Gargantas Tolmin
Sobre las 8.30 dejamos Liubliana y nuestro apartamento (Tanja viene a despedirnos) y ponemos rumbo a las Gargantas Tolmin, son algo menos de dos horas de conducción (100 kms). Hoy es una ruta larga y Naturaleza a tope, así que nos llevamos hechos unos bocatas con fiambre y queso para aprovechar los mayores sitios posibles, aunque aun así nos quedamos un poco cortos, como veréis.
Llevamos unos veinte minutos conduciendo cuando, oh sorpresa, otra vez cortada la carretera 102 desde las 9 hasta las 17 horas, parece que había algún pequeño cartel un par de kilómetros antes que no vimos. Volvemos sobre nuestros pasos y, ahora sí, vemos que hay un cartel de desvío provisional hacia la localidad de Irija, cogemos una carretera más estrecha que la 102 y, afortunadamente, van señalizando con frecuencia el desvío provisional hasta llegar a Irija y retomar la 102 con 40 minutos de retraso, esto de las carreteras cortadas parece ya costumbre, en fin, no nos pasaría más, por suerte.
Entre unas cosas y otras llegamos a las Gargantas sobre las once de la mañana, aquí os pongo el enlace correspondiente:
www.soca-valley.com/ ...tion/#menu
Hay dos aparcamientos: el P-1, más cercano y de pago (3 euros) que a esas horas ya está lleno, así que dejamos el coche en el P-2 que es gratuito y está a unos 800 metros de la entrada, si bien eso no es problema porque hay un autobús shuttle que nos sube gratis y pasa cada 10 minutos. Los chicos, cómo no, se toman su cerveza en el bar que hay justo al lado de la taquilla. Compramos las entradas (8 euros cada una) y nos dan un folleto en inglés (aquí español nada). Por cierto, los aseos públicos sólo son gratuitos si has consumido en el bar y tienes que pasar el ticket por un torno, sino cuestan 1 euro por persona.
Las gargantas Tolmin son el punto de entrada más bajo y meridional del Parque Nacional de Triglav y participan de la extraordinaria belleza de la región. Conocidos comúnmente como los desfiladeros de Tolminka y Zadlaščica, estos lugares se encuentran entre los destinos más pintorescos de la zona de Tolmin. El sendero circular, de unos 3 km., que atraviesa estas gargantas salvajes es una maravilla. Un viaje a este paraíso escondido incluye la Cabeza del Oso, un puente natural creado por una roca caída que quedó atascada entre las paredes del desfiladero y un manantial termal que aparece en una pequeña cueva bajo el Puente del Diablo, de 60 metros de altura.

A mí me parecieron espectaculares, sobre todo la primera parte del recorrido, que está numerada en el folleto como 2 (Thermal Spring), 3 (vista desde abajo del Puente del Diablo, que al final de la ruta se cruza) y 4 (confluencia de los ríos Tolminska y Zadlascica) donde hay un puente para hacer fotos preciosas.

Ojo, hay que pasar el ticket de entrada por un torno al salir del puente. Esta parte del recorrido además es muy lineal, por lo que se hace muy fácil y es para hartarse de tirar fotos. Ya la Cabeza del Oso y la cueva (numeradas como 7 y 8 en el folleto) son otra cosa, hay una subida considerable, no difícil pero cansada para nosotros, aunque mi hermano y mí cuñada sí llegaron a la Cabeza del Oso. A las cuevas no nos desviamos, porque había que reservar visita con guía.
Tras la subida y cruzar el famoso Puente del Diablo, con un paisaje espectacular, véase foto:

Ya sobre las 12.30 paramos en el bar de la zona de tickets y nos tomamos una bien merecida cerveza, descansamos un rato y sobre las 13.30 horas pusimos rumbo a la Carretera de los Rusos para subir por el Valle del Soça, se nos había hecho tarde y ya no nos daba tiempo a parar en la cascada Kodjak, otra vez será.
Triglav y Soça
El bello río Soča (Isonzo en italiano, se pronuncia Socha en esloveno) nace en el Parque Nacional de Triglav, al noroeste de Eslovenia, con aguas de color esmeralda como pintadas, tiene un color precioso, la verdad, no es casualidad que Disney haya rodado aquí películas como Las Crónicas de Narnia. Su corriente pasa por cascadas, rápidos y estrechos barrancos y en su recorrido ha ido creando interesantes desfiladeros y pozas. El río Soča es el hábitat natural de un pez muy apreciado: la trucha de Soča, que atrae a pescadores de todo el mundo.
Lo imprescindible del Valle del Soča es el río en sí. Para visitarlo lo mejor es parar en cualquier parte de la carretera que va desde Bovec hasta Trenta, es un trayecto de varios kilómetros que va paralelo al río, ya dentro del Parque Nacional Triglav. Nosotros así lo hicimos, eso sí, carretera de montaña total, preparaos para curvas y más curvas.

A las 14.30 horas paramos a un lado de la carretera y en una sombra nos comimos unos bocatas que llevábamos preparados, un poquito de siesta y a las 15.30 retomamos la carretera para detenernos en Velika Korita (garganta grande del Soça). Bajamos caminando al río, precioso, formaba unas pozas donde la gente se bañaba y varios chicos se tiraban desde las rocas al río, daba miedo verlo porque era muy estrecho y me parecía que se iban a golpear, aunque lógicamente no pasaba nada, la verdad es que nos hartamos de hacer fotos.

Continuamos camino por miles de curvas y paramos en el mirador Supca (en el Google Maps viewpoint Supca), con una plataforma para contemplar el paisaje casi en 360 grados, unas vistas geniales de los Alpes Julianos, ya sabéis, el más alto el Triglav con 2800 metros.
Seguimos conduciendo y llegamos al Paso Vrsic, el más elevado de Eslovenia a 1612 metros, donde hay espacio para aparcar, un bar y una tienda de recuerdos. Por supuesto paramos a tomar una cerveza en la terraza con vistazas a los Alpes, pero nos llamó la atención que cerca del borde había unas hamacas donde te sentabas con la cerveza a contemplar el paisaje, así que mi cuñada y yo no nos lo pensamos y allí que nos fuimos las dos, espectacular la verdad.

Continuamos bajando por otras miles de curvas, estábamos cansados y ya no paramos a ver la Iglesia de los Rusos, fuimos directamente a Mojstrana, donde teníamos la casa, eso sí, admirando de paso desde la carretera el Lago Jasna, precioso también, pero como digo estábamos cansados y ya no dábamos mucho más. Llegamos a la casa sobre las 18.45 horas, muy chula, en una urbanización a un par de kilómetros del pueblo con vistas muy bonitas.
A las ocho salimos a cenar al pueblo de Mojstrana (teníamos un restaurante al lado de la casa pero cerraba a las 8), que, como otros del pueblo cerraba a las diez. Cenamos compartiendo goulasch y struklji, ración de patatas fritas y tres cafés, 57 euros. Agotados, nos fuimos a dormir.
Menos mal que al día siguiente tocaba el Lago Bled, bastante cerca y con un plan más tranquilo, que con el correr de los días se va acumulando el cansancio.