se llama MUSE y también tiene zona de chill para tomar algo, pero nos quedamos en la zona de restaurante y pedimos una pizza, un plato de pasta, una limonada y una coca-cola por 121 lei (24.8€). Es la final de la Champions y el sitio está lleno de gente viendo la final del Manchester – Inter de Milán en una tele que hay. Cenamos y volvemos al apartamento, sabiendo que no hay nada por ahí. Cuando entramos y vamos a dormir, no paramos de escuchar música fuera y no sabemos de dónde viene porque no hemos visto nada.

Yo no tardo nada en dormirme, pero mi amiga a la mañana siguiente me dice que estuvo despierta hasta las 4 escuchando música y mirando en Instagram vio que había una fiesta impresionante justo detrás de nuestro alojamiento, en la playa a la IZQUIERDA. Así que si hubiéramos ido en la otra dirección, la noche hubiera sido muy diferente…
Nota: En resumen, Constanta fue la parada más prescindible de todo el viaje. No vimos nada y pagamos mucho. Yo me llevé la desilusión por el Casino, que ya me hubiera valido la pena, y ella por no encontrar la fiesta, aunque si se busca bien si se consigue y es lo único por lo que creo que la gente se acerca a esta ciudad.
Total dia = 143.59€ (71.79€ p/p)
Total dia con alojamiento = 177,86€ (88.93€)