Hoy nos desplazaremos a nuestro último parque, Zion National Park, pero aún nos queda una mañana en Bryce Canyon, y las piernas aún responden, ¡así que vamos a caminar!
Por cierto, Bryce Canyon se llama así porque el primer mormón en asentarse en este lugar fue un tal señor Bryce.
Y el nombre de Zion también se lo pusieron los mormones, ya que para ellos esta palabra viene a ser algo así como “sociedad sagrada” o “la tierra prometida” o algún significado espiritual similar.
Ayer nos pareció que la parte de descenso del Navajo Loop que no hicimos, tenía muy buena pinta. Se llama Wall Street por las paredes tan verticales y juntas. Allí que vamos.
Es pronto por la mañana y el sol todavía no entra. Podemos disfrutar de caminar prácticamente solos en la sombra de las gigantescas rocas que forman sinuosos cañones.
La subida ya nos la conocemos. El zigzag interminable. Bueno, en total hemos tardado 45 minutos en completar el círculo.
Finalmente para rematar el parque, en la carretera más allá del hotel, se encuentra la Mossy Cave, el único recorrido del parque que empieza en subida para acceder a una catarata construida por los mormones y a una amplia cueva recubierta de musgo. No es imprescindible pero es un bonito y corto paseo.
El trayecto hasta Zion National Park son menos de dos horitas, y nosotros paramos a comer en un pintoresco restaurante de carretera.
En la carretera que nos llevará a Springdale, el pueblo donde está nuestro hotel, se encuentra el recorrido Canyon Overlook, ya dentro del parque Zion.
La carretera está muy concurrida, y el espacio para parking es enano. Aún así tenemos mucha suerte y logramos aparcar.
Este es uno de los senderos más desafiantes para mi miedo a las alturas, por lo estrechito del camino, presentando un importante desnivel en un lateral (en el otro hay roca, no veáis cómo me arrimaba a ella).
Pero la recompensa al final valió la pena. Las vistas del frondoso valle, con las enormes paredes de roca granate son preciosas.
Después de atravesar el eterno túnel hemos llegado a nuestro motel para las próximas dos noches. Tenemos que comprar comida y hacer la colada, pero nos tienta mucho entrar al parque.
Hacemos las tareas a toda velocidad y tomamos el shuttle gratuito. Empieza a llover.
Decidimos bajar a la parada de la Weeping Rock, que es un recorrido muy cortito.
Entre truenos ensordecedores accedemos a esta gran cueva que no nos resguarda mucho del agua, porque como su nombre indica, gotea (el agua se filtra desde la superficie a través de la roca).
La tormenta nos impide hacer nada más. Regresamos al hotel y aquí finalizamos la jornada.